Humanizar las farmacéuticas

Iba a escribir que se debe nacionalizar las farmacéuticas pero me ha parecido que no era exactamente lo que quería y quiero decir. Que no puede ser que las empresas farmacéuticas determinen cuántas vacunas y medicamentos se producen, a qué precio y a quién se venden. Los que venimos de la tradición de izquierdas contraponemos nacionalizar a privatizar. Pero si el término nación ya hace tiempo que se me queda pequeño, en el caso de la lucha contra la pandemia del Covid-19 todavía se me hace más evidente. No hay que nacionalizar las farmacéuticas, no deben pasar a manos de los gobernantes de una nación determinada sino que tienen que hacerlo a las de la Humanidad entera. Hay que humanizarlas en el doble sentido de que deben ponerse al servicio de la Humanidad y que no pueden funcionar en base a los intereses de sus accionistas y gestores.

El compañero Enric González reflexiona sobre esta cuestión en su columna dominical en El País y lamenta que los pobres no tengan derecho a la impaciencia. Nos recuerda que los países pobres están acostumbrados a ser los últimos de la lista en el reparto de los avances en la calidad de vida. Y ya se han hecho a la idea de que las vacunas les llegarán cuando ya hayan garantizado la inmunización en los países ricos.

Que la salud de los ciudadanos dependa de los intereses económicos de los particulares que gestionan o se reparten los beneficios de las empresas que fabrican medicamentos me ha parecido siempre un contrasentido. La actitud de algunas farmacéuticas, estos días, priorizando la venta de las vacunas a los países que las pagaban mejor dejando desabastecidos al resto no sólo es inmoral y motivo de cabreo sino que entiendo que es delictivo. El «delito contra la salud» está tipificado en muchos códigos penales. Y hay que aplicarlo a los comerciantes de la salud que son hoy por hoy las empresas farmacéuticas.

¡Se acabó la broma! Y que no nos vengan con la mentira de que necesitan ganar mucho dinero porque la investigación es cara. Los gobiernos y los organismos internacionales han volcado mucho dinero para que se acelerase la investigación para obtener vacunas contra la Covid-19. Los resultados están sobre la mesa y muchos médicos dicen que están sorprendidos de ver cómo se han obtenido vacunas en un tiempo que antes parecía imposible. Que ha sido un milagro. El milagro ha sido que el mundo rico necesitaba vacunar a sus ciudadanos y la paciencia no era una opción. Al Norte se le ha acabado la paciencia. Y el Sur tiene derecho a la impaciencia. ¡Farmacéuticas privadas, quitad vuestras sucias de nuestro mundo!

¡Humanicémoslas!

¡La salud no puede ser el privilegio de unos cuantos ni el negocio de nadie!

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