Maestra y escritora. Ha publicado dos novelas: Al otro lado del crepúsculo y El pájaro de zinc. Fue concejala en Castelldefels y diputada. Es miembro del Consejo Nacional del PSC y forma parte de Federalistes d’Esquerres. 


¿Han protagonizado los hombres la historia, o es que se han apropiado de ella, contándola?

Las mujeres siempre han estado ahí, de una manera u otra, pero como los que cuentan la historia, o los que dirigen los grupos de opinión y lo partidos políticos, en su mayoría, son hombres, las mujeres acaban desapareciendo. Hablamos de Rosa Luxemburg, de Victoria Kent, Clara Campoamor…, pero es como si solo hubiera habido tres o cuatro mujeres en la historia de la política, por ejemplo. Los partidos políticos se dedican a resaltar sobre todo las biografías de los hombres. En la memoria histórica reciente, mucha gente se acuerda de políticos que han muerto o que son muy mayores, pero ¿De qué mujeres se acuerdan? Es como cuando se les pregunta a los niños ¿Di el nombre de un científico o una científica? Nunca se les ocurre un nombre de mujer. Y si sale alguna es Marie Curie, como si solo ella hubiera existido en la vida de la investigación. No se habla de las mujeres y tenemos que empezar a hablar de las mujeres. Hay que hablar de las mujeres en la historia de la humanidad. Sin ir más lejos, Manuela de Madre, premiada, presidenta del PSC ¿Alguien se acuerda de ella?

¿Cómo se reviertiría, de manera rápida, esta preponderancia masculina en el discurso social?

Creo que se trata de un trabajo que corresponde fundamentalmente a las mujeres, porque los hombres pasan olímpicamente de ello. A fuerza de machacar, las mujeres tenemos que estar presentes. El primer partido que adoptó una cuota de representación femenina obligatoria (el 12%) fue el PSC. Entonces, los hombres se escandalizaron, y los de la derecha empezaron a decir que las mujeres no eran cuota, que las mujeres que valían estaban… Pero lo cierto es que no había mujeres ni en los ayuntamientos, que son lo más cercano, ni en los gobiernos autonómicos… Ahora hay mujeres, porque hay leyes que amparan la presencia de las mujeres en los cargos públicos. No obstante, es una lucha de las mujeres, con hombres que quieran estar a su lado. Pero los hombres no se implican de per se

En las sociedades primitivas de cazadores, que se alejaban de sus territorios por largos períodos, eran las mujeres quienes garantizaban la vida del grupo ¿Tendría que cambiar los modos de producción actuales para lograr una emancipación real de las mujeres?

No sé hasta qué punto pudo existir aquel matriarcado. Las mujeres del País Vasco, de Galicia y Asturias, sobre todo, están más presentes en la vida de la familia, pero siempre de puertas para adentro, en el hogar. Fuera siguen mandando los hombres y si el hombre dice que no es que no.  El poder de los hombres se perpetúa ¿A cuántas mujeres de 70 años se les pide su opinión en los medios de comunicación? Y ahí tenemos a los hombres de esa edad opinando a diestro y siniestro. Y respecto a los cambios que se están produciendo a escala global, incluida la igualdad de género, no sé qué pensar, porque resulta que están empezando a triunfar partidos fascistas, con mujeres que dicen la barbaridad esa de que “coser empodera”. Coser empoderaría a Coco Chanel, que vivía de coser, y se habría que volver a enseñar costura en las escuelas, tendría que ser a niños y niñas.

¿No cree que este arreón de la ultraderecha es coyuntural?

Ojalá, pero no lo veo nada claro. La democracia nunca está garantizada. El futuro puede seguir solo en manos de los hombres, incluso con su peor cara. Mira lo que están diciendo, que las mujeres se inventan las agresiones, que las mujeres en casa están mejor… No está garantizado que las mujeres sigamos progresando siempre. Tenemos que luchar cada día. Con la complicidad, claro, de los hombres que entienden esto y están dispuestos a arrimar el hombro. El otro día vino a darme la mano una de Vox y le dije que no ¿Por qué? Porque no defendéis los derechos de las mujeres. Ser mujer no es garantía de ser feminista y estar a favor de las mujeres. Se acaban de cumplir 86 años del voto femenino en España, y en Suiza hasta el año 70 no votaban las mujeres. Y encima nos llaman “feminazis”.

