El Barça había previsto cobrar ya 350 millones de la Superliga para poder renovar a Messi

Queda por ver cómo se concretan las represalias contra los protagonistas del 'motín' del fútbol europeo

Leo Messi
Leo Messi

La Superliga, finalmente, se ha dejado ver en su desnudez, como un plan de financiación para salvar la ruina de los clubes más poderosos porque, junto con los derechos de televisión, el pack ticketing, hospitality y merchandising, desaparecido con la covid-19, es la base de su supervivencia. El FC Barcelona, aunque no depende tanto de estas fuentes como el resto, se enfrenta a una masa salarial disparada e inalcanzable que también lo ha arruinado.

Llegados a un punto de extrema ofuscación y de codicia les pareció que el abismo de la Superliga era una tentación inevitable. Por esta única razón firmaron con un banco de inversiones, JP Morgan, un ingreso asegurado de 350 millones de euros, en el caso del Barcelona y Madrid, a recibir el día 1 de mayo del 2021. Salvaban la temporada y aquellos «pequeños» problemas domésticos pendientes como renovar a Leo Messi o fichar a Kylian Mbappé.

No había ningún otro argumento, ni más o menos problemas que los de siempre con UEFA y FIFA o con las ligas profesionales. Solo ambición, incapacidad, supremacismo y un engaño en el mundo del fútbol que la misma estructura, aunque vetusta y en manos de funcionarios tan perversos como los de la UEFA y la FIFA, ha destapado y destrozado en 48 horas.

Andrea Agnelli, Josep Maria Bartomeu y, ahora, Joan Laporta se tragaron el anzuelo de Florentino Pérez, el presidente-propietario que más tiempo lleva viviendo, aislado, en esta torre de marfil hinchado de poder por todas partes menos por la banda del fútbol por culpa de los mediocres personajes como Javier Tebas, Jaume Roures, Luis Rubiales o los pelmazos dirigentes de UEFA y FIFA.

La financiera de cabecera del presidente del Real Madrid, Key Capital, bajo el paraguas de JP Morgan, diseñó lo que quería ser la Superliga, una competición al margen de la ley del fútbol, solo por invitación, con 20 clubes elegidos a dedo. Era igual si Bayern de Múnich o PSG decían que no de entrada.

A los fundadores se les propuso un préstamo inicial de 3.500 millones a repartir entre todos con un extra de 60 millones para los cabecillas del motín, Barça y Madrid, que tenían que recibir 350 millones esta primavera. Un adelanto por anticipado de los más de 6.000 millones a devolver por la Superliga en 23 años de los beneficios de la competición. Una financiación de la crisis exógeno del cuerpo natural del fútbol.

Tenían que estar completamente ciegos de ambición y de soberbia para suponer que, además de montarse su fiesta elitista, podían continuar jugando sus pequeñas ligas nacionales, ignorando la Champions League y pisando la meritocracia del fútbol, el alma del deporte y su misma esencia. Un fracaso indisimulable llevado hasta el absurdo por un Florentino Pérez napoleónico y un Joan Laporta emulando a Sancho Panza que, acorralados y desesperados, tratan que su prensa leal clame por un nuevo orden mundial del fútbol y una revisión de la Champions.

No era esta su jugada, querían romper la baraja. Que no esperen ahora comprensión ni diálogo. Cuando se va a la guerra existe el riesgo de perder. Y han perdido.

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