Como no podía ser de otro modo, el anuncio del nuevo acuerdo del FC Barcelona con Nike ha llegado envuelto en circunstancias extrañas y en un formato y condiciones que llaman poderosamente la atención. La principal es la admisión de que la lluvia de ingresos proporcionada por el acuerdo -se habla de 1.700 millones- no soluciona el bloqueo del margen salarial que padece el Barça de Joan Laporta desde hace dos años y medio, de forma que sigue siendo perentoria, apremiante y desde luego ridícula la situación de inscripción provisional del fichaje estrella de la temporada del Barça, Dani Olmo, que aún no tiene asegurada la continuidad de su ficha más allá del 31 de diciembre.
La razón es que el incremento anual forma parte del ordinario, de un contrato que ya existe y que, por tanto, no puede considerarse un patrocinio nuevo o distinto del ya existente como fabricante y comercializador mundial de la camiseta y el negocio del retail azulgrana, y que el famoso signing bonus de 100 millones, que sí que podría socorrer el maltrecho fair play financiero del FC Barcelona, se prorratea, según las normas contables, a razón de una cantidad anual que fluctúa según las versiones, aunque parece claro que supondrá unos 10 millones por temporada a lo largo de todo el contrato.
Cabe suponer, pues, que en aplicación de la misma dialéctica de la relación Barça-Nike desde hace 30 años, marcada por la necesidad de anticipar cada vez con mayor premura la ampliación de condiciones, normalmente dos años antes hasta ahora y con cuatro años en el caso de la impaciencia y el nerviosismo de Laporta, estos 14 años de contrato que la directiva propondrá aprobar a la asamblea se le van a hacer infinitamente largos al Barça y serán inversa y extraordinariamente beneficiosos para Nike. Este escenario final será inevitable, pues se ha dado y repetido, de hecho, en cada otoño de los sucesivos acuerdos desde 1998 y constituye el gran botín para el patrocinador que, por primera vez en la historia, se asegura una explotación para los próximos 14 años. Una barbaridad en términos de patrocinio.
La segunda y no menos curiosa situación deriva de la propia circulación de la noticia, filtrada a los medios el jueves por la tarde, aunque en ningún caso recogida por los medios del club ni tampoco transformada en una nota oficial en un primer momento, pese a haber sido la consecuencia de un acuerdo de junta directiva. Al menos, la información facilitada a los medios aseguraba que Laporta convocó con carácter de urgencia y telemáticamente a su junta para someter a su aprobación las condiciones del acuerdo, una luz verde que al presidente no le costó conseguir.
Esa duda sobre por qué no se produjo, de salida, una confirmación oficial la despejó el mismo relato, facilitado en el sentido de que la propuesta aprobada es la que al Barça le gusta y que “ahora debe aceptar Nike” para proceder a la redacción final de los contratos, la redacción de un comunicado conjunto y la organización de un acto protocolario, publico y mediáticamente llamativo de ese feliz acuerdo, tan largamente esperado y aludido desde la presidencia. Como Nike aún no había devuelto el papeleo completo, Laporta quería ir con pies de plomo y compaginarlo con la urgencia de que hubiera una confirmación previa y de este modo aplastar y silenciar con el titular de los 1.700 millones que otro intermediario amigo de Laporta, Darren Dein, se va a llevar un buen pellizco de comisión por el simple hecho de haber participado en las reuniones finales.
No fueron una casualidad, sino todo lo contrario, las prisas y el atropello con el que actuó la junta el jueves pasado horas después que trascendiese la bochornosa intermediación entre la junta de Laporta y Nike de Darren Dein, el mismo amiguete de Laporta que ya cobró una generosa comisión por su participación en el acuerdo de patrocinio con Spotify. El diario Ara había publicado esa misma mañana los detalles de su triunfal entrada en las negociaciones, entre ellos la sugerencia por parte del presidente de que Nike se hiciera cargo de su comisión. La respuesta de Nike, más allá de mostrar su extrañeza por la presencia de un negociador ajeno al Barça y de no entender la necesidad de esa figura después de tantos años de relación directa con los directivos y los ejecutivos del club, fue negativa, interpretando que si su papel en la mesa de negociaciones se debía al deseo del Barça, para ser exactos por la voluntad del presidente, esa comisión debía abonarla la parte azulgrana en todo caso. Como así será.
La escandalosa revelación, confirmada por fuentes de Nike, también llegó acompañada de una información que, si bien daba por seguro que tarde o temprano ambas partes alcanzarían un acuerdo, no se esperaba que fuera todavía inmediato, ni mucho menos, porque faltaban flecos y porque la multinacional americana no tenía prisa ninguna en acelerar la firma. Por la tarde se producía esa filtración masiva sobre el acuerdo (solo por parte del Barça, tan raramente) que, en ningún caso contenía un desmentido sobre la presencia y lucro incorporado de Darren Dein en las conversaciones.
Por descontado que los titulares, los debates y los comentarios en medios y redes se los llevó ese deslumbrante contrato que ahora lo parece bastante más de lo que acabará siendo con el tiempo, en este caso aún más por su exagerada prolongación, de hasta 14 años. De la sorprendente intervención e inexplicable presencia de intermediario, ni una línea. Cuando llegue el momento, seguramente Laporta ponderará que su entrada en escena fue el acelerante del acuerdo. A veces las comisiones, en este caso una millonaria, hacen milagros.











