Las puertas de una antigua sucursal bancaria en Barcelona, hoy cubiertas de pintura para tapar el interior, se abren y dejan entrever chatarra, cartones, enseres y algún mueble. Adentro vive una familia que, desde hace unos meses, ha encontrado un cobertizo donde han hecho su casa. Una niña, menuda y despierta, empuja un carrito con una muñeca y entra en "su casa".

Oficinas vacías pero también, solares o naves abandonadas forman parte del nuevo chabolismo que está enquistado en la ciudad y del cual el Ayuntamiento tiene controlado a 885 personas. Un 24% son niños y adolescentes, en edad escolar, que viven con sus familiares. Tienen tarjeta sanitaria, la mayoría están escolarizados y están empadronados en un centro de la administración para poder acceder a las ayudas sociales, pero no tienen acceso a un piso de protección social.

"Son niños nacidos en Cataluña", afirma Alejandra Rayas, técnica de la organización no gubernamental, Amigos del Cuarto Mundo, que se encargan de acompañar a familias galaicoportuguesas en su proceso de inclusión y que mantienen contacto con algunas de estas familias que viven en asentamientos chabolistas, "son familias que en su origen llegaron de Galicia, es decir que no tienen problemas en el ámbito legal, son españoles, pero con unas limitaciones de formación y carencia de posibilidad de acceder a lugares de trabajo que ha condicionado su vida".

La mayoria de los 215 menores que viven en estas barracas o asentamientos han nacido en Cataluña y podrían entrar en el sistema de protección, pero no así sus padres, "Podríamos decir que son nómadas forzados por qué los van echando fuera de los lugares. Eso sí, tienen mucho cuidado que los niños continúen estudiando en la misma escuela, aunque suponga ir de Poble Nou a Horta. Buscan un arraigo", explica Rayas.

Encontrar un piso a partir del cual poder regularizar la situación es el santo grial para estas familias que quedan fuera de la mesa de emergencia de vivienda, "la mesa sólo está abierta a personas que han sido desahuciadas por el impago del alquiler o hipoteca, pero los que viven en asentamientos son demasiado invisibles. No son nómadas, quieren vivir en un piso estable".

Mientras llega este piso, o el compromiso de la administración, continúan su periplo por naves abandonadas, oficinas en desuso o incluso sus propios camiones, pinchando la luz de la calle y recogiendo agua en las fuentes para poder hacer la limpieza. Barracas, cobertizos, se puede denominar de muchas maneras pero casa no... sin un trabajo estable y una nómina acceder al mercado inmobiliario es una pesadilla. Para los menores, establecer relaciones sociales sin una casa o un lugar más estable, es otro sueño.

Para la ONG Amigos del Cuarto Mundo, en contacto permanente con estas familias, hace falta un compromiso en firme de la administración para resolver este problema "nosotros tenemos una petición muy clara", explica Alejandra Rayas, "se tiene que abrir la mesa de emergencia a personas en esta condición, se tienen que poner más recursos en formación e inserción laboral y por encima de todo, hace falta una política de pisos de alquiler limitado para que estas familias y sus niños puedan acceder en un piso y arraigarse". El chabolismo en Barcelona ya no es aquella postal en blanco y negro, sino que es a todo color y en el centro de la ciudad.