Edad Media 2.0

Cuando miramos hacia atrás, todo nos parece mejor. Éramos más jóvenes, más guapos, más ágiles y teníamos el futuro en nuestras manos. Los pueblos son como las personas. La nostalgia de un pasado supuestamente libre y próspero obnubila nuestra percepción del presente, a menudo hostil y gris. Pero, como muy bien saben los historiadores y confirman los psicólogos, «no todo el pasado fue mejor».

En estos momentos, en Europa estamos asistiendo al estallido de un espejismo: los viejos «buenos» tiempos de la Edad Media, con caballeros, princesas, magos, monjes-guerreros, bufones de la corte, artesanos y unos señores feudales que garantizaban la protección a cambio del servilismo absoluto. El éxito de la serie televisiva Juego de tronos no es ajeno a este neomedievalismo que nos subyuga. La Edad Media 2.0 en que estamos inmersos es una respuesta reactiva a los conflictos de la globalización y a todo aquello que comporta (deslocalizaciones de empresas, salarios a la baja, competencia desaforada, desmantelamiento del Estado del bienestar, presión migratoria…).

Ante nuestros ojos, las antiguas naciones que existían en Europa en la Edad Media están reapareciendo en el escenario de la actualidad geopolítica continental. Como una ucronía que no tiene en cuenta acontecimientos cruciales que han marcado los últimos siglos -el descubrimiento de América, la Ilustración, la Revolución Francesa, el capitalismo, el colonialismo, el comunismo, la II Guerra Mundial…-, esta Edad Media 2.0 propugna un regreso a las fronteras de los tiempos de la cruz y la espada.

Resulta interesante recuperar un mapa del siglo XIV. Encontramos, como países independientes, a todos los protagonistas de la actual oleada secesionista que desquicia a la Unión Europea: Escocia, Catalunya (Corona de Aragón), Euskal Herria (Reino de Navarra), el Véneto, Bretaña y Córcega (República de Génova). Veamos cómo evolucionaron:

· Escocia decidió su libre adhesión al Reino Unido en 1707

· La Corona de Aragón se unió con la Corona de Castilla en 1469 con el matrimonio de los reyes Fernando e Isabel

· El Reino de Navarra fue conquistado en 1512 por las tropas castellanas y aragonesas al mando de Fernando el Católico y su vertiente atlántica pasó a dominio de Francia

· El ducado de Bretaña quedó integrado en Francia en 1491 con el matrimonio de la duquesa Ana con el rey Carlos VIII

· La Serenísima República de Venecia mantuvo su independencia hasta que fue conquistada por Napoleón Bonaparte. El año 1866, los vénetos decidieron en referéndum su integración en la nueva República de Italia.

· La Serenísima República de Génova también fue conquistada y abolida por Napoleón. Reasignada a la Casa de Saboya, formó parte del núcleo impulsor de la unificación italiana. Córcega fue vendida por los genoveses a Francia en 1768.

Es decir, todas estas «viejas» naciones medievales que ahora vuelven a emerger en el siglo XXI -excepto el Reino de Navarra, que fue conquistado por las armas- decidieron, en su momento, formar parte libremente de nuevas realidades estatales de mayor dimensión que consideraban más «competitivas» para sus intereses, tanto desde el punto de vista mercantil como militar. De hecho, la abolición de las fronteras feudales y la conformación de los grandes Estados modernos es un paso fundamental en la consolidación del capitalismo y la burguesía en Europa.

Pero la progresiva vertebración de la Unión Europea como nuevo marco político y económico referencial, la supeditación militar del Viejo Continente a los Estados Unidos (OTAN) y el nacimiento de la civilización de Internet han hecho surgir esta Edad Media 2.0 que tiene como característica común la revuelta contra la presión tributaria y el déficit fiscal que soportan las antiguas naciones, ahora convertidas en regiones.

El peligro del neofeudalismo 2.0 es evidente: las élites locales -a menudo con ‘tics’ mafiosos y autoritarios- pueden manipular y controlar fácilmente a la población indefensa, como vemos en Montenegro, en KosovoLas ventajas, también: la administración de proximidad puede ser mucho más barata y más eficaz… siempre que haya una superestructura (Unión Europea y OTAN) que garantice la democracia y dé protección militar.

Pero la Edad Media 2.0 no deja de ser un sueño quimérico desde el momento en que tanto Bruselas como la OTAN se niegan a aceptar las secesiones internas dentro de su perímetro. Volviendo al mapa del siglo XIV: hay un ramillete de naciones independientes.., pero que son satélites de un hiper-estado que, entonces y ahora, domina el Viejo Continente: el Sacro Imperio Germánico.

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