Las tres corbatas…

Salvo Josep Lluís Trapero, que Salvador Illa se sacó de la manga entrada la madrugada, lo que iba a ser el debate de los debates, aquel que debía señalar el camino al gentío de indecisos, resultó insulso, sin ningún otro truco de magia que el mencionado. Tan anodino que me distraje contando corbatas; de los ocho candidatos, seis hombres y dos mujeres, sólo tres escogieron llevarlas: el aludido Illa, Pere Aragonès y Josep Rull. El resto optó por un estilo más informal -artículo aparte merecería la elección de Carlos Carrizosa, que, probablemente, quería resplandecer antes del ocaso-. Llama la atención que fueran precisamente ellos, los tres tenores de los partidos con posibilidades reales de llevarse la presidencia, quienes se pusieran corbata.

Fue el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, quien, a finales de julio de 2022, en plena canícula, dio la estocada final a un complemento en horas bajas. La excusa perfecta fue el ahorro energético. Sánchez apareció sin corbata y recomendó a sus ministros que hicieran lo mismo, si la ocasión no lo requería. Y hacía extensiva la recomendación a todos los funcionarios y altos ejecutivos del sector privado. Todo esto –decía Sánchez– para ahorrar energía. Sea cierto o no el ahorro, desde ese día, y desde antes, la corbata ya no es lo que era y, poco a poco, ha ido desapareciendo de los cuellos de nuestros políticos, y de la sociedad por lo general.

No sé si la excepción a la que se refirió Sánchez aquel 29 de julio de hace dos años, “si la ocasión no lo requiere”, es a la que se han cogido Illa, Aragonès y Rull para ponerse corbata en el debate electoral de TV3 y Catalunya Ràdio. Fácilmente, pensaron quizás que la figura de presidente de la Generalitat bien merece el adorno, que la corbata institucionaliza. De los tres, sólo Aragonès ostenta el cargo; Illa, con las encuestas de cara, aspira, y Carles Puigdemont delegó en Rull sus anhelos, y la corbata.

Antes, los Beatles llevaban corbata, y con ellos, tantos otros. Era un toque de distinción, de señalar un status. Pero los tiempos cambian, y lo de querer aparentar se ha relajado un poco. Ahora, llevar corbata puede incluso suponer un obstáculo a la hora de establecer relaciones personales, que cada vez se confeccionan de manera más informal. No lo interpretan así Illa, Aragonès y Rull; veremos cuál de las tres corbatas acaba imponiéndose, o si hay pactos de corbatas, o tríos…

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