Nos conocemos, en algunos casos, desde hace 50, 60 e incluso más años; en otros casos, desde hace menos tiempo. Os aprecio a todos, y evidentemente, a pesar de que discrepo de vosotros, respeto y respetaré siempre vuestras opciones políticas, cómo he respetado todas las ideologías, opiniones y creencias expresadas desde el respeto. En algunos casos, respeté vuestro silencio, vuestra pasividad e incluso vuestra capacidad de acomodación al régimen fascista en que, por razón de edad, tuvimos que nacer y crecer durante tantos y tantos años, sin implicaros en absoluto en la lucha contra la dictadura y a favor de la democracia y la libertad. Nunca os lo he reprochado ni os lo retraeré: cada cual es responsable de sus actos, también de sus silencios.

Me duele, y este es cada vez un sentimiento personal más íntimo y profundo, comprobar como algunos de vosotros -!por suerte no todos, ni mucho menos!- os habéis convertido en un tipo de inquisidores que criticáis, descalificáis, insultáis, censuráis y excluís de la catalanidad democrática cualquier voz discrepante o crítica con vuestra opción. Este es un fenómeno que he constatado que es más frecuente entre los nuevos independentistas que los que lo sois desde hace muchos años, cuando erais muy pocos. Los más lenguaraces de vosotros tildáis de "botiflers", "traidores", "españolistas" y "ñordos" a quienes, como yo, no compartimos vuestra fe. ¿Tan difícil os es aceptar la discrepancia, la disidencia? ¿Por qué os negáis a hacer un esfuerzo de empatía con quienes, desde posiciones muy diversas pero en todo caso respetables, tenemos visiones diferentes sobre el pasado, el presente y sobre todo el futuro más o menos inmediato de nuestro país?

Critiqué del derecho y del revés la represión injustificada e injusta que se produjo el 1-O por parte de agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil. No recuerdo que muchos de vosotros criticarais la represión, tan injustificada e injusta, que los Mossos de Esquadra practicaron contra los "indignados", por ejemplo en la plaza de Catalunya de Barcelona o en los alrededores del Parlamento de Catalunya. También critiqué la prisión preventiva de dirigentes políticos y sociales independentistas durante más de un par de años, y considero exageradas las penas de prisión que les han sido impuestas. Pero no recuerdo que muchos de vosotros os manifestaseis cuando la dictadura franquista encarcelaba, torturaba e incluso ejecutaba a auténticos presos políticos, o cuando otros discrepantes sufrían el exilio de verdad. He llegado a oir, por parte de algunos de vosotros, que vuestro sufrimiento por el encarcelamiento o la fuga al extranjero de algunos de vuestros dirigentes no os permite vivir ni dormir en paz. Pero vivíais, dormíais y disfrutabais mucho durante la dictadura…

Muchos de vosotros sois independentistas desde hace pocos años. Os he conocido cuando no erais nacionalistas, ni siquiera catalanistas, cuando, a pesar de haber nacido en Catalunya y en familias de origen catalán, hablabais casi siempre en castellano. Pocos de vosotros habéis catalanizado vuestros nombres. No tenéis por costumbre leer libros o diarios en catalán, ni comprar o escuchar discos en catalán, ni ir al teatro o en el cine en catalán… Eso sí, prácticamente todos vosotros veis TV3, escucháis Catalunya Ràdio y RAC1. Y sois del Barça, claro -¡por lo menos coincidimos en esto!.

Os respeto desde la discrepancia y os pido respeto para los discrepantes. Os lo exijo. tengo todo el derecho. Os lo pido y reclamo como viejo y veterano demócrata, catalanista, socialista y federalista, enemigo de todos los unanimismos y de todas las unanimidades, y por lo tanto partidario de que la racionalidad se imponga a la pasión, que el seny gane a la rauxa, que la razón supere siempre a los sentimientos y las emociones.

Os escribo, sin embargo, desde la pasión, los sentimientos y las emociones, y si queréis incluso desde la rauxa. Íntimamente e irreversiblemente decepcionado por la pérdida total y definitiva de gente con quien he tenido extensas e intensas relaciones de amistad desde hace bastante más de medio siglo, pero que ante uno de los trances más duros de mi vida me han dado la espalda únicamente porque no pienso ni siento como ellos: porque no soy independentista. Llamadme ingenuo o inocente, pero nunca habría pensado que la fe de unos conversos pudiera llegar a este nivel de miseria humana.