El #MeToo llega a la ópera

Por repulsivos que resulten los hechos descritos, que resultan, vaya por delante la presunción de inocencia -demasiado a menudo olvidamos que la presunción es de inocencia y no de culpabilidad, o así lo establece en España el sistema judicial. A menudo hacemos buena la frase de aquel 'spaghetti western', que decía: "Antes lo colgaremos, después lo juzgaremos". Las tentaciones están, pero intentaremos vencerlas.

Nueve mujeres acusan al divo de la ópera española e internacional, Plácido Domingo, de acoso sexual. Los testigos han sido publicados por la agencia Associated Press, que sólo identifica por su nombre a una de las víctimas, la mezzosoprano Patricia Wulf. Según la agencia estadounidense, Domingo presionó a las supuestas víctimas, mujeres jóvenes en los inicios de su carrera, para que mantuvieran relaciones sexuales con él a cambio de trabajos y llegó a castigar profesionalmente a quien se negaba. Los hechos se remontan a principios de los años ochenta y se extienden durante tres décadas.

Lo más repugnante del caso ha sido el comunicado de respuesta que ha hecho público el cantante, en el que implícitamente reconoce que algo hizo … "Es doloroso sentir que he podido molestar a alguien", responde el tenor, aunque califica las acusaciones de "inexactas". La 'perla' de la defensa viene cuando dice: "Las reglas y valores por los que hoy nos medimos, y tenemos que medirnos, son muy diferentes de cómo eran en el pasado". ¿Qué quiere decir con esto, que antes acosar era mejor visto que ahora? El redactado autoinculpador merece la más alta repulsa.

A pesar de las encendidas defensas que el cantante ha tenido, como la de la soprano Ainhoa ​​Arteta o la de la cantante Paloma San Basilio, el goteo de cancelaciones de conciertos de Domingo, en Filadelfia y San Francisco, los primeros, corroboran que algo ha cambiado de cuando "las reglas y valores" eran diferentes. El divo de la ópera, por muy divo que haya sido o siga siendo, no está exento de dar explicaciones sobre lo que hizo y, en caso necesario, pagar sus consecuencias.

El conflicto no ha tardado demasiado en bajar a la arena política. Muy pronto, políticas de Vox, fieles a su marco mental, han salido en defensa del tenor. Tampoco ha evitado la tentación la marquesa del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, que ha defendido Domingo con capa y espada, calificando las denuncias de las nueve mujeres como un "histérico linchamiento". Ahora, la ultraderecha oficial y oficiosa abandera el negacionismo del acoso sexual en contraposición al #MeToo, un movimiento que ha ayudado y ayuda a hacer visible el acoso sexual, también en las más altas esferas.

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