Los ‘arrumacos’ de Sílvia Orriols

Bluesky
Añade EL TRIANGLE como favorito en Google

La líder de Aliança Catalana, la xenófoba y cavernícola Sílvia Orriols, ha vuelto a convertir una anécdota parlamentaria en una ofensa personal, ya que en una sesión plenaria, el diputado de los Comunes David Cid afirmó que, mientras en el hemiciclo las extremas derechas se peleaban, en los pasillos todo eran «arrumacos».

Y ahí estalló la indignación de Orriols que dijo que si bien no conocía el significado de la palabra, después de buscarlo, lo consideró como un insulto.

Por eso, antes de nada, cabe preguntarse: ¿qué quiere decir exactamente «arrumacos»?

Susana Alonso

«Arrumacos» es una expresión coloquial que describe gestos de complicidad, simpatía o proximidad exagerada, a menudo fingida o interesada. No es un insulto, ni una descalificación personal. Es una manera de decir que, a pesar de las disputas públicas, hay buen rollo, hay sintonía, hay complicidad y compadreo. Se puede traducir en catalán como magarrufes.

Es decir que arrumacos supone hacerse el amigo cuando conviene, aunque en público se represente otra cosa.

Y eso es lo que Cid quería poner en evidencia.

El diputado de los Comunes no buscaba faltar al respeto. Su objetivo era señalar una contradicción y una evidencia política que todo el mundo ve pero pocos dicen en voz alta, ya que en el hemiciclo, Aliança Catalana y Vox se presentan como adversarios irreconciliables, pero fuera de foco, según Cid y muchos otros diputados y diputadas, la relación es mucho más cordial de lo que quieren hacer creer.

Cid no acusó a Orriols de nada que ella misma no reivindique, ya que ella se declara abiertamente de extrema derecha.

Eso no la ofende. No protesta. No exige rectificaciones.

Lo que realmente le molesta es que alguien señale la coincidencia ideológica y práctica entre su formación y Vox.

Porque eso sí que la desmonta.

Decirle a Orriols que es de extrema derecha no le molesta, todo lo contrario, ya que lo exhibe con orgullo.

Lo que la irrita es que se haga visible su coherencia interna con otras extremas derechas, aunque lleven banderas diferentes.

La palabra «arrumacos» apunta a la complicidad real entre dos formaciones que se quieren hacer pasar por antagónicas, la sintonía ideológica que comparten, la teatralización de sus disputas públicas y la falsedad del relato de que Aliança Catalana representa una derecha «diferente», «autóctona» o «puramente catalana».

En definitiva, «arrumacos» no es un insulto, sino una fotografía política que muestra lo que pasa cuando las cámaras no miran.

La polémica no es un malentendido lingüístico ni una exageración mediática. Lo que revela es una realidad incómoda para Aliança Catalana: la extrema derecha es una sola familia política, tanto si habla castellano como si habla catalán, tanto si se envuelve con la bandera española como si lo hace con la estelada.

Su proyecto es idéntico: rechazo a la inmigración, construcción de un discurso del odio, criminalización de minorías, una visión autoritaria de la política y la voluntad de dividir la sociedad entre «los nuestros» y «los otros».

No hay matices ideológicos, sólo diferencias estéticas. El decorado cambia; el fondo es el mismo.

Eso es precisamente lo que hace que la palabra «arrumacos» pese tanto. No habla de la ideología -que Orriols reivindica sin complejos-, sino de su coherencia política real.

Porque lo que David Cid puso sobre la mesa no es un insulto, sino una evidencia: que, más allá del teatro parlamentario, la extrema derecha se reconoce, se necesita y se retroalimenta.

La incomodidad de Orriols no proviene del término, sino del espejo.

Del hecho de que alguien señalara públicamente lo que ella quiere ocultar: que su proyecto no es una alternativa catalana, sino una copia local del mismo autoritarismo excluyente que promueve Vox.

Y eso es lo que la derecha extrema no tolera: que se la desenmascare.

Por ello, la reacción de Orriols demuestra que, a menudo, la verdad ofende más que cualquier insulto, ya que no le molesta que la califiquen de extrema derecha. Lo que le molesta es que se haga visible su proximidad con Vox, su coincidencia de fondo y su sintonía cuando no hay cámaras.

Y eso es exactamente lo que David Cid puso sobre la mesa: que, más allá del teatro parlamentario, la extrema derecha -sea estatal o catalana- comparte el mismo proyecto excluyente.

(Visited 44 times, 44 visits today)

HOY DESTACAMOS

Deja un comentario