Víctor Valdés está protagonizando un sainete mediático desde que apareció la noticia de su posible incorporación al fútbol base del FC Barcelona, con muchas posibilidades de ser el nuevo entrenador del Barça B, el filial entrenado hoy por García Pimienta y necesitado de una urgente revalorització deportiva que lo traiga a militar a Segunda División A. Las informaciones siguen dando vueltas a esta posibilidad, pero bien es verdad que quién realizó una llamada para solicitar este lugar fue el mismo Víctor Valdés ahora hace años de haber dado un portazo al Barça de estos que resuenan y dejan las paredes temblando.

Lo hizo negándose a renovar con el club que lo formó con la única intención de evitar que el Barça cobrara un traspaso del Mónaco, que le había hecho una oferta a la alza si dejaba que su contrato en el Camp Nou expirara. Con tan mala suerte que se lesionó poco antes del final de temporada y tan gravemente que el Mónaco incumplió su prometida de ficharlo y lo abocó a la práctica a una retirada al poco de reaparecer después de una larga recuperación de rodilla.

Igualmente marchó sin despedirse, sin dirigirse a la afición ni a sus compañeros, dejando detrás suyo la peor imagen de alguien que decía sentir los colores azulgranas.

Ahora, en cambio, quiere volver porque le conviene y porque ha tenido un pequeño éxito como entrenador de un equipo juvenil en Vallecas. Sin el menor respeto por quien dirige el Barça B ha pedido entrar por arriba lo cual indica que sigue siendo la misma persona egoísta e insensible que cuando marchó. Nadie lo ha llamado. Sólo de la generosidad de Josep Maria Bartomeu depende que se le abra alguna puerta, pero no tan arriba. Si no es el caso, pero, no hay que descartar que de aquí a poco aparezca sumando en alguna candidatura opositora a la actual. En la de Víctor Font? Quizás.