«Estamos ante el principio del fin del turismo barato como modelo»

Entrevista a Ernest Cañada

Ernest Cañada

Investigador postdoctoral en la Universitat de les Illes Balears. Miembro fundador de Alba Sur, colectivo de investigación y comunicación para el desarrollo. Es autor, junto con Iván Murray, de Turistificación global y, con Carla Izcara, de Turismo de proximidad. Un plural en disputa. También ha publicado Las que limpian los hoteles. Ahora sale en las librerías El malestar de la turistificación (Icaria).

¿Malestar entre quién y por qué?

La idea del malestar por el mismo proceso de turistificación y sus efectos, que en lugares como Barcelona se visibiliza claramente, a partir del año 2014, cuando se rompe el consenso sobre las bondades del turismo. Es una cosa que en otros lugares se experimenta, más o menos, al mismo tiempo. Tiene que ver, en parte, con la expansión turística en el ámbito urbano, que se produce a partir de la crisis de 2008. Hubo entonces una aceleración del proceso de turistificación, de sobrespecialización turística, que lleva asociados un montón de problemas. Al principio, una cosa muy obvia, en los medios de comunicación se hablaba de los ruidos, del malestar… Era una parte de la cuestión, pero, asociados a esta, teníamos problemas que tienen que ver con el encarecimiento de la vivienda, el coste de la vida en general, el transporte, la pérdida de tejido comercial de proximidad… Un montón de dificultades que iban aparejadas al desarrollo turístico. A partir de 2015, el movimiento de las Kellys, las camareras de piso, pone de manifiesto el otro malestar asociado al turismo: el de unas condiciones de trabajo muy precarias.

¿Inquietud que en el libro trasladáis al ámbito intelectual, en el campo de la reflexión y la búsqueda de alternativas?

El otro malestar tiene que ver con el mismo pensamiento crítico, en relación con el fenómeno turístico. Está asociado a la incapacidad de entender qué está pasando con una actividad que se ha convertido en el principal motor de la economía. Hay cierta incomprensión, sobre todo por parte de la izquierda, de cómo entender el turismo. En el libro nos planteamos cómo profundizar en un fenómeno, más allá de las acciones reactivas (cosa que es absolutamente necesaria), que exige pensar más sobre una actividad que se ha convertido en el eje de la economía y que estructura buena parte de la sociedad. Tema que supone buscar autores y autoras que vienen de las diferentes tradiciones críticas del análisis del capitalismo, que nunca habían hablado de turismo, para ver qué nos pueden aportar para entender mejor las características de un fenómeno tan importante.

Mirando, por ejemplo, a Venecia, ¿cuáles son, en general, las amenazas más graves que comportan los actuales modelos de desarrollo turístico?

El turismo, como pasa con otras actividades, tiende a especializarse en un territorio. No por la maldad intrínseca de la actividad, por encima de otras. Cuando en un territorio hay un nivel de especialización basado en la lógica de acumulación y reproducción del capital, se acaban produciendo efectos muy perversos. Generalmente, como una combinación de muchos de estos, hay un efecto de desplazamiento de población, conocido como gentrificación, vinculado a los precios de la vivienda. Hay efectos que tienen que ver con la pérdida de tejido comercial, con la masificación del transporte, la precarización laboral… Pero, más allá de esto, también estamos en un cambio de época en el turismo. Hemos vivido la crisis del covid, que ha sido la más dura que ha sufrido el turismo desde su nacimiento como actividad moderna, desde la Segunda Guerra Mundial. Una manera de interpretar esta crisis, que han hecho los empresarios y la clase política, es considerarla un accidente: esto ha sido muy grave y lo que hay que hacer es recuperar el terreno perdido, y olvidarse de innovar en cuestiones como la sostenibilidad. Es decir, lo que ahora toca es poner todos los medios para continuar creciendo, que es lo que han hecho. El efecto es que continuamos batiendo los récords previos a la pandemia. Hemos profundizado en la turistificación.

Ante esta inercia, digamos desarrollista, ¿qué soluciones se podrían buscar?

