La hybris (desmesura, soberbia) de los políticos independentistas

Hybris es un concepto griego que se traduce como ‘desmesura’ del orgullo y la arrogancia. Era la transgresión de los límites impuestos por los dioses a los humanos. Para los griegos, la hybris era el mayor peligro que podía darse en la polis, la ciudad-estado. Actualmente, donde más se ha analizado este comportamiento ha sido en el mundo de la política, dándose cuando en el comportamiento de muchos líderes, la confianza y la seguridad en sí mismos tienden a transformarse en arrogancia y prepotencia.

David Owen, medico, neurólogo y político británico, en su libro “En el poder y la enfermedad” asegura que la trayectoria de la hybris en los dramas griegos tenía las siguientes etapas: “El héroe se gana la gloria y la aclamación al obtener un éxito inusitado contra todo pronóstico. La experiencia se le sube a la cabeza y empieza a tratar a los demás, simples mortales, con desprecio y desdén, y llega a tener tanta fe en sus propias facultades que empieza a creerse capaz de cualquier cosa”. El asunto es que dicho exceso de confianza en sí mismo lleva al líder político a interpretar equivocadamente la realidad que lo rodea y a cometer errores. “Al final se lleva su merecido y se encuentra con su némesis, que lo destruye”, remata Owen.

Esos políticos, están convencidos de que lo que piensan es correcto y lo que opinan los demás, no, hasta el punto de creer que todos los que le critican son sus enemigos y consideran que aceptar las opiniones de los demás es una flaqueza. Es decir, el poder enferma. A continuación pongo unos ejemplos de hybris en nuestros políticos independentistas y dejo que vosotros mismos juzguéis si estamos o no ante casos flagrantes de hybrys.

El pasado 12 de marzo, se constituía el nuevo Parlament salido de las elecciones del 14-F. Una de las preocupaciones de los partidos independentistas era la presencia de Vox en la cámara catalana. La noche anterior, los partidos independentistas acordaron colocar cinco representantes suyos en la Mesa del Parlamento dejando sólo dos al resto de formaciones políticas (el PSC). Con la mitad de los votos, se atribuían una representación del 70% en el órgano de gobierno de la cámara que debería representar a todos los catalanes. Quizás este hecho sea trivial si se compara con el ignominioso pleno del 6 y el 7 de septiembre de 2017 en que se contravino a todos los efectos la normativa del Estatut, la Constitución y el Tratado de la Unión.

Hace unos dos años, los partidos independentistas decidieron que Miquel Iceta no podía ser senador. Y hace unas semanas, con la ayuda de los comunes, han perpetrado una “alcaldada” parlamentaria al aplicar un sistema de elección (inédito en el Parlament), llamado Imperiali, al parecer utilizado en Italia entre 1956 y 1991, con el único objetivo de evitar que Vox tuviera el senador que le correspondía por los resultados electorales. Vox puede gustar más o menos (a mí personalmente nada) pero ha obtenido 217.883 sufragios de catalanes que libremente les han votado y 11 diputados: ¡más que la CUP y los comunes! Después de todo, ERC, JxCat y CUP ya habían vetado al PSC, que fue el partido más votado en esas elecciones. Para más inri, dejarme recordar que, en el Congreso de los Diputados, los partidos independentistas catalanes han coincidido más veces votando con Vox que con el PSOE y Podemos.

Es decir, el gran problema de Cataluña, según el independentismo y sus voceros, no es la parálisis del Govern desde hace meses, ni su inoperancia, ni que se vulneren repetidamente las leyes o que la mitad de los catalanes sean despreciados e ignorados por sus gobernantes. El gran problema, según los independentistas, son todos los ciudadanos y partidos que no profesan la fe independentista. Para mí, el gran problema de los independentistas es que no sienten que la mitad de Catalunya merece respeto democrático.

Sólo en Cataluña se puede vetar, impunemente, ,con naturalidad, arrogancia y desdén a la socialdemocracia, uno de los grandes pilares de la Europa de las libertades, la democracia y el Estado del Bienestar. Se construyó tras la II Guerra Mundial y ha sido el partido político que más bienestar ha generado para el conjunto de los europeos. En Cataluña se ha normalizado la permanente vulneración de la democracia. ¿Nos quedaremos de brazos cruzados?

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