¡Es el Senado, estúpidos!

Con la decisión del PSOE de negarse a la elaboración de listas conjuntas al Senado con Unidos Podemos, las mareas y los partidos nacionalistas de izquierdas, las elecciones del 26-J se puede decir que están sentenciadas antes de que se abren las urnas.

La única posibilidad real de cambio que hay en España pasa por una reforma/actualización de la vieja Constitución de 1978. Y este reto necesita, sí o sí, que en el Senado se rompa la mayoría absoluta del PP y haya una alternativa progresista.

Renunciando a liderar el espacio de la izquierda sociológica, el PSOE de Pedro Sánchez se resigna a que el «magma» de Pablo Iglesias le haga el «sorpasso» el próximo 26-J y abre las puertas a una previsible coalición PP-Ciudadanos.

La clave para romper este fatalismo era una alianza como la que proponía Ximo Puig desde Valencia. Pero las evidencias pragmáticas y el tacticismo político están casi siempre reñidos. Este es el motivo del chasco y la desorientación del votante socialista que, a buen seguro, engordará esta vez la bolsa abstencionista.

No sé si es consciente, pero Pedro Sánchez se ha hecho el «hara-kiri». Renunciando a formar candidaturas conjuntas con Unimos Podemos y tutti quanti en el Senado, ha desplazado el voto útil anti-PP hacia la coalición que lideran Pablo Iglesias y Alberto Garzón.

El PSOE ha acabado comprando, aunque no lo verbalice, la tesis de la «grosse koalition» a la alemana a Mariano Rajoy. La partida de ajedrez que se juega en el Congreso de los Diputados lo lleva, como mínimo, a abstenerse ante la previsible investidura, ahora sí, del candidato del PP.

Esta vez es obvio que de las urnas del 26-J tiene que salir un gobierno. La «broma belga» no se puede prolongar durante mucho tiempo más. España –quinta economía de la UE- es un país demasiado importante para que continúe instalada en la intemperie institucional.

Ferraz lo sabe y no puede sabotear que el partido más votado –el PP, según todas las encuestas- pueda formar gobierno. Sólo haciendo el «abrazo del oso» a Unidos Podemos con las listas conjuntas al Senado podía escapar de esta trampa que le han preparado.

El fenómeno Pablo Iglesias se explica por la extraordinaria relevancia mediática que le han dado las televisiones privadas, objetivamente interesadas en la continuidad del PP en el Gobierno central. ¿Tan difícil es de entender como funcionan las pinzas?

Si Pedro Sánchez hubiera hecho caso a Ximo Puig, el PSOE se habría podido presentar ante el electorado progresista –duramente castigado por las políticas antisociales del PP y epidérmicamente refractario a Mariano Rajoy- como el «primus inter pares» de la izquierda plural.

Pero no. Ha decidido convertir a Unidos Podemos en el gran rival a batir en la próxima campaña del 26-J, haciendo de paso el «trabajo sucio» del PP. Pedro Sánchez será el gran perdedor, a título personal, de estas elecciones y está poniendo una alfombra roja a la próxima entrada triunfal de la «faraona» Susana Díaz en Madrid.

En Cataluña, el «soufflé» independentista se está deshinchando. Las fallidas incursiones europeas del presidente Carles Puigdemont, las divisiones de la ANC y las contradicciones de Junts pel Sí lo demuestran. Desde la izquierda española se habría podido aprovechar esta debilidad para preparar una reforma de la Constitución en clave federal que satisficiera las frustraciones de una parte significativa del electorado nacionalista catalán.

La vía, una vez más, pasaba por una alianza de izquierdas capaz de conquistar la mayoría en el Senado. La miopía del actual «sanedrín» socialista es de las que hace época. Tal vez piensan en Ferraz que ya vendrán tiempos mejores, pero lo cierto es que el tren del 26-J lo han perdido.

Unos datos para la reflexión. Dado el específico sistema electoral del Senado, el PP obtuvo el pasado 20-D el 60% de los representantes con sólo el 28,7% de los votos. La alianza entre el PSOE, Unimos Podemos y tutti quanti haciendo listas únicas en el Senado le daría la victoria en 49 circunscripciones electorales y, por lo tanto, la mayoría absoluta en la Cámara Alta.

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