Eduardo Mendoza y los disparates literarios

Bluesky
Añade EL TRIANGLE como favorito en Google

Resumamos un poco el estado de la cuestión. Hará pocos días Eduardo Mendoza, a quien supongo le irá de fábula este Sant Jordi, concedió una entrevista en la que dejó caer algunas perlas. Una, bien irónica si se conoce la obra del autor, hablaba de cómo le resultaba harto absurdo todo el tema de la Diada, pues se festeja a un santo maltratador de animales, como los toreros, que, con toda probabilidad, era analfabeto.

La guinda fue afirmar que, dado el hecho, quizá más que Sant Jordi debería hablarse de día del libro, algo que, en un mundo donde nadie quiere discutir de aquello importante, motivó una campaña lanzada por extremistas, los cuales pidieron retirar la Creu de Sant Jordi al escritor.

El Govern, que más bien debería preocuparse por aprobar presupuestos o por la pobreza sufrida casi por un tercio de la población, manifestó su negativa a refutar el honor al autor de La verdad sobre el caso Savolta, no sin que Sílvia Paneque quisiera cerrar el asunto diciendo que Sant Jordi es la fiesta más celebrada por los catalanes, además de proyectar a nuestra lengua y a sus escritores, olvidándose de cómo la literatura del Principado es en catalán y castellano, algo omitido en general, producto de querer quedar bien, en su caso y en el de muchos otros, con los independentistas, necesarios para corroborar proyectos varados desde hace tiempo.

Pero da igual. Es mejor discutir de banalidades. Si lo hiciéramos desde el tema libro y la celebración del 23 de abril quizá deberíamos hablar de qué literatura queremos cuando los escritores, salvo aquellos amados al ofrecer productos comerciales, se ven arrinconados durante esas largas horas por firmantes sin relación con la escritura.

La otra vertiente, ignorada por Mendoza y Paneque, es la idea naif de negocio. Libro y rosa para él y ella, desde la igualdad entre géneros, la inflación floreal y la ilusión de encontrarnos ante un país lector, una falsedad como un piano, un país donde la mesa de novedades surgen desde subvenciones o celebridades televisivas.

Y nada pasa, pues, eso tampoco lo dice Mendoza, la literatura ya no se valora para construir Democracia, un desastre sin paliativos, motivo por el cual los galardones a famosos sirven para vender y nadie se plantea como los textos podrían ser motores intelectuales.

En este sentido, lo más parecido estos últimos años fueron los manifiestos de poetas en catalán por la independencia. Signaron tantos bardos que alguien, quizá el profesor Llovet, se atrevió a proclamar que detectaba más firmas que autores de versos, sutil forma de enseñar como la operación sí, podía ser política, pero desde la voluntad de tener sillas y dineritos.

Las cosas no han variado en exceso tras el adiós al Procés. Nadie se explica como David Uclés recibió una beca Montserrat Roig o  sí, pues el alcalde, que debe ser un lector voraz, lo usó para sacarse una foto con el chico de moda, los dos con boina, muy simpáticos y majos, ambos arquetípicos de una época donde el contenido es inexistente y el Poder se apasiona por vender personajes.

¿Dónde queda el hecho literario? Josep Pla no tiene sitio en Sant Jordi pese a morir ese día de 1981 es una sensacional metáfora, así como la amnesia de este 2026 de los sesenta años de El carrer de les Camèlies de Rodoreda, Últimas tardes con Teresa de Marsé y El Quadern Gris, sí, del de la boina, pero el antiguo, del Empordà con vocación cosmopolita pese a encerrarse en su masía. Me gustaría saber qué diría de todo este disparate. Con toda seguridad esgrimiría, con razón, que este mundo siempre ha sido una calamidad que jamás quiso revertirse.

(Visited 40 times, 1 visits today)

HOY DESTACAMOS

Deja un comentario