«Los movimientos antieuropeistes derivan hacia el autoritarismo»

Entrevista a Araceli Viñas
Araceli Viñes
Araceli Viñes

Profesora de música e historia del arte en la enseñanza pública. Se licenció en historia del arte por la Universitat de Barcelona. Milita en Podemos, Cataluña en común y Barcelona enComú. También forma parte de Comunes Federalistas.

Tras la II Guerra Mundial, la socialdemocracia ha tenido un papel muy relevante en el escenario político ¿Dónde se encuentra ahora?

Desde el momento en que cae el muro de Berlín y el capitalismo no tiene que disimular porque no hay nada enfrente, se empieza romper el Estado de bienestar, y la socialdemocracia, que ha sido en buena medida su gestor, entra en crisis. No está preparada para reubicarse en un contexto social que se anuncia más descarnado y agresivo.

¿Y la otra izquierda, la de perfil comunista?

Esta izquierda quedó peor, como consecuencia del hundimiento de la URSS y de toda la arquitectura política, erigida en su entorno. Aunque también es verdad que los principales partidos comunistas europeos venían experimentando un cambio, que dejaba atrás el modelo leninista para plantearse las luchas en el terreno de la democracia y el juego parlamentario. Es lo que se dio en llamar Eurocomunismo, que inició el Partido Comunista Italiano (PCI). Aquí, en España, pasó lo mismo, con Santiago Carrillo. El comunismo de combate fue dando paso a una lectura más suave. Pero no llegó a adaptarse suficientemente y acabó cayendo en la irrelevancia, con algunas excepciones, como la de Portugal, donde aún hay un Partido Comunista con peso político.

¿Y la tercera izquierda, la post-izquierda digamos, que es y que representa?

Viví el 15 M más bien desde fuera. Iba a ver a los jóvenes que estaban en la Plaza Cataluña, pero me lo miraba de lejos. Cuando aparecieron Podemos y Barcelona en Común pensé que ahí había unas nuevas maneras, que podían cuajar en algo significativo. Veía que la confluencia que planteaban podía ser una ventana de oportunidad, porque significaba la unión entre la izquierda más tradicional con ideas y modos de hacer renovados. Lo que pasa es que esto no se ha sabido llevar adecuadamente y las expectativas iniciales han ido decayendo.

¿Cuáles son, a su juicio, las razones que más han influido en este estado de cosas?

Creo que tanto Podemos como Barcelona en Común, y ahora este nuevo artefacto que es Cataluña en Común (algo aún por construir), han querido distanciarse demasiado de la izquierda clásica y, a la vez, aglutinar a mucha gente de distintas ideologías. Han querido ser tan transversales que se les ha ido un poco la mano. La ausencia de un posicionamiento político consolidado, sólido, ha producido demasiados vaivenes y al final, parece lo de Groucho Marx: “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros…”.

¿El ansia de despegue rápido no puede tener algo que ver con el síndrome de asilamiento, de vida en el gueto, que padecía la izquierda marxista?

Si claro. Ya dijo algo de esto Errejón: “Hemos echado a correr cuando aún no nos hemos ni atado los cordones de las zapatillas”. Partidos que eran casi embriones se convirtieron de la noche a la mañana en máquinas electorales, con objetivos a corto plazo. Y eso se acaba pagando. Se ha priorizado la idea de partido atrápalo-todo sobre los fundamentos, la base, el que queremos de verdad. “El, “nos olvidamos de las clases sociales,” “vamos a por todas”, etc., junto a unos liderazgos aparentemente muy fuertes, tiene consecuencias.

¿La transversalidad, entendida como lo han hecho los Comunes (existencia en un mismo espacio de nacionalistas y no nacionalistas) está relacionado con esta deriva, en Cataluña?

Esta ambigüedad, que también existe en Podemos, en la medida en que no ha sabido dar una respuesta, es muy dañina. Porque no se puede juntar el agua con el aceite. Cuando se creó BCN en Común la gente no se conocía mucho. Cada partido que formaba parte de la coalición propuso unos nombres y se aceptaron en aras del consenso. Por ejemplo, Asens parecía que venía de Podemos, pero Podemos acababa también de nacer ¿Quién conocía a Asens, más allá de sus actuaciones como abogado? Te fías, lo avalas por defecto, después se le ves actuar y ¡Madre de Dios!

¿Esta pulsión aglutinadora se deriva, más bien, de un oportunismo político, del desconocimiento o, simplemente, es consecuencia del síndrome de Estocolmo, respecto al discurso dominante del nacionalismo?

