El legado de Mimmo Lucano

Quienes trabajamos desde hace muchos años en inmigración, en ocasiones pareciera que nos nutrimos de las desgracias. Años y años predicando en el desierto, divulgando de forma silenciosa y silenciada, y de repente ocurre algo a lo que los medios de prensa dedican toda la atención: naufragios, videos de torturas, fotos de niños… Y pareciera que el mundo se para y —¡por fin!—reacciona y dedica atención. Nunca suele durar mucho y luego las cosas suelen estar igual o incluso peor que antes. Intentemos pues, aprovechar estos focos mediáticos para “decir algo más”.

El 2 de octubre, el sur de Europa se conmovía con la detención de Domenico Lucano, el alcalde de Riace, un auténtico libertario que se empeñó en acoger refugiados y de esta manera reactivar la economía de este pueblo de Calabria que estaba a punto de desaparecer. La Italia solidaria perdía contra la Italia racista encarnada en el personaje de Matteo Salvini, que no solo tomó como chivo expiatorio a la población migrante, sino que también se dedicó a criminalizar la ayuda humanitaria.

Mucho se habló ya del arresto domiciliario de Mimmo Lucano y de su proeza en Riace que logró conjuntamente con la ONG RECOSOL (Red de Municipios Solidarios de Italia) y con un magnífico equipo de gente que lo apoyó. El modelo Riace se basa en la creación de cooperativas a través de las cuales se rehabilitaron las casas abandonadas como vivienda para las personas refugiadas y se generó empleo. Los comercios volvieron a abrir y se recuperaron las tradiciones locales como fuentes de trabajo: talleres artesanales de telares, vidrio y cerámica.

Tiziana Barillà, periodista calabresa que escribió un libro sobre el alcalde Lucano recientemente traducido al castellano por Icaria Editorial, explica el modelo de acogida de Riace como una “utopía de la normalidad”, algo que debería ser “normal”, y que a pesar de que es un sueño, forma parte del día a día. El modelo Riace también se hizo extensivo a otros municipios de la zona como Gioiosa Iónica, Camini y Stignano.

Hoy nos hemos enterado de que finalmente Mimmo Lucas ha quedado libre pero tiene la prohibición de residir en Riace. Salvini ha salido con la suya. Una de las causas es la de promover un matrimonio “de conveniencia” entre una joven nigeriana y un hombre italiano de Riace. No es para menos. La historia no se acaba con el “volem acollir” y Lucano lo tiene muy claro. Sabe que acoger no es solo dar comida, techo y mantas. La gente necesita trabajo, educación, un sitio para vivir en el sentido material y también simbólico, un lugar de pertenencia y un futuro para sus hijos. Es bonito ver correr a los niños por Riace, piensa Mimmo, ¿pero dónde estudiarán y trabajarán después los jóvenes? ¿Qué pasará cuando les denieguen el asilo y tengan que irse? ¿Dónde se irán?

Mimmo Lucano conoce de cerca las desgracias de la inmigración, esas que no salen en las fotos, lo que sucede después de llegar a Europa, porque sabe que el viaje continúa y que no todo es acoger. Mimmo se siente responsable de ello y asume como tragedia propia lo que le ocurrió a Becky Moses, una nigeriana que vivió un tiempo en Riace. Después de dos años en un centro de acogida de la zona, quiso volver a Riace pero no pudo. Mimmo la ayudó a conseguir documentación pero no lo logró. En 2016 Becky se instaló en unos campamentos precarios de San Ferdinando y murió en un incendio. Tenía 25 años. Mimmo nunca dejó de pensar en ella. La menciona en cada discurso, se siente impotente y derrotado. Es evidente que la solidaridad y la humanidad no son suficientes.

¿Pero entonces cuál es realmente el legado de Mimmo Lucano? Mimmo se refiere a los inmigrantes que viven en Riace como sus “conciudadanos”. Cree de verdad en el sueño proletario y está convencido de que las fronteras se construyeron para dividirnos. El legado que nos deja Mimmo Lucano no es el de “acoger inmigrantes”. Eso lo ha hecho mucha gente y existen programas de acogida en muchos pueblos (con sus más y sus menos). El verdadero legado de Mimmo Lucano es el de intentar que los extranjeros sean ciudadanos como él, pensarlos como iguales, como ciudadanos, dueños de su propio destino. Ese es el pilar de su utopía de la normalidad. Y es por eso que está proscrito.

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