«Hasta aquí hemos llegado»

El PP no es ni ha sido nunca un partido de centro moderno, homologable al centroderecha europeo. De hecho, ni siquiera ha sido nunca un partido de centro. Es y ha sido un partido de derechas, a secas. Y la irrupción de la ultraderechista Vox lo escoró aún más a la derecha, si cabe. Una radicalización que incomoda el centroderecha que malvive o sucumbe dentro del PP. Así, estos moderados populares (que haberlos, haylos…) aplaudían con las orejas el discurso de Pablo Casado en la quebrada moción de censura de Vox a Pedro Sánchez. El hombre, que en su día entró por el extremo derecho al PP, decidió morder la mano que le da de comer en Madrid, Andalucía y Murcia. Jugársela. "Hasta aquí hemos llegado", exclamó antes de anunciar el voto negativo a la propuesta de Santiago Abascal, dejándolo más solo que la una. En circunstancias normales, la ultraderecha nunca debería transitar acompañada, pero en España las circunstancias nunca han sido normales. La noticia es que Casado se ha desmarcado de Vox por primera vez. Algunos destapan cava o hacen repicar campanas. Lo encuentro prematuro. Al menos debería negarlo tres veces antes de que cante el gallo, y sólo llevamos una. ¿Hará verano la flor? ¡Ojalá! Pero lo dudo.

Ya sería hora de que la derecha española buscara referentes en el centroderecha europeo. Pero, como el dinosaurio de Monterroso, vive escorada en el pasado, en el discurso casposo, rancio y anticuado de José María Aznar. Alianza Popular -progenitora del actual PP- tragó en el tardofranquismo toda la paleta cromática de la derecha. Con el tiempo, la ultraderecha ha reivindicado una voz propia y se ha emancipado de los populares. Así, ahora Casado tiene la oportunidad de marcar distancias y modernizar la derecha española, centrándola de una vez por todas. Lo que decía que quería hacer Albert Rivera, pero que en realidad no hacía nunca, y así le fue. La verdad, me parece demasiado reto para tan poco político. Pero…

La derecha española hace tiempo que busca sin éxito su Merkel. Tendría su gracia que la modernización de la derecha viniera gracias a la torpeza de Abascal. Alguien que le quiera (alguien debe de haber…) debería decirle que ha hecho el ridículo. Gracias a él, Pedro Sánchez se refuerza como presidente del gobierno español y Pablo Casado se reivindica como estadista y se abren escenarios inimaginables hasta la estéril moción de censura planteada por el sombrío Abascal. Quizás se reconforta pensando que él es el único que va en el sentido correcto de la marcha y que son todos los demás los que han errado la dirección. En cualquier caso, insisto, estamos vendiendo la piel del oso antes de cazarlo, y hasta aquí podíamos llegar…

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