¡Qué caro que es morirse!

Qué complicado que es morirse en el primer mundo, y qué caro!". Es la última frase del libro que publicó Rosa Maria Sardà en noviembre del año pasado, "Un incidente sin importancia". Ante esta expresión la primera reacción es sonreír y la segunda preguntarse qué estaría pensando Sardà cuando la escribió. ¿Caro económicamente, físicamente, anímicamente?

La muerte está mucho más presente en nuestras vidas en las últimas semanas. A las muertes que está causando la pandemia de la Covid-19 hay que añadir las de personajes populares como la propia Sardà o Pau Donés. Y, además, cada cual arrastra las más personales. En mi caso, la de Jordi García-Soler.

La muerte y el miedo a enfermar, sufrir y morir nos acompañan en todo momento. Ahora más que nunca. Leemos y vemos historias de personas que se han pasado incluso meses en las unidades de vigilancia intensiva de los hospitales y han sobrevivido con unos cuerpos totalmente destroxados. Si buscamos bien entre las noticias que hay en las redes sociales detectamos que la Covid-19 está haciendo mucho daño no sólo en países del Primer Mundo sino también en otros de empobrecidos. Países de los que sabemos muy poco de los efectos de la pandemia y dónde sospechamos que los datos relativamente optimistas que nos llegan no son fiables.

Jordi Raich se pregunta, en una entrevista con La Marea que lo presenta acertadamente como 'cooperante integral', con una vida dedicada a la ayuda humanitaria, que "si nosotros nos hemos convertido en vulnerables, ¿en que se han convertido las personas que ya eran vulnerables y que vivían en países sin servicios de salud, sin cobertura social, en estados frágiles que no pueden proporcionar ninguna ayuda y donde se vive de la economía informal?". Considera que "hemos pasado de un mundo dividido entre ricos y vulnerables a otro, dividido entre vulnerables y súper vulnerables". Y cuando le piden que se moje sobre si saldremos más solidarios o más egoístas de este episodio responde que es más bien pesimista. "Quizás la solidaridad será mayor, pero será interna, en mi pueblo, en mi provincia, a mi comunidad autónoma y en mi país, pero la frontera nacional frenará esa solidaridad".

Lo dice desde México, donde coordina los trabajos del Comité Internacional de la Cruz Roja atendiendo a presos. Antes había estado en Somalia donde, según explica, "no hay ni una cama de cuidados intensivos, pero además sólo hay dos cirujanos en todo el país. Para muchos de estos países, la única opción es considerar la Covid-19 como una enfermedad más. Morirán los que tengan que morir y se añadirán a quienes ya mueren por otras enfermedades".

Morirse en el Tercer Mundo es más sencillo. Y barato.

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