Los buitres hablan ruso

Inversores rusos de dudosa procedencia se hacen con bolsas de pisos que desaparecen de los registros de la propiedad
Toporkov compra pisos de subastas para hacerlos desaparecer en un ent
Toporkov compra pisos de subastas para hacerlos desaparecer en un entramado de empresas fantasma

Crear una sociedad limitada, con un capital de 3000 euros, comprar un piso proveniente de una ejecución hipotecaria en las subastas bancarias de los juzgados, incluir el piso dentro de la sociedad y revenderla a un tercero. Un modus operandi tan simple como opaco, con una retahíla de operaciones que no dejan ningún rastro. Es la manera que tiene el empresario de origen ruso Konstantin Toporkov, nacionalizado español, para hacerse con un patrimonio. Este empresario está en el punto de mira de muchas asociaciones del derecho a la vivienda porque inefablemente reaparece cada cierto tiempo que hay un desahucio en la ciudad.

Fuentes que no ha querido ser identificadas por el riesgo que supone estar en contacto con él, y para no entorpecer las investigaciones que se están desarrollando, explican en exclusiva a EL TRIANGLE la forma de operar de este empresario fantasma. “No es que lo guste mucho Barcelona por su clima, sino por la laxitud tanto en la administración como en la justicia. Es una persona muy difícil de rastrear, que empezó sus andanzas en la costa, por Lloret, cuando el estallido de la mafia rusa”, indiquen.

Es en Lloret de Mar donde empieza a poner en pie la primera de las múltiples empresas, que sirve como modelo para todo el resto: “No declara impuestos, ni deposita las cuentas al registro. Son empresas totalmente opacas que se acaban cerrando en el registro mercantil por una supuesta inactividad. A partir de aquí la empresa se vuelve opaca, y si hay una investigación está en el limbo. Toporkov tiene unas cuarenta empresas que funcionan de este modo, de las cuales no se sabe nada”.

Un rápido repaso por el registre da fe de la cantidad de empresas en las que Toporkov figura como propietario o administrador. Empresas cerradas, en liquidación o simplemente sin actividad pero que esconden una frenética vida inmobiliaria detrás. La misma fuente asegura que Toporkov “no compra los pisos a un particular, sino que pulula por los juzgados busca de la oportunidad. Sale la licitación, se la adjudican, hace un ingreso en cuenta, compra el piso en una subasta y después le dan los papeles para cambiar el titular del piso. Y ya está”.

Una vez tiene el piso, lo transfiere a la sociedad limitada como propiedad y se puede alquilar a particular o usarlo como piso turístico sin que no haya ningún rastro: “No pagan ni luz, ni agua, ni gas por qué todo se pone a nombre de una SL y esto es opaco por qué nadie puede seguir la pista. Cuesta demasiado tiempo y dinero”. Toporkov, según esta fuente, es un testaferro, un hombre de paja que se está haciendo de oro a expensas de los pisos subastados, pero “no es la cabeza visible". "En el chiringuito donde está no hay ni contables ni un grande bufete de abogados, usa gente contratada por proyectos a los que no se puede seguir mucho la pista. Sus sociedades son por y para los rusos que operan desde Tarragona en la Costa del Sol”, explica a EL TRIANGLE. Al vender las acciones de las sociedades limitadas, que incluyen los pisos, no paga la plusvalía de los pisos, ni tampoco otros impuestos relacionados con la vivienda. Una de estas empresas es Kontur Group Company 3000 SL.

La ambición inmobiliaria de Toporkov le hizo comprar un piso de ejecución hipotecaria, a través de esta empresa, con los propietarios todavía viviendo dentro, a pesar de que la ley del desahucio express no lo amparó en este caso. Lourdes Garcia, activista del derecho de la vivienda, vivía en este piso con su pareja y sus tres hijos. Una ejecución hipotecaria debido a la crisis de 2015 hizo que, después de más de 18 años viviendo y pagando religiosamente la cuota de la hipoteca, los desahuciaran para no poder hacer frente a los últimos 24000 euros. A pesar de tener un plan de pensiones amarrado en el banco, la entidad bancaria hizo caso omiso a la petición de liberarlo para poder pagar las cuotas, y finalmente Catalunya Banc sacó a subasta la propiedad por 91000 euros. La compró Kontur Grouop Company.

“Cuando empiezan a salir las irregularidades en el juicio de la ejecución hipotecaria es cuando aparece la extraña figura de Toporkov, que pasa de ser propietario a administrador de Kontur”, aseguran las fuentes, que añaden que “no hay cuentas anuales y aparece como administrador solidario" y que en el juzgado "queda reflejado que una ciudadana rusa ha comprado la mayoría de acciones de la sociedad limitada”. “El desahucio exprés se detiene cuando los mossos de las comisarías del Guinardó y el Bon Pastor ponen en común una casualidad. Los dos tienen un papel, escrito en castellano, en el que por un lado dice que es el propietario del piso y que quiere un desahucio, y por la otra que no es el propietario, que sólo es el administrador de la sociedad. Y es cuando los mozos empiezan a sospechar”, relatan.

¿Y qué pasa con los más de 50 pisos de Toporkov? Un vistazo en el portal inmobiliario Idealista da una idea de por dónde van los tiros: alquileres astronómicos por pisos amueblados, una tapadera ideal para convertirlos en pisos turísticos, o simplemente, blanquear dinero. Pisos que aparecen y desaparecen a la misma velocidad que el propietario de las sociedades, que “en un mes pueden estar o no estar cuatro veces". "Los vecinos saben que no es un alquiler normal, por qué cada dos por tres ven venir gente, siempre del este, con maletas”, explica una fuente. Un negocio redondo al que es casi imposible seguir la pista. Dicen que los buitres son mudos, pero algunos, en Barcelona, hablan ruso.

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