La vida como novela y como película

Susana Alonso

En una de las primeras y más exitosas películas del director francés Jean-Luc Godard, Pierrot le fou, la protagonista femenina, Marianne (Anna Karina), le decía a Pierrot (Jean-Paul Belmondo), mientras escapaban en coche hacia el sur: «Me entristece que la vida sea tan diferente de las novelas, que son claras, lógicas y ordenadas». Pierrot contestaba: «La vida y las novelas son más parecidas de lo que la gente piensa». A continuación, cada uno de los dos personajes manifestaba, casi como en una novela actual, su deseo de besar el cuerpo entero del otro.

Teniendo en cuenta que la película Pierrot le fou es de los años sesenta del siglo pasado, podemos aventurar que ni Marianne ni Pierrot habían leído demasiadas novelas actuales, muchas de las cuales justamente son oscuras, poco lógicas y desordenadas. Como muchas vidas. No es una casualidad que fuera también durante los años sesenta que se puso de moda el llamado teatro del absurdo (Ionesco, Beckett …), que Jean-Luc Godard seguramente debía conocer.

Que la vida se puede vivir como una novela, a ratos coherente, y a ratos más bien absurda, es un lugar común entre muchos literatos y también entre un montón de vividores. Sin embargo, siempre hay vidas más de novela que otras. Stefan Zweig tituló su monumental biografía sobre Balzac La novela de una vida, una biografía que también se puede leer como una novela del autor de El padre Goriot y de Las ilusiones perdidas.

Lo mismo se podría decir de autores como el republicano Pérez Galdós que, igual que un Balzac español, dedicó una parte considerable de su vida a escribir una comedia humana de la Restauración borbónica.

Creo haber leído en alguna parte que Lord Byron afirmaba que había que elegir entre la vida o la literatura y él, a pesar de su compromiso con la causa griega, a la que entregó su vida, eligió la segunda.

También Delibes hizo una elección similar: en el discurso que siguió a la concesión del premio Cervantes, dijo que toda vida es breve, pero que la vida de un escritor es más breve que la de las otras personas, ya que ha de vivir la vida de sus personajes, y eso no le permite vivir su propia vida plenamente.

Sin embargo, quizás Pierrot tenía razón: nuestras vidas no son tan diferentes de las novelas que, en cada época, encuentran sus lectores. En definitiva, es de su experiencia vital donde cada novelista saca, con más o menos fortuna, el jugo -la sustancia- para construir -o desconstruir- una novela -o una antinovela.

Explicaba Maria Aurèlia Capmany que, cuando su familia se enteró de sus aficiones literarias, alguna abuela o tía le dijo, y seguramente lo hizo con cierta preocupación, que ahora todos ellos saldrían retratados en sus novelas. Y es así: la vida de cada uno de nosotros -y de todos nuestros sueños más felices y de nuestras pesadillas más desgraciadas- puede llegar a dar argumento a una novela, de la que nosotros seríamos personajes principales o tal vez secundarios; pero siempre debe haber alguien -un alguien que podemos ser perfectamente nosotros mismos- que nos convierta en ficción, nos reinterprete, nos traduzca en palabras.

Dicen que actualmente muchas novelas se escriben pensando en una posible adaptación cinematográfica, que en el imaginario de las nuevas generaciones, el cine y sus plataformas -aunque se basan a menudo en guiones novelescos- están sustituyendo progresivamente no sólo las novelas claras, lógicas y ordenadas de las que hablaba Marianne en Pierrot le fou, sino también las novelas oscuras, absurdas y desordenadas que todos hemos leído (o nos han hecho leer) durante estos últimos años. Una sustitución que, según cómo, puede llegar a convertirse en inevitable.

Hace unas semanas, la cineasta Josée Dayan, en una entrevista publicada en el OBS, decía que prefería las películas que la vida: «Yo amo la ficción, detesto la cotidianidad; prefiero el sueño, la utopía; es en un plató donde me siento como en casa». De acuerdo con ello, debemos llegar a la conclusión (o no) de que la vida se puede vivir como una película, que (de momento) estará basada en un guión, y éste, tal vez, en una novela.

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