«Spain is different»; Catalunya, también

Luis Bárcenas y Fèlix Millet son dos historias paralelas que tienen dos escenarios diferentes (Madrid y Barcelona) y un destino común: Suiza. Si Luis Bárcenas saqueó 47 millones de euros de las arcas del PP, Fèlix Millet robó 36 millones del Palau de la Música. Si a Luis Bárcenas le gustaban los viajes de gran lujo (safaris en Suráfrica, estancias en los mejores complejos invernales de Europa y los Estados Unidos…), a Fèlix Millet, también (las Maldivas, Kenia, México, la Polinesia, Dubai…). Luis Bárcenas tenía un chalé en el Valle de Arán, Fèlix Millet, también. Luis Bárcenas cobraba «donativos» de las constructoras que después recibían contratos de las administraciones gobernadas por el PP, Fèlix Millet cobraba comisiones de las constructoras que habían recibido adjudicaciones de CiU. Luis Bárcenas confiaba en la banca suiza (Dresdner Bank y Lombard Odier), Fèlix Millet, también (Société Générale Suïsse).

Pero Luis Bárcenas está, desde hace un año, en la prisión de Soto del Real y Fèlix Millet se pasea tan ancho por la calle. ¿Por qué? Pues porque Luis Bárcenas ha «cantado» y ha puesto en peligro a toda la «casta» de Madrid, empezando por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a quien durante años había pagado en negro generosos sobresueldos y que, por eso mismo, ya habría dimitido en cualquier otro país europeo. En cambio, Fèlix Millet ha callado, hasta ahora, como un «puta» y no ha dicho ni mú de sus negocios con Convergència Democràtica y con la FAES de José María Aznar. Por eso ha sido premiado con la libertad y cuando le juzguen tendrá más de 80 años y sabe que nunca más pisará la cárcel.

Es decir, Luis Bárcenas ha decidido colaborar con la justicia y explicar todo aquello que sabe de la corrupción del PP… y lo han encerrado en la cárcel. Fèlix Millet guarda un silencio sepulcral –¡ay, si hablara sobre los 6,9 millones de euros que sacó por ventanilla bancaria y a qué bolsillos fueron a parar!- y esto le vale poder hacer vida normal. Ciertamente, esto es el mundo al revés, si no fuera porque España y Catalunya son unos países donde la mafia (el PP en Madrid y CiU en Barcelona) está incrustada en la cúpula del poder político.

Ahora que el rey de España, Juan Carlos I, ha abdicado, el virrey de Catalunya, Jordi Pujol, tendría que ser generoso y hacer lo mismo. Los dos mandan, si bien, formalmente, no gobiernan. Entendámonos: Artur Mas es el «encargado» que la familia Pujol ha puesto al frente de la Generalitat para que, con la ayuda de Felip Puig, vele por los intereses económicos del clan. La suprema prueba de fidelidad y lealtad mutua se guarda en un banco de Liechtenstein.

El rey Juan Carlos I ha «sacrificado» a su hija Cristina en el altar de la transparencia que exigen los nuevos tiempos, pero el viejo Pujol se niega a ofrecer la cabeza de su hijo Oriol, imputado por el caso de las ITV, y todavía es, hasta que no se decida lo contrario, secretario general de CDC y candidato in pectore a la sucesión al palacio de la plaza de Sant Jaume. El rey Juan Carlos I ha exigido, eso sí, el aforamiento a Mariano Rajoy para que pueda disfrutar de su inmensa fortuna, conseguida no se sabe cómo, sin que los jueces lo incordien. En esta tesitura de ‘fin de ciclo’, el virrey Jordi Pujol también reclama el aforamiento (en este caso, el archivo del sumario) para su hijo mayor, Jordi Pujol Jr., y para su mujer, Marta Ferrusola, a quien la Audiencia Nacional tiene pensado citar a declarar por el tráfico de dinero en Andorra.

Cuando Jordi Pujol habla de independencia está hablando de inmunidad y de impunidad para los «suyos». ¿Si el rey tiene este privilegio, por qué no lo tiene el virrey de Catalunya? Esta es la cuestión, y lo demás son películas de indios y vaqueros.

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