¡Ven al mercado, guiri!

La transformación del mercado de Sant Antoni en una atracción turística alarma a los vecinos, mientras que en Gràcia se cuestiona la futura Abacería
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Desde que en 1992 se decidió poner en marcha un plan para recuperar los mercados municipales, entonces en decadencia debido a la irrupción de supermercados e hipermercados, se han remodelado más de una veintena de la cuarentena existentes. Con la creación del Instituto Municipal de Mercados de Barcelona (IMMB), el consistorio se marcó tres objetivos: mejorar las infraestructuras y servicios, actualizar la oferta e incorporar nuevas políticas de promoción comercial. El balance de estos años en general ha sido positivo porque se ha incrementado el número de consumidores que llenan la cesta en el mercado del barrio.

Aun así, con el paso del tiempo también han crecido las voces que cuestionan un modelo diseñado en los despachos oficiales al considerar que ha quedado obsoleto y prima más los intereses de la marca Barcelona creada en pleno delirio olímpico que las necesidades vecinales reales. Según datos del IMMB, entre los años 2001 y 2006 el porcentaje de barceloneses que compraban en los mercados de forma habitual pasó del 61,5% a casi el 70%. El grado de satisfacción era del 81,2% y los mercados se consideraban uno de los tres servicios mejor valorados de la ciudad porque cohesionan el territorio e incentivan el comercio de proximidad.

El estudio sobre el impacto económico hecho en 2011 concluyó que la cuota de mercado en el cesto de la compra de la red de mercados públicos era del 35% y lograba una facturación aproximada de 1.000 millones de euros. En cuanto a la ocupación, se hablaba de más de 7.500 puestos de trabajo. Pero dejando de lado los datos, el debate se centra ahora en la necesidad de adaptar el cuestionado plan de mercados en la Barcelona del siglo XXI.

SANT ANTONI Y LA ABACERíA

La casualidad ha hecho coincidir en el tiempo las críticas surgidas en dos barrios muy diferentes -Sant Antoni y Gràcia- pero con un denominador común: el temor de que sus mercados se conviertan en atracciones turísticas una vez remodelados. En el caso de Sant Antoni, ahora se encara la última fase de la compleja reforma de su mercado, el más grande y también uno de los más bonitos por su valor patrimonial modernista. El cálculo hecho desde el Ayuntamiento es finalizar las obras -con un coste de unos 70 millones de euros- a finales del 2017.

Con la faraónica obra terminada, el nuevo mercado dispondrá de 11.500 m2 de superficie comercial, que incluirá no solo el mercado de alimentación tradicional (60 paradas), los Encantes (108 paradas) y el Mercado Dominical (90 paradas), sino también un supermercado y una nueva oferta no alimentaria. Además, se pacificaran las calles del entorno y se recuperarán los espacios interiores del mercado como plazas públicas para uso vecinal.

La proximidad del barrio de Sant Antoni al centro de la ciudad les está haciendo sufrir de lo lindo los efectos de la masificación turística. La invasión de hoteles y apartamentos turísticos ha provocado que los precios de los alquileres se hayan disparado y el proceso de gentrificación de los vecinos se incrementa de manera alarmante. Según la entidad Fem Sant Antoni, ahora es prácticamente imposible encontrar un piso de alquiler en el barrio por menos de 1.000 euros. En este contexto de destrucción del tejido vecinal cobra especial relevancia el papel que jugará el mercado modernista de Sant Antoni. En el barrio no sólo preocupa que se convierta en un nuevo polo de atracción del turismo, sino que acabe convirtiéndose en un clon del Mercado de la Boqueria, donde la oferta comercial tradicional se ha reducido a favor del reclamo turístico.

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