Otra manera de interpretar la crisis, que intentamos dibujar en el libro, es que, más allá de un accidente, tiene que ver con una advertencia, una alerta, ante la vulnerabilidad que nos genera la sobrespecialización en una actividad que no podemos controlar. Lo que estamos viendo es que el turismo es un sector muy afectado por diferentes elementos críticos, que tienen que ver con la forma con la que ha funcionado la industria en las últimas décadas. Una cosa vinculada con la crisis climática, energética, geopolítica… Todos estos elementos generan incertidumbre sobre el funcionamiento del turismo. Estamos ante el principio del fin del turismo barato como modelo. Entre las opciones que se presentan está, como indicaba, seguir haciendo lo que se ha hecho siempre. En grande: promoción, acontecimientos, infraestructuras, ampliaciones de puertos y aeropuertos…

¿Hasta qué punto resulta posible compatibilizar los grandes intereses turísticos con los de la gente de la calle, los residentes de las zonas turistificadas?

Otra vía, que está muy vigente, es tratar de captar turistas de alto poder adquisitivo. Una cosa que significa que están entrando en competencia ciudades y territorios para llevarse este turismo. Mallorca, Barcelona, Ámsterdam, Málaga, Venecia…, están en una lógica de intentar llevarse al turismo de élite. Una cosa que tiene el problema fundamental de que no hay ricos para todo el mundo. Esto significa que hay que invertir muchos recursos públicos para promover este tipo de reconversión del turismo, en lugar de destinarlos a favorecer las necesidades de la mayoría de la población, también en términos turísticos. Reorientar el turismo no al servicio de la acumulación del capital, de los más ricos, sino de las necesidades y derechos que tiene la mayoría de la población. Cosa que significa repensar el turismo en términos de proximidad, turismo social, infraestructuras públicas para el goce de la gente… Es decir, cómo podemos salvar el turismo del mismo capital.

¿Qué se puede decir de la metamorfosis del turismo, que incluye el denominado de negocios, sanitario, de cruceros…?

No hay un solo tipo de turismo. Según la definición canónica, turismo es aquello que implica un desplazamiento del lugar de residencia, entre una noche y menos de un año. Aquí entra todo. No tiene que ver con la imagen clásica, asociada al ocio. Lo que existe son muchísimos nichos, asociados a diferentes actividades. Lo importante es analizar quién está viajando, para hacer qué, en qué condiciones… En qué marcos ecológicos situamos esta actividad, que nos permitan que el planeta aguante o no. Los nichos superespecializados para ricos tienen que ver con la lógica elitista de la actividad turística. En cualquier caso, sea de una cosa o de la otra, de lo que se trata es de cómo conseguir gente que gaste más. Cosa que no significa que se redistribuya mejor.

Y de la cara oscura, podríamos decir delincuencial, del turismo, ¿qué se puede decir?

Esto es parte del fenómeno, pero creo que hay más parte de criminalidad asociada a los movimientos de capital, formas de ocultación, evasión de impuestos…, que a otros fenómenos. Tampoco se puede atribuir la delincuencia al turismo, en sí mismo. Las dinámicas de desigualdad de sexo, raza, consumo… acaban reproduciéndose también en el turismo. Últimamente, Ámsterdam ha hecho campañas de marketing negativo, recomendando a los jóvenes ingleses que no vayan por el cannabis. En la lógica de la competencia, buscan cómo especializarse, no para acabar con el consumo de cannabis, sino para derivarlo hacia un público con un poder adquisitivo más alto. A todo esto se puede dar una pátina de responsabilidad, sostenibilidad.

En cualquier caso, al gran dinero, al capitalismo industrial y financiero, ¿el turismo le debía de parecer una cosa irrelevante, desde el punto de vista del negocio?

Esto es lo que hemos sufrido durante muchos años. En nuestro trabajo parecía que nos dedicábamos a temas menores. Pero con la importancia que ha llegado a tener el turismo, o empezamos a pensar de verdad o lo pagaremos. Ciudades como Barcelona están determinadas por la actividad turística. Lejos de ser un tema menor, constituye una cuestión central en el funcionamiento de nuestra sociedad. Y las izquierdas, cuando se han visto con poder institucional, tampoco han sabido qué hacer con el turismo. Como mucho, evitan que les estalle. No hay políticas claras de control del turismo y tampoco se sabe qué hacer con el turismo de cara al futuro. Una cosa que empieza por plantear qué hacemos con los recursos que proporciona el turismo, poner límites a los consorcios, a la promoción internacional, a las infraestructuras de acogida… Más control fiscal y laboral.

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