Europa 2019. Virgencita, virgencita

Entre los días 23 y 26 de mayo los países miembros de la Unión Europea elegirán un nuevo Parlamento. Vista la dinámica de las elecciones que han tenido lugar en estos países en los últimos tiempos es previsible que los que apuestan por construir una Europa federal y progresista se lleven un gran batacazo. De hecho, seguro que firmarían ahora mismo que el Parlamento europeo quede como está ahora, como mal menor ante su previsible derechización y aumento de la presencia de grupos y partidos de extrema derecha y xenófobos. En los últimos cinco años, en el Parlamento europeo ha habido una mayoría de centro-derecha y muchos socialistas y socialdemócratas se darían con un canto en los dientes porque se haga realidad el dicho castellano de "virgencita, virgencita, que me quede como estoy".

Las perspectivas electorales del grupo parlamentario actual de 'Socialistas y demócratas' son muy malas. Ahora tiene 189 de los 750 eurodiputados de la Cámara, treinta menos que el Partido Popular Europeo, al que pertenece el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Los otros grupos que podríamos considerar progresistas –Los Verdes y la Izquierda Unitaria Europea– suman un centenar más de parlamentarios. Los partidos ultraderechistas cuentan también con cerca de un centenar de representantes y la dinámica de las últimas elecciones nacionales hace prever que incrementen bastante su presencia en la Eurocámara.

¿No hay nada a hacer, pues? ¿Los partidos que protagonizaron la construcción del estado del bienestar en Europa tienen que lanzar la toalla antes de tiempo? Candidato a presidir la Comisión tienen. Se llama Frans Timmermans, es laborista holandés y ha sido el número dos de Juncker en el mandato que se está agotando. En el acto en que fue elegido candidato socialdemócrata, el pasado 8 de diciembre en Lisboa, reconoció que pintan bastos. Pero puso buena cara al mal tiempo. "¿Es que alguna vez lo hemos tenido fácil?", dijo y propuso que "miremos al futuro para no repetir los errores del pasado".

Los errores de los socialdemócratas no son cosa del pasado. O son demasiado recientes para que los ciudadanos los olviden. Sólo hay que repasar la gestión de Jeroen Dijsselbloem, colega de partido de Timmermans, al frente del Eurogrupo, buque insignia de la aplicación de la austeridad absurda a los países que se han ido alejando de la socialdemocràcia. Mirar al futuro siempre es bueno, pero el futuro inmediato de la izquierda tradicional europea pinta muy negro. Y el futuro de Europa poco más o menos.

Virgencita, virgencita…

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