Se puede ser filósofo, incluso de carrera, y no entender nada de nada como le pasa a Bernat Dedéu, pensador menguante de la nómina ideológica del laportismo que, por lo que escribe, dice y maldita, también necesita al Barça para llegar a final de mes anímica y espiritualmente relajado.
Que eso siempre va bien cuando los propios y asománicos conflictos internos le producen demasiado estrés, quizá insomnio y tanta animadversión. Para estos males del alma y de una conciencia perturbadora, el Barça siempre es una excelente vía de escape, liberadora y sanadora.
Otra cosa es la causa o, para ser más precisos, el origen de este fanatismo y adoración hacia la figura de Laporta, que no puede nacer de la espiritualidad. O la provoca la suma y el efecto conjunto de la ceguera y la poderosa enajenación mediática como ocurre en la mayoría, que no parece el caso de Bernat Dedéu, o el vínculo ya hay que buscarlo dentro de esta dimensión desconocida, a veces materialista, a veces psicodélica y otras de raíz más patológica frecuentemente diagnosticada en este círculo más cercana la presidencia de ‘influencers‘.’ y notables de la sociedad barcelonesa. Trovadores del laportismo, sorprendentemente algunos con dos y tres carreras universitarias, másteres diversos e incluso rectorados.
Las elecciones recientemente capitaneadas y victoriosas por las tropas de Laporta le han ido muy bien en este sentido, ya que como terapia le ha permitido vomitar toda esta bilis y resentimiento contra Víctor Font, a quien no ha dejado de atajar y destrozar con artículos y afirmaciones al límite del delito de odio, hay que interpretar que por no haber recibido., en su momento, una oferta seria, formal y generosa para asesorarlo. Eso es a lo que suena el río de la maledicencia. Quién sabe.
Obsesión
Porque si realmente no existiera una causa de verdad profunda e irritante, la obsesión por torturarlo en cada párrafo, frase y adjetivo el candidato dos veces derrotado por Joan Laporta en las urnas no tendría sentido ni eficacia. Racionalmente, a un barcelonista de su supuesta intelectualidad y preparación académica, sólo por puro instinto, le resultaría sencillo concluir que ni en 20 elecciones Font ganaría en Laporta.
Que Font no es el enemigo, sino, por el contrario, el juguete perfecto y homologado –en ningún caso educativo– que legitima y blanquea la dictadura de Laporta, ahora irremediablemente prorrogada hasta el 30 de junio de 2031, gracias, entre otros apoyos del poder y su rebote, al pusilánime liderazgo de Font en la oposición.
Por este motivo, el fertilizado rancho exhibido por Bernat Dedéu contra Font debe ser algo personal, de origen parasitario y arraigado en alguna recóndita y dolorida herida del pasado. Lo confirma la radiografía de este postureo presidencialista suyo, el del tal Dedéu, tan poco trabajado y trivial, teatralizado con argumentos extraídos de los más elementales y menos inteligentes tópicos del refrán laportista.
Laportismo vulgar
Su laportismo es vulgar, indocumentado por definición y alineado con el no menos populista «contra todo y contra todo y contra todo el mundo» del pequeño dios en cuyo credo ha elegido seguir hasta nueva orden y a quien sirve desde una supuesta élite mediática. Eso sí, recurriendo simplistamente a los mismos claims y a los tics de los bots laportistas que masacran en las redes.
Hasta el extremo de confundir a cualquiera que no sea de la misma secta, quien no adopte ante Laporta la misma postura genuflexa y servil suya, con el propio Satanás.
Nervioso, resentido e insatisfecho a pesar del abrumador resultado electoral, sufriendo lo que vendría a ser una mensa de ‘mono’ laportista, una complicación frecuente de esta adicción a un líder tan hologramático e insatisfactorio en el fondo, Dedéu acaba de insultar a una serie de barcelonistas como Joanjo Pallàs, Emilio Pérez de Rozas, Viladomat Carol, Ernest Folch o Danae Ribagorçana, del gremio periodístico, en un artículo poco sospechoso de ser un descuido repentino o un delirio provocado por la abstinencia.
En el artículo, publicado en el digital elnacional.cat, los califica de «caterva de plumíferos deportivos profundamente indocumentados que ya escupían la misma bilis contra Cruyff y Guardiola» y los engloba en un mismo colectivo bajo el título ‘Los otros Víctor Font’ con la pretensión de insultarles y someterlos al castigo y la furia sanguinaria y peleadora de las redes de régimen.
Poco que añadir a la estupidez y ridícula soberbia por parte del autor de insultar e incomodar a quien, los mencionados en el artículo, van sobrados de independencia en su ejercicio profesional y que, por tanto, seguirán su camino informando y opinando como siempre al margen de la represión de la Gestapo laportista.
Dos precisiones
Sólo dos precisiones. Una: Bernat Dedéu, sí se beneficiará de la amplitud de miras y del elevado sentido de la pluralidad y del respeto a la libertad de expresión de los medios a los periodistas de los que ha desacreditado, que lo seguirán entrevistando y contratando como hasta ahora.
Lo contrario del castigo que, desde el podrido corazón de la maquinaria laportista en materia de comunicación, impone al disidente, es decir, a cualquiera que discrepa o se sale del guión. Censura, arrinconamiento, acoso e incluso despidos son la respuesta habitual de la policía laportista que Dedéu tan agusto representa y es sheriff.
Y la segunda: cuando alguien carga con esa agresividad y animadversión contra una firma como la de Joanjo Pallàs (jefe de deportes de La Vanguardia), exponente de la corrección más exquisita en las formas y de la objetividad más acreditada, es porque le debe hacer mucho daño que cada sílaba de sus artículos se le clave como un cuchillo afilado de honestidad. Para Bernat Dedéu es el mismo sufrimiento que para un vampiro de los malos, de aquellos de las películas de serie B, supone comerse una cabeza de ajo, recibir el saco de una bala de plata y que le claven una estaca en el corazón. Debe ser insoportable.











