La aparición del Tsunami Democràtic y, sobre todo, la acción que llevó a cabo en el aeropuerto del Prat después de la sentencia del 1-O, han hecho que el Ministerio del Interior se haya fijado en este movimiento. Quieren saber quién hay detrás. Quieren tener responsables a quién culpar si alguna de las acciones provoca otro caos igual o peor que el del aeropuerto. Quieren detalles porque saben que puede movilizar.

Y por eso el ministro, Fernando Grande-Marlaska, aseguró que los servicios secretos y la policía estaban rascando detrás de la marca Tsunami. Incluso llegó a decir que antes de las elecciones sabrían quién controlaba el Tsunami. Pero, de momento, el dolor de cabeza de Grande-Marlaska crece y aspira a convertirse en una pesadilla, como se ha demostrado con el corte de la autopista en la frontera.