«Se está produciendo una fractura entre Trump y el trumpismo populista»

Entrevista a Adrián Zelaia

Bluesky
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Adrián Zelaia

Adrián Zelaia acaba de publicar 'Postmocapitalismo. El asalto a la razón' (El Viejo Topo)

Profesor de Economía Aplicada en la UPV. Presidente de EKAI Group. Ha sido directivo de empresas y delegado en el Comité Asesor en Política Industrial de la UE. Colabora en diferentes medios y es autor de varias publicaciones. Ahora llega a las librerías Postmocapitalismo. El asalto a la razón (El Viejo Topo).

Postmocapitalismo, un concepto nuevo, acertado, ¿para explicar qué?

Postmocapitalismo es una abreviatura de capitalismo posmoderno. Con este término queremos explicar o analizar el ámbito sociocultural del modelo de desarrollo occidental, fundamentalmente, de los últimos 40 o 50 años. Nosotros procedemos del análisis socioeconómico, luego entramos en el análisis geopolítico, y eso es, digamos, la tercera pata. De alguna manera, el posmocapitalismo es la vertiente sociocultural de lo que el neoliberalismo ha sido en el ámbito económico o, en el contexto sociopolítico, el atlantismo y el globalismo de las últimas décadas.

¿Cómo, por qué, el neoliberalismo se apropia de la posmodernidad, cuyos orígenes se remontan a antes de mayo del 68, y que algunos califican de «mal francés»?

Desde nuestro punto de vista, no intentamos valorar el posmodernismo en sí mismo. A lo que hacemos referencia es a que, de alguna manera, los intereses corporativos lo han manipulado, lo han utilizado para sus objetivos. Tanto económicos como de control social. El posmodernismo es muchas cosas en el ámbito filosófico, artístico… Aquí no entramos. Pero sí entramos en que el posmodernismo ha sido instrumental, en la medida en que, en el entorno de las corrientes socioculturales, ha facilitado la puesta en marcha de tendencias irracionales. De ahí el subtítulo del libro: El asalto a la razón.

¿De cuándo datan estos movimientos?

Se manipulan retos sociales, objetivamente existentes, utilizando el posmodernismo para ponerlo al servicio de los intereses corporativos. Esta manipulación viene de muy antiguo. Nos podemos encontrar, por ejemplo, con la manipulación de la defensa del medio ambiente, donde ya en los años 70 tenemos el Club de Roma como un agente muy claro. Después de la Segunda Guerra Mundial, vemos como elementos de origen nazi empiezan a trasladar sus planteamientos al ámbito ecologista. En cuanto a la emancipación de la mujer, desde principios del siglo XX nos encontramos con la planificación familiar, instrumentalizada a través del movimiento eugenista, a efectos de la reducción de determinados sectores de la población. Constatamos que hay un despliegue de todas estas estrategias con el final de la Guerra Fría. Las corporaciones se creen propietarias del mundo, y todas estas manipulaciones culturales se generalizan y se profundizan.

¿Cómo es que el wokismo, entendido como variante del posmodernismo, arraiga más pronto en los EE.UU.?

Empezamos a utilizar la terminología wokista para hacer el lenguaje más comprensible, porque es algo muy extendido. Pero vimos que, en realidad, el wokismo podemos considerarlo como la última etapa, la más reciente, del posmocapitalismo. Hablamos de corrientes que son, en sí mismas, tan absurdas y destructivas que se mantienen sobre la base del consenso, el hecho de que nadie las cuestione. Pero, claro, los grupos de interés corporativo saben que, en el momento en que se cuestionen, pueden hundirse rápidamente y facilitar que surjan determinadas oposiciones, malestares sociales… Diferentes sectores sociales, de alguna manera, capitalizan este malestar ante el wokismo, el posmocapitalismo, con intereses políticos diversos. Es evidente que, en Occidente, en el ámbito político, es sobre todo el nacionalismo conservador, que se ha ido extendiendo en los últimos años, el que está capitalizando políticamente esta reacción ante el wokismo. Pero no hay que olvidar que el punto clave para hacer frente al asalto a la razón es una apuesta por la razón. Lo que nos permite detectar y diferenciar cuando hay una reacción basada en intereses generales o que puede ser también manipulada por intereses corporativos.

¿Como dice Andrea Zhok, en el wokismo casi no se habla de economía y sociedad versus justicia social…? ¿Este es un territorio reservado al neocapitalismo?

