El proyecto de bipartito del 155 (120+35) avanza a trompicones y sería injusto culpar solamente a los republicanos de un teórico bloqueo político que nos podría llevar a unas nuevas elecciones. Sin embargo, no me gustaría estar en la piel de la dirección de Esquerra –y no lo digo solo por el monaguillo Aragonès y su polémica ley o por Rufi, que no gana para insultos-, porque no sale de un zarzal con los convergentes tuneados para meterse en otro. Todo era mucho más fácil antes, cuando en Madrid había un gobierno dispuesto a enviarnos a la legión. Con un interlocutor tan intransigente todo estaba justificado, incluso aprobar en el Parlamento declaraciones de independencia de mentira.

Ahora el escenario es diferente a pesar de que tampoco es para tirar cohetes. Pedro y Pablo negocian sin interferencias naranjas y, si se hace la sueca, ERC habrá perdido una oportunidad de oro para desactivar el callejón sin salida catalán. Lo pienso yo y también lo dice el republicano Joan Tardà, a quien Rufi quiere de presidente de la Generalitat, en una delirante intervención en el aquelarre federalista organizado en Barcelona por la Fundación Rafael Campalans, la Fundación Pablo Iglesias y la institución Friedrich-Ebert-Stiftung. Digo delirante porque Tardà ha reconocido que España es más o menos una democracia, ha hablado de diálogo sin condiciones y ha rechazado el bloqueo. Y esto ha desatado las iras de los dioses procesistas.

A pesar de que el botifler Tardà no se ha movido de su hoja de ruta, los insultos de las hordas indepes en las redes sociales no han tardado ni cinco minutos. Para las manifestaciones y quema de contenedores por la nueva traición republicana nos tendremos que esperar un poco más. Concretamente a que la hAda Colau acabe de colocar el último en el Ensanche. Porque ya se sabe que los rentistas alocados que cortan carreteras y vías de tren, rompen mobiliario urbano y queman coches necesitan desfogarse de la frustración que les provoca que la temporada de esquí todavía no haya comenzado. Y si encima Tardà les da argumentos apelando al perdido sentido común pujolista, pues estamos jodidos.

A todos estos patriotas desengañados –muchos de ellos electores de ERC- que acusan a la dirección republicana de jugar a la “puta y la ramoneta” con Madrid, les respondo que es normal: tantos años de matrimonio con los convergentes pasan factura. Es como cuando te acuestas con una criatura para que duerma de una puñetera vez: seguro que te levantas cagado. En este caso, la secta adoradora de cabelleras gerundenses lo tiene más fácil para votar contra el experimento sin tener mala conciencia porque el bloqueo político es su razón de ser. Sin el conflicto catalán fabricado en los despachos oficiales, la criatura de Pujol estaría criando malvas hace tiempo y el juez no podría haber ordenado la detención de Maite Fandos por un presunto caso de corrupción.

Dicho esto, reitero que sería una injusticia cargar a los desorientados republicanos el mochuelo del esperado fracaso de la pareja de hecho entre Pedro y Pablo. Aunque entre los podemitas hay mucha alegría por el acuerdo a pesar de los sapos que se tendrán que tragar y de la desconfianza hacia el socialismo descafeinado heredada del anguitismo, me consta que en Ferraz han tenido que aumentar la plantilla de psicólogos para hacer frente a la avalancha de personal traumatizado por el pacto. Así que tampoco sería de extrañar que algún patricio socialista se estuviera planteando coger un biblia y dar un golpe de estado a la boliviana. De hecho, no es la primera vez que esto pasa, ¿verdad?