La guerra desatada por el entorno al barcelonismo más hostil contra Josep Maria Bartomeu tiene que ver, exclusivamente, con intereses del todo ajenos a lo que es verdaderamente conveniente para el club. Para empezar, si Bartomeu dimite ahora o como resultado de un voto de censura la única consecuencia directa es la parálisis total de la institución en todos los sentidos, puesto que la ausencia de junta directiva sólo provoca la constitución de una comisión gestora con las atribuciones limitadas en mantener el club en funcionamiento sin realizar actas de disposición ni poderse hacer responsable del cierre del ejercicio 2019-20.

Esto quiere decir que si, por ejemplo, el voto de censura se celebrara en octubre, la gestora dispondría de tres meses para anticipar el llamamiento a las urnas, en ningún caso antes de enero, con la toma de posesión a finales de este mes o principios de febrero de 2021. Se da la circunstancia que los impulsores de la moción de censura contra Josep Maria Bartomeu aseguran haber recogido 20.731 firmas. Un número de firmas que superaría con creces las 16.521 necesarias para sacar adelante la votación. El club tiene diez días para validar las firmas. Si hay 16.521 de válidas, habrá voto de censura.

Sin haberse celebrado la asamblea habría la duda sobre qué cantidad exacta tendrían que presentar los candidatos el aval del 15% del presupuesto de gastos, puesto que no estaría aprobado, como es preceptivo. ¿Sobre los 1.000 millones del ejercicio pasado? No tendría mucho sentido cuando se sabe que el club presentará ingresos por debajo de esta cifra y un déficit de más de 100 millones.

Podría regularse, legalmente o no, que se tomaran como referencia los gastos de la temporada 2019-20, que podrían no bajar de los 900 millones de euros, es decir, cubrir el aval por 135 millones de euros y hacerse cargo además del resultado de la liquidación de la temporada 2020-21. El problema es que se calculan pérdidas también para este curso, cosa que obligaría a esta misma nueva directiva entrante a un incremento del aval y a empezar el mandato con un lastre económico terrible.

Todo esto, pero, es evitable si se permite a Bartomeu acabar el mandato, convocar las elecciones estatutariamente de acuerdo con esta situación y, para la junta directiva ganadora, tomar posesión el día 1 de julio con el control económico completo y sin riesgos. Los que insisten en la dimisión de Bartomeu, sin duda, o no saben lo que se hacen o están en una guerra en qué el Barça es sólo una pieza de un juego más complicado, como es el de la política.

El voto por correo lo tendría que validar la asamblea
En el supuesto que el presidente del Barça y su junta cayeran antes de tiempo, o como resultado de un voto de censura, una nebulosa administrativa caería sobre la gestora, que, ante las dudas y la cautela propia de los procedimientos a seguir, probablemente se tomaría más tiempo del previsto antes de convocar elecciones.

El panorama sería enigmático y confuso, con un ejercicio para liquidar, pendiente de asamblea y un déficit para endosar a alguien. Por el contrario, en este momento las elecciones están programadas –a pesar de que no convocadas técnicamente– para el 20 y 21 de marzo, y se han pactado las condiciones con la Secretaria General del Deporte para la excepcionalidad de no coincidir con un día de partido en el Camp Nou si se sigue jugando sin público.

La celebración de elecciones en dos jornadas supone una novedad histórica, igual que abrir suyos territoriales para no generar ni más movilidad de la necesaria ni tampoco aglomeraciones. Además, las autoridades del deporte catalán han sugerido el voto por correo, una opción que recoge la ley pero que el FC Barcelona no contempla en sus estatutos. Para implementarlo, basta con que la directiva incluya su aprobación en la próxima asamblea siempre que se pueda celebrar, o bien, llegado el caso extremo, la aprobación de un decreto vía Gobierno de la Generalitat para validarla como una medida extraordinaria que permita el desarrollo de la vida democrática del Barça debido a las circunstancias actuales.

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