El día que el Papa descubrió que Dios no existe

Bluesky
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Dios no existe. Todos lo sabemos. Pero hay miles de millones de personas que creen o dicen que creen que hay unos seres superiores que están más allá de la comprensión humana y que nos los encontraremos cuando muramos. Costó mucho convencer a los que mandaban entonces, sobre todo gente religiosa, de que la Tierra giraba en torno al Sol y que no es plana. De hecho, todavía hay mucha que se obstina en negar que sea redonda. En Estados Unidos abundan estos seres humanos. Seguro que votan a Trump de presidente.

Estos días que tenemos al Papa en casa han revivido las entidades cristianas y han hecho una demostración de su fuerza en los actos públicos donde ha participado. ¿Qué hace que centenares de miles de personas todavía estén enganchados a esta ensoñación a estas alturas de siglo y de evolución de la ciencia?

Hay cosas que cuestan de digerir en el mundo en que vivimos. Hay un montón de gente que vota partidos de derecha y de extrema derecha cuando es evidente que estas opciones ideológicas sólo sirven a los poderosos, a los ricos, a los que les importan muy poco los problemas y necesidades de las personas más vulnerables. Sólo me lo explico por el poder que ejerce sobre ellas el control de los medios de comunicación y las redes sociales por parte de los poderosos y por una visión errónea de lo que son las tradiciones culturales y religiosas.

«Siempre ha sido así», te dicen. Y con ello tienes que tragarte que manden los de siempre, que no se puedan tocar los privilegios de los más ricos o convicciones religiosas y culturales que pertenecen a un pasado que deberíamos haber superado hace mucho tiempo.

Mijail Gorbatxov se dio cuenta de que el régimen comunista tal y como estaba planteado en la URSS era un nido de injusticias y abrió las puertas del país a la democracia. Cayó el muro de Berlín y parecía que soplaban buenos tiempos para la nueva Rusia que salió de aquella perestroika. Después hemos descubierto que nos hicimos demasiadas ilusiones. Ahora Rusia tiene un déspota en el poder que pone en marcha guerras con los países vecinos, mata a los opositores que le hacen la competencia y hablar de democracia en este país es una broma.

¿Qué pasará el día que se desmonte el entramado que mantiene vivas religiones como la católica, la musulmana, la judía, la hindú o la budista? Ese día llegará. Estoy convencido de que cuando esto ocurra habrá menos guerras y violencia en el mundo. Que no quiere decir que desaparezcan del todo. Para erradicarlas del todo será necesario construir una sociedad que no dependa del dinero. Pero sin religiones viviríamos, y algún día será así, más tranquilos.

La religión era y es el opio del pueblo. Lo dijo Karl Marx y la frase completa donde lo expresó en la «Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel» tenía sus matices. La escribió en 1844 y era: «La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón y el alma de condiciones sin alma. Es el opio del pueblo». Es decir, Marx entendía que la religión era una especie de bálsamo gracias al cual la gente, el pueblo, padecía mejor las duras condiciones de vida que sufría.

Me recuerda a las comunidades afroamericanas de Estados Unidos que recurrían a cantar Gospel para contrarrestar la dureza de sus condiciones de vida y el racismo y los abusos que las caracterizaban. Cuando pedían que Jesús lavara sus pecados entiendo que lo que querían era que les ahorrara estas penurias. El Gospel era, de alguna manera, el opio de aquellas comunidades.

Sintotizo con algunas de las cosas que he escuchado al Papa León XIV estos días. De joven, fui cristiano. En aquellos tiempos había un sacramento que se llamaba la Confirmación y a mí me la impusieron en la parroquia de Sant Agustí, en el Raval de Barcelona, que visitará al Papa esta semana. Es una parroquia que acoge a mucha gente inmigrada, sobre todo de Filipinas, y atiende a muchos sin techo. ¡Chapeau!

Las convicciones religiosas, a pesar de estar basadas en una entelequia, han dado algunos frutos positivos. Antes de hacerme ateo, compartí mi fe de entonces con jesuitas progres y admiré el trabajo de los misioneros que se jugaban la vida en América Latina plantando cara a los dictadores y sus ejércitos asesinos. Cáritas hace una gran labor con los más desvalidos y he tenido y tengo amigos que son excelentes personas y que creen que hay vida después de la muerte y que nos encontraremos todos en el paraíso, incluidos los que ya hace tiempo que nos dejaron.

¿Qué pasará el día que un Papa diga que todo es un embolado y que más nos vale tocar de pies en el suelo y que tratemos de arreglar las injusticias que hay en vez de inventarnos paraísos e infiernos absurdos?

Espero que antes desaparezcan farsantes como los que se atrincheran detrás de Abogados Cristianos, la COPE, 13 TV, Hazte Oír, Pro Vida, la Asociación Católica de Propagandistas y los partidos que dicen que defienden las raíces cristianas de nuestro país o de Europa. No olvidemos que aquí sufrimos una guerra civil y una dictadura amparada por la Iglesia católica.

Mientras ese día llega, mejor que tengamos Papas como Francisco o el que tenemos ahora. Pronto hará doscientos años que Marx habló de la religión como opio del pueblo. O sea, que en nuestro combate en defensa de la razón debemos saber mezclar ciencia y paciencia. Mucha paciencia.

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