Sí. Y todo ello ha sido posible, desde los años 90, en lo que llamamos «partido único». En la práctica, sobre todo en los años 90, van desapareciendo rápidamente las diferencias políticas reales entre los grandes grupos. Y los que intentan hacer algo realmente diferente son rápidamente marginados. Continuamos hablando de izquierda, derecha, centro, pero, en la práctica, hablamos de grupos que, en todo lo estratégico, se someten a los intereses corporativos. Hablamos, por ejemplo, de izquierda corporativa, pero hemos llegado a la conclusión de que hay que cuestionar el uso de la palabra izquierda, que la estamos ofreciendo a grupos políticos simplemente porque ellos lo dicen. Estamos entendiendo por izquierda lo que se llama a sí mismo «izquierda». En el ámbito económico, los que se llaman izquierda son, en realidad, neoliberales, pero lo son más los que se reclaman de derechas. Todos ellos son posmocapitalistas, woke, pero los que se autodenominan de izquierdas lo son menos que los demás.

¿El asalto a la razón no parece, en cualquier caso, un asunto propio de dádivas marxistas, como podría parecer, sino también algo que tiene que ver con socialdemócratas y liberales?

Independientemente de las palabras y de las definiciones ideológicas que cada uno hace de sí mismo, la realidad es que cuando hay unos objetivos corporativos, en relación, por ejemplo, con el proceso de emancipación de la mujer (algo de carácter económico, y también de control social), con el tiempo todos van entrando en esa dirección. Lo mismo ocurre con la manipulación de las minorías sexuales, la emigración…

Occidente, que se referenciaba en la tradición filosófica griega y latina, y luego en la Ilustración y sus seguidores, ¿está quedando reducido a la OTAN? ¿Qué representa esta deriva militar que nos invade, de la noche al día?

Hay dos factores que coinciden en la puesta en marcha de esta dinámica. Uno es el económico, donde hay un modelo agotado. Ante esta perspectiva y a corto plazo, las estrategias de rearme son una salida, como la que utilizó Alemania en los años 20. Eso es a lo que está recurriendo la industria europea. Pero el otro factor, probablemente más importante, es la situación de pánico en la que se encuentra el poder corporativo occidental. Un pánico creciente que data de hace unos 20 años, en el que convergen el agotamiento del modelo económico al que nos referíamos y el sentimiento de imprevisión de cara al futuro que genera. Otra razón es internet, porque a pesar de este consenso político casi total que se alcanza en los años 90, de repente se ve, a principios de siglo, como una parte muy pequeña, pero creciente, de la población se desengancha del sistema precisamente a través de internet. Esto hace que se vaya convirtiendo en un enemigo para ellos. Todavía es un desenganche un poco anárquico, pero creciente. Y otro impacto, probablemente el más decisivo, es el auge de los países emergentes. Ante un modelo económico estancado, vienen los emergentes con un modelo alternativo. Ante la situación de pánico, sin alternativas claras, han intentado dominar Rusia por vía militar y económica, y no lo han conseguido. Lo han intentado, por vía económica, con China. E incluso el caso de Irán parece que no les ha salido bien. Todo ello genera una situación muy complicada y cada vez más peligrosa.

Con este panorama, ¿a qué juega la extrema derecha nacionalista, populista, más bien carroñera?

Los fenómenos del nacionalismo conservador son diferentes entre unos países y otros. Es muy interesante ver lo que está pasando en EE.UU, con el trumpismo. Está revelando que logró llevarse una parte importante del electorado moderado, incluidos demócratas, sobre la base de apelaciones de interés popular, como aquel «drenaremos el pantano», del primer mandato. Pero estamos viendo claramente cómo se está produciendo una fractura entre Trump y el trumpismo populista. Y eso se apoya precisamente en las contradicciones del posmocapitalismo. ¿Quién cataliza este malestar? En el caso de Vox, se hace, por ejemplo, denotándose enemigo de la emigración, pero sin mencionar nunca los intereses empresariales. En su asalto a la razón generan una reacción irracional.

¿Se percibe un poco de luz al final del túnel?

Estas corrientes del posmocapitalismo son tan absurdas y destructivas que sólo se mantienen si nadie dice nada. En el momento en el que se cuestionan, se hunden. Y eso está pasando en parte por el nacionalismo conservador y por los países emergentes. Y creemos que estas corrientes se cuestionarán a muy corto plazo. En los países emergentes se ríen de nosotros.

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