Feminismos negros

Hoy en día, el movimiento feminista ha asumido que la desigualdad entre hombres y mujeres está determinada no sólo por el género, sino también por otros factores, como la clase o el origen étnico. La discriminación es diferente si eres una mujer blanca de clase alta o una mujer negra, indígena o pobre. No hace mucho, este punto de vista no era el predominante. El feminismo estaba dominado por pensadoras blancas, provenientes de las clases más privilegiadas, que no sólo no aceptaban esta perspectiva -la de la interseccionalidad-, sino que acusaban a las mujeres que la defendían de querer desplazar el foco de la lucha de género.

Es el punto de partida de las reflexiones de la escritora y activista afroamericana bell hooks (escrito así, en minúsculas) en dos obras traducidas recientemente al castellano que indagan en los principales planteamientos de los llamados feminismos negros. En ¿Acaso no soy yo una mujer? (Consonni) y Teoría feminista: de los Márgenes al centro (Traficantes de Sueños), bell hooks plantea que no todas las mujeres sufren la misma opresión. El género, la clase, la raza y la sexualidad son ejes de opresión articulados, y la opresión entre mujeres existe, dice.

Esta idea es el hilo conductor de la obra ¿Acaso no soy yo una mujer?, un ensayo clásico del feminismo escrito en 1981 pero que no había sido traducido hasta ahora y que se adentra en las diferentes formas de opresión de las mujeres afroamericanas y como la colisión entre el movimiento por los derechos civiles, dominado por hombres negros, y el de las sufragistas, dominado por mujeres blancas, dejó totalmente al margen a las mujeres negras.

En este libro, considerado uno de los más influyentes escritos por mujeres en los últimos veinte años, hooks hace un repaso de los roles de género a partir de la época de la esclavitud, y analiza cómo la lucha por la emancipación de los negros en EE.UU. perjudicó aún más la situación de las mujeres afroamericanas, que quedaron totalmente relegadas. Se adentra, además, en otros aspectos, como el papel de los medios de comunicación y el sistema educativo en la creación de un modelo estereotipado de la mujer negra que ha profundizado aún más en la discriminación, una cuestión sobre la que vuelve en Teoría feminista: de los márgenes al centro.

En este ensayo, bell hooks va más allá y plantea que a la teoría feminista le falta totalidad porque el movimiento feminista está afectado en sí mismo por un fuerte sesgo de clase y de raza. Y hace una propuesta encaminada a convertir el feminismo en un verdadero movimiento político de masas que interpele no sólo a las mujeres, sino también a la mayoría de los hombres.

«Para construir un movimiento feminista de masas, necesitamos tener una ideología liberadora que pueda ser compartida por todos. Esta ideología revolucionaria sólo puede crearse si se entienden, abordan e incorporan las experiencias de las personas que están en los márgenes», plantea, y propone poner en el centro cuestiones como la pobreza, el racismo o la explotación laboral.

En una línea similar se desarrolla El blues de la invisibilidad (Katakrak), un ensayo de 1990 de Michele Wallace que marcó un antes y un después en la historia del feminismo negro y la crítica cultural, y que ahora ve la luz en castellano. En 352 páginas, Wallace desgrana, a partir de su propia experiencia dentro del movimiento feminista pero también dentro de la lucha antirracista, las tensiones provocadas por las discriminaciones de diferentes tipos que afectan a las mujeres negras.

Susana Alonso

El libro es una recopilación de ensayos autobiográficos en que Wallace aborda temáticas diferentes en torno a estas cuestiones, hace un retrato profundo de la vida en el barrio neoyorquino de Harlem y las experiencias vividas con su madre, la artista y activista Faith Ringgold . De su mano se adentra en una prisión de mujeres y analiza aspectos culturales como las voces negras silenciadas en la política, y la influencia de Michael Jackson o la película El color púrpura en la percepción social que se tiene de la comunidad afroamericana.

Estos tres libros están marcados por la aspiración de sus autoras de buscar una visión alternativa del mundo, que ven como una cuestión intrínsecamente vinculada a la lucha feminista y antirracista.

Los impulsos revolucionarios deben invadir, nos dicen los feminismos negros, la teoría y la práctica si el feminismo quiere transformar de manera radical la realidad presente.

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