Bailando con lobos

En todas las familias hay películas fetiche, de aquellas que se miran una vez al año con todo el mundo sentado en el sofá murmurando los diálogos. En mi casa este honor lo tiene Dances with wolves (Bailando con lobos) de Kevin Costner (1990). Este magnífico western empieza con el teniente nordista John J. Dunbar estirado en una precaria litera de hospital de campaña gravemente herido en una de las batallas de la guerra de secesión norteamericana. Le tienen que amputar la pierna. El héroe que no quiere vivir siempre cojo decide sacrificarlo todo, monta en un caballo y carga contra el enemigo a pecho descubierto.

A diferencia de Dunbar, la política catalana parece que ha decidido amputarse una pierna, la pierna derecha, para ser más concretos. La evolución instrumental del espacio político de centroderecha, el espacio postconvergente, camina inexorablemente hacia la medida más drástica: la amputación. El desenlace de CDC hacía necesario un tratamiento agresivo para intentar disponer de un partido que sostuviera y defendiera las políticas de centro o centroderecha en el país. Porque, sí, CDC era un partido de centroderecha. Centroderecha amplio, centroderecha catch-all, centroderecha a la catalana (por lo tanto escorado a la izquierda en términos europeos); pero centroderecha al fin y al cabo. La oposición a los gobiernos de Pujol y Mas estaba a su izquierda, y CDC participaba de la familia europea liberal.

Hay que recordar que se puede ser de centro y defender unos buenos servicios sociales (no necesariamente de titularidad pública) y un sistema que garantice oportunidades para todo el mundo pero que haga hincapié en la defensa de la economía de mercado, la propiedad privada y una administración que no cargue sus costes y su impotencia sobre el bolsillo y la libertad de los ciudadanos.

El PDECat se fundó con el objetivo de ser la operación que salvara la pierna derecha de la política catalana, pero el proceso no ha acabado de permitir que hiciera su efecto sanador. Las dinámicas del proceso han empequeñecido un espacio político que gobernó el país en dos periodos diferentes, y el nuevo partido alrededor del presidente Puigdemont y los presos y exiliados ha renunciado a seguir el legado convergente de
centroderecha.

Que el nuevo partido de Puigdemont es de izquierdas más allá de su posición relativa en el procés (se ve que ahora hay que acelerarlo) lo indica la primera frase de su manifiesto fundacional, que dice que "la libertad individual es indiscernible de la libertad colectiva". Libertades individuales y colectivas dialogan, pero es falso que sean indiscernibles. El individuo es siempre la unidad más vulnerable, ante el Estado, ante los poderes y también ante lo colectivo. Los colectivos actúan por consensos morales: preguntad a los homosexuales rusos qué piensan de la libertad de los colectivos para actuar libremente. De hecho, la creciente homofobia en Rusia nace de una campaña de preservación de los valores colectivos rusos contra el occidentalización de su patria. Los derechos colectivos pueden perfectamente chocar con los derechos individuales. Entre individuo y colectivo hay una tensión inherente que hay que resolver.

Creando una nueva fuerza política independentista de izquierdas, el puigdemontismo solapa los dos ejes tradicionales de la política catalana, el nacional y el social. Sin una manifestación independentista de centro o centroderecha no es sólo que el movimiento pierda fuerza por falta de diversidad; es que el país pierde una pierna. Pierde a alguien capaz de introducir en el debate público posicionamientos ideológicos alternativos a aquellos que encuentran en la administración, la regulación y los impuestos la solución a todos los males. No es tanto que el país necesite una fuerza liberal (con el matiz que se quiera: demócrata, social, conservadora, etc.) para que se hagan políticas liberales; es que sin liberalismo en el Parlament, las políticas intervencionistas seguirán sin nadie que las matice, levante las alertas y las cuestione, empobreciendo el debate.

Aquellos que durante años militaron y participaron de la fuerza política central del país pueden optar ahora por amputar la pierna derecha a la política catalana y que todo se apoye sobre la izquierda. La vía del teniente Dunbar requiere valentía. Tras su ataque se encuentra solo, con un caballo en medio de la llanura del oeste americano y le costará volver a ser feliz; pero lo será y bien plantado sobre las dos piernas.

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