Seguramente, hay algo de todo esto. Se han usado conceptos, como “transversalidad” o “radicalidad democrática”, carentes de sentido, sin significado. Cosa que, en alguna medida, es consecuencia de construcciones teóricas, más que de realidades. En los segundos niveles de los Comunes, que cortan bastante el bacalao, hay bastante politología. Y en Podemos más, porque en realidad es un partido que se ha creado desde la teoría, como un experimento de laboratorio, en el que cuando se ve que algo no funciona se prueba con otra cosa. Mientras, las bases, los votantes, la gente acaban desconcertados.

¿Qué decir de estas realidades, en perspectiva europea?

El pacto en Italia del movimiento 5 estrellas, muy populista, pero con algún toque de izquierdas, con un partido de extrema derecha, como la Liga, es muy preocupante ¿Qué tienen en común? El anti-europeísmo, la euro-fobia, que no solo es xenófoba sino, sobre todo, nacionalista. Ya sabemos que la UE no es una maravilla, pero tal como está el mundo, si Europa se desmembra, no tiene nada que hacer. Eso es lo quiere Donald Trump: debilitar Europa. Todos estos movimientos anti-europeistas, incluidos el Brexit y los gobiernos de Hungría, Polonia, Austria…, están derivando hacia un autoritarismo peligroso. El problema no reside tanto en el racismo y la xenofobia contra los emigrantes, como así aparenta. Esto es solo el pretexto para obtener votos.

Decía Claudio Zulian, en estas mismas páginas, que el hilo conductor de los neo-nacionalismos excluyentes es el “Nos roban” ¿Lo compartes?

Venimos de una crisis mundial, mucha gente vive insegura, en la precariedad y esto es lo que hace ver en el otro un peligro. En el voto a Trump está el de gente que no le queda nada, desesperada. Es cierto que en este caldo de cultivo el “Nos roban” constituye el gran pretexto para intentar llevar a cabo otras muchas cosas innombrables. Si se comparte la idea de que nos están robando, es muy fácil entregarse al nacionalismo, al proteccionismo (y, en consecuencia, a la xenofobia, el racismo…) para evitar que “los otros” sigan haciéndolo.

¿Es esto un sarampión, una gripe o, más bien un cáncer?

Soy pesimista. Porque el capitalismo tan salvaje que se ha instalado nos ha hecho perder derechos laborales, está recortando el Estado de bienestar y, si se le deja, acabará con él. En esta situación es natural que la gente viva como si se le moviera el suelo. Pero hay que pensar que hasta muchos cánceres tienen ahora remedio.

¿Y de la escabechina en el Estado de bienestar, cual es para Ud. lo más sangrante?

Una de las mejores cosas que ha hecho el neoliberalismo en su propio beneficio es empeorar la Enseñanza. Cuando se lanzó el mensaje de que los profesores teníamos que tener como objetivo que los alumnos adquirieran las competencias básicas, en realidad estaban hablando de competencias laborales. Se está fabricando gente sin criterio, sin cultura. No solo por los recortes en Educación, sino por el enfoque, por la propia filosofía de la Enseñanza. Las Humanidades ya no son importantes. El objetivo es disponer gente sin capacidad de discernimiento, a las que es más fácil engañar.

¿Cree que la crisis económica fue decisiva en el desencadenamiento del “Procés”?

Quizá hubo algo de esto, junto a otras cuestiones, como el intento de tapar la corrupción. Esta lucha entre España y Cataluña en buena parte ha venido de Rajoy y de los convergentes para tapar sus vergüenzas.

¿La situación en Cataluña tiene similitudes con lo que está sucediendo en Europa?

Cada vez más, sobre todo en la post-Convergencia, se están promoviendo liderazgos de gentes que, además de pésimos gobernantes, tienen perfiles similares a algunas de las figuras más relevantes del neo-nacionalismo europeo. Torra es un supremacista y Artadi una neoliberal sin tapujos. Si a todo esto se le añade un nacionalismo, cada vez más identitario ¿Qué sale? Con la particularidad de que aquí, en Cataluña, el supremacismo no se ejerce contra los nuevos inmigrantes, sino contra la mitad de la población, que no comparte el ideario nacionalista.

¿Si la tendencia al deterioro social tiende a profundizarse, a escala global, no podrían producirse estallidos sociales incontrolables?

De momento, no parece haberlos, y hasta resulta sorprendente que tal cosa no ocurra, a la luz del deterioro social. Quizá el surgimiento de partidos autoritarios es una manera de controlar a masas que se están desintegrando y pueden explotar ¿Para el capitalismo salvaje es ahora la democracia algo conveniente? ¿O son mejor falsas democracias autoritarias? Por eso, la democracia, lo mismo que Europa, es algo que hay que preservar, a pesar de todo. Aun siendo pesimista, si me gustaría pensar que Gramsci tenía razón cuando dijo que entre lo viejo y lo nuevo hay un período de claroscuros donde se producen monstruos.

 

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