Covidi-19. ¿Para cuándo la ‘nueva normalidad’?

La noticia de que ya se dispone de las primeras vacunas para la Covid-19 y que a partir de enero se empezará a vacunar a la población ha devuelto un cierto optimismo a la sociedad. Ser el primero en encontrar la vacuna se ha convertido en un problema de Estado. Los gobiernos de China, Rusia, Estados Unidos y la UE han invertido millones en las empresas farmacéuticas para acelerar la investigación y la producción de las vacunas.

Es una emergencia sanitaria, pero además hay una gran urgencia de detener el virus por los estragos en la salud y en la economía que está produciendo. En el fondo también es una cuestión de orgullo nacional y de prestigio. Los gobiernos de China y de Rusia ya han anunciado que tienen la vacuna y que han comenzado a vacunar a la población. En los países occidentales varias empresas farmacéuticas, como las americanas Pfizer/BioNTech, Moderna y la inglesaAstraZeneca-Universidad de Oxford, han anunciado que «ya la tienen» y que inmediatamente se podrá disponer de ella.

Pero no todo es tan simple. No será un camino de rosas. La investigación de nuevos medicamentos normalmente dura más de diez años y cuesta una fortuna. Pero con la Covid-19 todo el mundo tiene mucha prisa de salir del callejón sin salida actual. Hay mucho en juego en la salud de las personas y en el sostenimiento del modelo productivo y social, pero las prisas son malas consejeras.

La decisión de si vacunarse o no está generando bastante debate debido a que aún hay muchas incertidumbres. A medida que se vaya comprobando la efectividad de las vacunas y que no tienen efectos secundarios, es de esperar que buena parte de la población se querrá vacunar.

¿Cuando llegaremos a la nueva normalidad? Dependerá de la cantidad de las vacunas disponibles y del tiempo necesario para vacunar un grosor importante de la población. Se calcula que en el año 2021 se producirán entre 2.000 y 3.000 millones de dosis. Para vacunar a cada persona se necesitan dos dosis, por lo que se podrán vacunar un máximo de 1.500 millones de personas, lo que representa un 20% de la población mundial. Será en 2022 cuando se podrán vacunar un número sensiblemente superior, y hasta el año 2023 no estará vacunada toda la población mundial que lo desee.

Uno de los problemas morales que se plantea, es cómo se distribuirán las vacunas producidas. Para garantizar la disponibilidad para sus ciudadanos, Estados Unidos y la Unión Europea han comprado millones de vacunas. En la UE las compras hechas globalmente se distribuirán entre los países miembros en función de su población. En China, India, Rusia y algunos otros países en producirán para cubrir sus propias necesidades. ¿Y quién se preocupa por los países pobres o poco desarrollados? ¿Bastará la bienintencionada OMS para garantizar que también tengan en 2021 para poder vacunar a las personas de alto riesgo?

Otro debate político y económico es saber si las vacunas que se administrarán serán gratuitas o se tendrán que pagar. ¿Y de quien serán las patentes? ¿Aprovecharán las farmacéuticas la Covid-19 para enriquecerse? La vacuna habrá sido posible gracias en buena parte a los trabajos de investigación realizados en centros públicos. También muchos gobiernos han financiado ampliamente a los laboratorios privados para acelerar la investigación.

Si se cumplen las estimaciones hechas en cuanto a la capacidad de producción, no será hasta el año 2023 cuando alrededor del 70% de la población mundial estará vacunada y se podrá entrar en la nueva normalidad. Y mientras tanto, ¿qué debemos hacer?

Todos debemos contribuir a reducir la pandemia y sus efectos. A los ciudadanos se nos pide sentido de la responsabilidad. Los gobiernos deben ayudar al sistema sanitario, para ofrecer apoyo a las empresas que sean viables y ayudas a quienes más lo necesiten. Pero todo tiene un límite; las ayudas de hoy se financian con más endeudamiento, que algún día se tendrá que pagar. No podemos dejar de agradecer la solidaridad europea por los 140.000 millones de euros que se recibirán para ayudas sociales y para transformar el modelo económico. Habrá que hacer un uso muy sensato del maná recibido de Europa.

Tenemos por delante tiempos muy duros, pero con el sentido de responsabilidad de todos tenemos la esperanza de que vamos a salir de ésta y podremos volver a vivir con una cierta normalidad.

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