Si el desaparecido Joan Oliver siguiera en su lugar como propietario del CF Reus, no habría actuado de forma diferente de como lo hacen los hermanos Onolfo, esa extraña pareja de americanos tan apresuradamente enamorados del club del Baix Camp.

Quien ejerce la máxima autoridad, Clifton Onolfo, va prometiendo compromiso a tres años vista, un inminente abono de los pagos pendientes, un estadio nuevo para miles y miles de espectadores, y proyectos de futuro tan ambiciosos o más que los sueños que un día tuvieron Oliver, Joan Laporta, Xavier Sala-i-Martin y Rafael Yuste, los exsaqueadores del Barça.

Pero lo cierto es que, como Oliver, de momento los Onolfo no ha ido más allá de pronunciar buenas palabras y promesas, así como de mostrar una firme voluntad de no poner un solo euro para reflotar el club, que ha sido sancionado con tres años de expulsión del fútbol profesional.

La sensación de que los Onolfo son sólo una especie de testaferros del anterior propietario es un fantasma que empieza dejarse ver por Reus, unos nuevos Oliver que a fuerza de incumplir el pago de las deudas esperan que la anorexia del club haga desistir a los acreedores de su insistencia en cobrar.

De momento, el colectivo de los trabajadores que resisten en el Reus, dándole la poca vida que todavía tiene, ya han denunciado a los nuevas jefes mientras estos caminan en círculos sin ir a ninguna parte. La vía legal contra la inhabilitación deportiva parece muerta, no hay patrocinadores ni expectativas diferentes de las de hace un mes, salvo que Joan Oliver y su banda se han marchado de rositas: sin responsabilidades ni demandas.

La realidad, sin embargo, es que podrían seguir estando a la espera de que, pasado un tiempo, alguien con dinero de verdad compre el club y ellos se puedan embolsar una comisión por la operación. De hecho, Oliver no quería vender el club, sino dejar una puerta abierta a la posibilidad de lucrarse con una posterior operación.

Y todo ello sin que nadie haya explicado el coste y los riesgos de seguir teniendo un club filial o hermano en China, el BIT FC, proyecto clave a través del cual alguien podría llegar a interesarse por el Reus, donde todo sigue igual o peor, y nada es lo que parece.

Lo más irreal son los planes de Clifton Onolfo de construir un nuevo estadio, más grande y carísimo. La cuestión es dónde, teniendo en cuenta que el Reus no es ni siquiera el propietario del actual.