No necesitamos ni héroes ni mártires

Los héroes y los mártires van muy bien para las películas de ficción y para reinventar hechos históricos. Pero van muy mal para construir sociedades justas y solidarias. El progreso de la Humanidad no se puede hacer en base a heroicidades personales sino al trabajo y el empuje de las mayorías sociales. Gary Cooper quedaba muy bien en 'Solo ante el peligro' pero nos mostraba una sociedad miedosa en la quela mayoría estaba formada por cobardes. Muchos héroes nacionales fueron personas impresentables a las que se coloca en pedestales patrióticos tergiversando sus trayectorias y ocultando sus rasgos más oscuros.

No diré nombres. Todo el mundo conoce los suyos. Solo quiero recordar que en las guerras los héroes de un bando son vistos como déspotas, traidores o asesinos desde el otro. Y cuando se producen cambios de gobierno o soplan aires distintos, muchos héroes y mártires elogiados durante largas temporadas son abatidos, retiradas sus estatuas o, incluso, derribadas.

No quiere decir esto que no haya personas concretas que hayan hecho aportaciones que tenemos que agradecer el resto de los humanos. Tampoco diré nombres. Cada cual tiene sus propios ídolos y personas a quien admira.

Los sanitarios y trabajadores de los servicios sociales y básicos que han puesto en peligro su salud estos últimos meses en el combate contra la pandemia de la covid-19 no tienen ninguna vocación de héroes y mártires. Tienen que poder hacer su trabajo con todas las garantías de que no se contagiarán de la enfermedad porque no disponen de los equipos que los protejan adecuadamente o porque los ciudadanos a quienes sirven no respetan las medidas de seguridad necesarias.

No necesitamos una sociedad de héroes y mártires sino una en la que se imponga la cordura y que el objetivo del poder político sea la defensa de los derechos y la salud de todos los ciudadanos, los más vulnerables en primer lugar.

Ahora que se acerca el inicio del curso académico hay que tomar las decisiones políticas adecuadas para no convertir a los maestros y profesores en unos nuevos héroes y mártires a la fuerza. Nunca como ahora ha sido tan evidente que el futuro de la Humanidad pasa por tomar decisiones y medidas que pongan por delante de todo los derechos fundamentales de las personas. Nunca ha estado tan claro que todos vamos en el mismo barco. Y que para navegar plácidamente y llegar a buen puerto no podemos confiar en una economía de mercado basada en la competencia y la ley del más fuerte.

Dejemos los héroes y los mártires para Marvel, toquemos de pies en el suelo y trabajemos por un mundo de personas normales que ayudan y se preocupan las unas por las otras, fraternalmente.

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