Hasta ahora, la izquierda hablaba de “incorporar a las compañeras a las luchas”, más bien de modo subsidiario ¿No ha llegado el momento en que, lejos de aquello, las mujeres o cogen la sartén por el mango o estamos perdidos, todos, como dice José Sacristán?

Creo que hay muchos buenos hombres, pero lo que sí es cierto es que las mujeres tenemos más sensibilidad, que quizá estamos mejor situadas para afrontar los desafíos de los nuevos tiempos. Al ser más sensibles, por ejemplo, nos preocupamos más por el medio ambiente. Las sociedades no las cambiaron los jóvenes, ni los estudiantes, como a veces se ha creído. Las cambiaron los trabajadores y las trabajadoras. Y ahora, claro, que hay muchísimas más mujeres que se han incorporado a las tareas productivas, naturalmente, su protagonismo social aumenta. Pero estamos en una fase incipiente, porque los hombres no nos dejan. Si mandaran las mujeres otro gallo cantaría.

En cualquier caso, las sociedades antiguas del trabajo, la guerra…, propias de los hombres, no pueden ocultar ya su decadencia

Sí, pero perviven muchos tabúes. Mi hija, que es ingeniera, está participando en un proyecto de la Universidad de Deusto orientado a promover vocaciones científicas entre las niñas. Cuenta que decía que le gustaría diseñar zapatillas. Algo no considerado científico, pero relativamente. Porque, por ejemplo, para ello habría que utilizar la informática, el estudio de materiales… Es decir, que hasta cosas que se consideraban propias de mujeres, ahora resultan de gran interés, mucho más allá del género. Pero sí que es verdad que los temores de las mujeres a la ciencia, todavía está muy inculcados. Los padres y las madres siguen trasmitiendo que las mujeres no están preparadas para ser científicas. Pero hoy en día las niñas estudian más que los chicos, se esfuerzan más. Pero, como es el éxito lo que sigue funcionando, luego resulta que son los hombres los que triunfan. 

¿Dónde están los grandes diques que siguen taponando los intentos de liberación de la mujer, en la religión, las leyes, la familia, la política…?

A pesar de que tenemos alcaldesas, diputadas, ministras… y de que el avance de la mujer es evidente, a la hora de la verdad, las responsabilidades siguen siendo masculinas. Todavía, las mujeres no tienen su lugar en el mundo. Sigue habiendo mujeres que en su emancipación adoptan roles masculinos, aunque cada vez menos. Hay mujeres en la extrema derecha que biológicamente son mujeres, pero que se comportan como verdaderos hombres, en su peor versión. Pero también hay quienes se comportan como los hombres porque si no las quitan de en medio. Formalmente, están cambiando las cosas, pero a la hora de la verdad todavía queda mucho por hacer. Hasta hace no mucho, cuando un partido creía que iba a perder una alcaldía ponía a una mujer… Y, luego, resulta que gana. Y no solo en los partidos de izquierdas, también en los de derechas. No vamos a arriesgarnos a que alguien con mucho poder pueda perder…

Volviendo al dominio masculino del relato social, ¿Qué se puede hacer para ir rescatando el papel de las mujeres en el devenir humano?

Los hombres pasan a la historia, porque quienes escriben la historia son los hombres, decíamos. Todo lo femenino se devalúa por el hecho de ser obra de mujeres ¿Tu que escribes, me preguntan, literatura femenina? ¿Qué es esto? ¿A un escritor le preguntan si escribe literatura masculina? Es absurdo. Las mujeres escriben, de una cosa o de otra. Igual que los hombres.

¿En su experiencia vital, no ha experimentado cambios significativos en las cuestiones de género?

Si un hombre iba a comprar el pan o llevaba el carrito del niño era un “calzonazos”, o un maricón. Algo ha cambiado ¿Y si una mujer tiene relaciones sexuales con distintos hombres sigue siendo una puta, aunque ya menos? ¿Y si un hombre tiene relaciones sexuales con muchas mujeres, es que liga…? En las escuelas están cambiando un poco los roles. En infantil, hay cocinas, camiones… y los niños y niñas juegan con lo que les apetece. Yo era una marimacho porque tiraba flechas y me peleaba con espadas.

¿En fin, está en contradicción el patriotismo con el feminismo?

Diría que sí. Por ser suave, el patriotismo está demodé. Como dijo Juan Luis Arsuaga, el ser humano necesita ser de un clan, pero el clan no tiene que pasar porque mis valores son superiores a los tuyos.