La Cataluña vacía (vaciada) en el Ebro

Dos comarcas del Ebro son líderes en pérdida de población. La Terra Alta es la segunda comarca catalana con más retroceso demográfico (un -9,62% entre 2012 y 2019). En cifras absolutas ha perdido 743 habitantes. La sigue la Ribera de Ebro, donde el descenso ha sido del -8,39%, con 827 habitantes menos. Si se siguiera este ritmo, en 12 años no quedaría nadie; es decir, cero habitantes.

La gente de estas comarcas ríe por debajo de la nariz cuando oyen decir que viven en la Cataluña vacía. Los hay que ponemos un añadido convirtiendo el adjetivo en el participio del verbo vaciar que -atención- conlleva acción: «Dejar vacío (un receptáculo) sacando lo que contiene, dejar vacío (un lugar) haciendo salir a los que están allí o saliéndose de allí».

Pero si en la vida no hay muchas casualidades, tampoco la hay en el hecho de que la gente emigre hacia otras zonas llamadas urbanas, las que se han vendido como de más prestigio, que pueden ofrecer un nivel de vida mejor, mejores servicios, más oportunidades de trabajo y de desarrollo.

El desprestigio del mundo rural ha sido intencionado, promovido, incentivado por intereses de todo tipo: era mejor concentrarse aunque fuera a costa de perder horas y horas en transporte para ir al trabajo; aunque se tuviera que vivir en zonas altamente contaminadas donde miles de personas mueren o enferman por la polución y donde es imposible disponer de servicios indispensables como agua y energía si no se llevan allí desde las desprestigiadas zonas rurales.

Los modos de producción exigían la concentración, la masificación de personas alrededor de centros de producción y de consumo, la proximidad a puertos y aeropuertos siempre buscando la maximización del beneficio de las inversiones. La economía al servicio de la economía; también se puede decir la economía al servicio de aquellos que han querido y quieren extraer lo máximo de las cadenas de valor de los procesos productivos. Pero, ¿la economía al servicio de las personas? Connais pas!.

Hay una segunda causa: los poderes públicos encargados de corregir desigualdades en el lenguaje de izquierdas o, si se quiere, en el idioma más neutro, de gobernar para todos, tampoco se han puesto manos a la obra. Se han desentendido de esta desigualdad siempre pendiente de corregir, siempre faltada de soportes y de movilizaciones. La gente sale a la calle, en ocasiones incluso empujada por el establishment, para protestar contra otras desigualdades: las del acceso al trabajo, a la vivienda, las de género, el acceso a la sanidad, a la educación. Desigualdades que ocupan las agendas de los gobernantes, incluso de organismos de la ONU. Pero, ¿y las desigualdades territoriales? También connais pas.

El Gobierno de Pedro Sánchez creó hace un año la Secretaría General para el Reto Demográfico, que comanda el aranés Paco Boya, y quizás aún es pronto para exigirle resultados. El nuevo presidente de la Generalitat, en su breve discurso al ser elegido dijo: «Desigualdades económicas, sociales, territoriales, lingüísticas, por nuestro origen, nuestro género, nuestras creencias, nuestra edad… por nuestra situación administrativa, por nuestro color de piel. Desigualdades por cómo queremos. Esto es lo que nos divide como pueblo. […] Pensando en todo el mundo. Pensando en todos los pueblos, villas, barrios y ciudades del país. Sin dejarnos a nadie. Sin olvidar a ningún territorio».

Susana Alonso

Quizás todavía es pronto, también, para comprobar estas voluntades, pero la desconfianza acumulada será difícil de vencer si no hay acciones concretas. Porque en las comarcas del Ebro hace años que se oyen discursos, pero en el momento de los presupuestos, que es donde se tienen que demostrar voluntades, estas comarcas también ocupan los peores puestos en euros per cápita.

Con la pandemia se ha teorizado sobre la necesidad de enfocar la vida de una forma diferente, de descongestionar las grandes aglomeraciones urbanas, de planificar poniendo la vida de las personas en el centro. Pero, de momento, las oportunidades de implantación de nuevas actividades económicas, las nuevas fábricas de vehículos eléctricos o de baterías o de generación de hidrógeno, por poner ejemplos recientes, replican el mismo modelo y se orientan hacia las comarcas más pobladas.

Y en el Ebro se vuelve a pensar que las oportunidades siempre son para unos territorios determinados de donde se marchan no sólo los hijos, sino también la energía o el agua sin las cuales no podrían vivir.

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