Era un secreto a voces desde hacía tiempo, pero no por eso ha dejado de sorprender su adiós oficial. Laia Ortiz no solo no repetirá en la lista de la hAda Colau, sino que también deja la primera línea política después de 13 años, dice que para dedicarse a su familia. Tras de sí deja un largo camino recorrido lleno de obstáculos y desafíos, y por eso mismo me cuesta creer que tire la toalla definitivamente solo por razones personales. Digo que me cuesta creerlo porque Ortiz ha mamado política desde bien jovencita. Me la presentó un día Joan Herrera, cuando los dos procedentes de las juventudes ecosocialistas se incorporaban al mando de la nave que tantos disgustos profesionales me había dado cuando la dirigía Rafael Ribó.

Iniciativa per Catalunya no ha tenido nunca una estructura de cuadros extensa porque era un partido pequeño de ámbito metropolitano, por eso sus cachorros llegaban rápido a responsabilidades políticas de gran relevancia y se tenían que espabilar. Es el caso de Laia Ortiz: diputada al Parlament, diputada al Congreso y teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Barcelona, una carrera meteórica que se ha acabado estrellando contra el muro de los Comunes. Ortiz votó contra la ruptura del pacto de gobierno con Collboni como la mayoría de dirigentes de ICV y nunca ha visto bien el flirteo de la alcaldesa con los postulados independentistas porque más que aportar votos, lo que hace es asustar los apoyos recibidos hace cuatro años.

El duro trabajo que ha provocado el divorcio con el PSC, la difícil coyuntura política catalana y el sistema presidencialista instaurado por el núcleo duro de BComú –que tan mal encaja la crítica interna- ha pasado factura a mucha gente y algunos ya han comunicado al alto mando que no seguirán sus inciertos pasos. En el caso de Ortiz, la regidora intentaba compaginar su trabajo político con el cuidado de su hija, por eso hacía lo imposible para tener libres los miércoles por la tarde. No siempre lo conseguía y recuerdo haberla visto a menudo asistir a actos en Sant Andreu con Abril pegada a sus faldas. La conciliación de la vida laboral y familiar es una falacia en el ámbito político y en cualquier ámbito, y quien diga lo contrario es hombre y miente.

No sé si la palabra más adecuada para definir el goteo de cargos comunes quemados que se han bajado del tren estos días o se lo están pensando es la de desbandada como han dicho algunos con mala intención. Yo prefiero calificarlo de inquietante porque te hace pensar mal de todo y cuestionarte si las nuevas formas de hacer política de las que tanto presumen algunos no son en realidad las de siempre. No es la primera vez que me explican que la alcaldesa de Barcelona se ha rodeado de un grupo de palmeros que le ríe las gracias y la mantiene alejada de la dura realidad. Y eso me recuerda al caso del exalcalde Hereu, quien, como todos sabemos, acabó destronado y bastante colgado hasta que Agbar lo ha fichado para su consejo asesor.

Se acercan semanas trepidantes. Los partidos han de acabar de perfilar las candidaturas y se pelean por fichar apellidos ilustres que les den una pátina de transversalidad, una palabra tan sobada como vacía. En el caso de los comunes, tengo curiosidad por saber de qué chistera sacarán la nueva hornada de activistas cándidos destinados a convertirse en cuadros achicharrados por culpa de la real politik. Celebro que ya hayan puesto en marcha su maquinaria electoral porque la táctica del avestruz no nos salvará de los colmillos de Valls. Mientras un grupo de militantes ha formado una coral para crear la banda sonora que acompañará la gira de Colau, otro se dedica a peinar los barrios sondeando los ánimos y la intención de voto del personal.

La ventaja de tener la maquinaria del consistorio barcelonés a tu servicio para hacer proselitismo ayuda, pero no es suficiente para ganar unas elecciones. Por eso, el puerta a puerta servirá para explicar la acción de un gobierno que poco ha podido hacer con 11 regidores, una oposición muy guerrera y un entorno mediático muy crítico. El trabajo de campo de los voluntarios también incorpora una encuesta que ayudará a los comunes a desgranar qué barrios tienen ganados o perdidos, y por tanto no vale la pena perder mucho el tiempo, y cuáles son los barrios donde hará falta afinar a la hora de cantar para conseguir sacar un voto más que los republicanos.