La cantante, actriz, productora y directora de cine, Bàrbara Streisand, pasará a la historia por su interpretación de Fanny Brice en la película Funny Girl, o por la canción Ervergreen en la película A Star Is Born, entre otros méritos. Reconocimientos al margen, los caprichos del destino han querido que también sea reconocida por el efecto Streisand. Se trata de un efecto que, como el Guadiana, aparece y desaparece en función de la actualidad. ¿Qué es el efecto Streisand? Este fenómeno típico de la era de Internet se produce cuando alguien o una institución intenta silenciar alguna información y consigue el efecto contrario: circula mucho más que si no hubiera recibido esta publicidad involuntaria. Su nombre se debe al caso sonado que protagonizó Streisand cuando pretendió retirar una imagen aérea de su mansión californiana. Por supuesto, lo que hizo fue despertar el interés del público. Por ejemplo: cuando Moncloa quiso borrar del mapa las fotos que las góticas hijas del presidente Zapatero se hicieron con Obama. El gesto hizo viral la instantánea y, gracias a esto, todo el mundo se enteró de la tribu a la cual pertenecía la prole del expresidente.

El efecto Streisand resurge ahora vinculado al procés. La Junta Electoral Provincial de Barcelona ha prohibido a los informativos de Tv3 y Catalunya Ràdio usar las expresiones "presos políticos" o "exilio". La Junta considera que forman parte del lenguaje electoral de algunos de los partidos que concurren a las elecciones. La resolución pide a los medios públicos catalanes que no se aparten de los principios de "neutralidad informativa". El organismo justifica que los líderes independentistas "no están encarcelados por sus ideas" y que la "realidad jurídica" es que "no es cierto que exista un gobierno catalán legítimo exiliado" en Bélgica.

Sin entrar en la literalidad del argumentario, del que podríamos coincidir en algunos aspectos, remarcar sólo la complejidad del gesto. Conscientes del terreno en que se mueven, generalmente movedizo, la mayoría de profesionales de la corporación ya se guardaban de usar según qué expresiones por, así, ahorrarse problemas. Desde que se conoció la noticia, todo el mundo habla de "presos políticos" o "exilio", los términos prohibidos. La decisión se ha hecho viral, y las redes sociales han atacado con afilados comentarios. Se ha vuelto a poner en marcha el efecto Streisand. Por otro lado, supongo que la prohibición sólo afecta a los profesionales y no a los tertulians y otros invitados; por lo tanto, los "presos políticos" y el "exilio" se continuará escuchando en la tele y en la radio públicas catalanas.

De joven, había jugado al juego de mesa Tabú, donde dos equipos compiten para llegar antes a la meta después de adivinar las palabras contenidas en una serie de cartas. En turnos alternos, una persona de cada equipo se dirige a sus compañeros e intenta definir la palabra de una tarjeta para que los otros la adivinen. La dificultad radica en el hecho que no pueden usar determinadas palabras tabú (de donde viene el título del juego), prohibidas, que podrían facilitar en exceso la tarea. Ahora, el Tabú se juega en política y las primeras palabras prohibidas son "presos políticos" y "exilio" . La primera pregunta que se viene a la cabeza: ¿Y por qué sólo estos motos? Y, por ejemplo, ¿golpista? O facha... Me temo que, abierta la caja de Pandora, el alud de peticiones puede ser extraordinario. Qué hará entonces la Junta Electoral? Acabaremos jugando al Tabú durante los periodos electorales con sus consecuentes palabras prohibidas? Absurdo, cuanto menos. Sea cómo quiera, de momento los medios públicos catalanes no pueden ni decir p... p..., ni e...