Divide et impera

Esquerra aplaude con las orejas el divorcio entre Junts y PDECat. Gracias a este, la formación republicana ha ‘ganado’ las elecciones. En realidad, las perdió por el efecto Illa, que, como el ave fénix, ha resurgido el PSC de las cenizas. Salvador Illa, que se reivindicó gracias a la covid, ha acortado la travesía del desierto socialista, liderada hasta ayer, con pericia bíblica, por Miquel Iceta. Pero, la de ERC era, especialmente, una batalla para liderar el independentismo. Los de Junqueras no habían digerido nunca que, siendo suya la idea, los posconvergentes lideraran el proyecto. Así, con la victoria por la mínima, se ha recuperado el honor perdido. Pero, desengañémonos, el éxito republicano nace en el desmerecimiento de su adversario.

Sea por la tozudez de los unos o la soberbia de los otros, el caso es que lo que hace poco fue Convergencia ha dividido, lo que ha propiciado la victoria de ERC. Divide et impera (divide y vencerás). Al final, no se ha partido por la mitad, como anhelaban algunos; a la nueva Convergencia simplemente se le ha erosionado la puntita. Poco, pero suficiente para ceder el primer lugar al socio y rival. Junts culpa al PDECat de la mala idea, y al revés. La verdad es que nadie supo calcular el peor de los escenarios. Carles Puigdemont, el ideólogo de la nueva Convergencia, se pensó que, tirando lastre, quitándose de encima la moderación, el globo subiría más arriba, y ha resultado que no. El PDECat soñó hasta el último instante con un voto oculto que les permitiera tener representación. Los desengañados de las piruetas de Puigdemont no han sido suficientes. Artur Mas, el tótem de lo que queda del pujolismo, no ha remado suficiente o no en la dirección adecuada.

Junts ha caído en su propia trampa. Los de Puigdemont han tratado de erosionar Esquerra con el mantra de la unidad. Sólo juntos venceremos. La obsesión de ERC de concurrir a las elecciones en solitario era vista o vendida por Junts como una deslealtad, que venía a demostrar la falta de oficio y sacrificio. Esta ha sido una arma arrojadiza, que se ha hecho boomerang. Con la ruptura con el PDECat, antes con el PNC de Marta Pascal, la sacrosanta unidad salta por los aires y los de Puigdemont pierden un argumento, y las elecciones. De hecho, ni siquiera el PDECat ha sido capaz de unirse con el PNC… El resultado de los despropósitos es bien conocido: Junts pierde el liderazgo independentista y PDECat y PNC no han logrado ningún diputado. En cualquier caso, nadie, de ninguno de los bandos, ha hecho autocrítica. Ahora les toca gestionar la pérdida de la presidencia de la Generalidad y convivir con un escenario incómodo, no hay que olvidar que el PDECat tiene una alta representación en el mundo local. Cosas de la política…

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