La sequía provoca un cambio de especies en los bosques, y hay que incluso pueden desaparecer

Los ejemplares de pino piñonero pueden acabar siendo sustituidos por otros tipos de árboles, como las encinas o los robles, y predominarán las formaciones vegetales más arbustivas

El parc de Collserola ha de fer tales preventives de pins afectats per la sequera per evitar el risc de caiguda i possibles incendis

La sequía crónica que afecta los bosques catalanes está provocando una transformación imparable. En declaraciones a EL TRIANGLE, Paco Lloret, investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) y catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona, considera que “la transformación que están viviendo los bosques es el resultado de este periodo largo de sequía y se tiende a un contexto de más aridez”. Fruto de una carencia de agua que ya no es puntual, sino crónica, “se está viendo que todas las especies de los bosques son vulnerables”. Si bien hay especies que aguantan mejor la sequía, como podría ser el pino blanco, hay constancia que al macizo del Garraf se está secando, según el experto en bosques.

Los abetos del Pirineu también están experimentando episodios de mortalidad. En el caso de la encina, que es un árbol muy resistente, se están detectando defoliaciones importantes, a pesar de que sería la especie más resiliente y tolerante a estas condiciones de aridez y a esta tendencia climática.

La especie que se muestra más vulnerables al contexto actual es el pino piñonero, que no solo se ve afectado por la sequía, sino también por las plagas, acentuadas por las altas temperaturas. Según Paco Lloret, hay ejemplares muy afectados en el Maresme y también en la zona de Collserola. Es una especie muy extensa en nuestro territorio porque se han plantado mucho en el Mediterráneo, e incluso se ha usado mucho en Doñana.

En el caso del Parque Natural de Collserola, Joan Vilamú, jefe del Servicio de Medio natural y Territorio del parque, explica a EL TRIANGLE que hace años que se está viendo su fragilidad. “En los últimos años ya no ha habido brotes nuevos de pino piñonero; algunos no han brotado en todo el año; otros ya han empezado a secar hojas, tranquillones y ramas, por este orden. Desde la parte más extrema del árbol, como es la hoja, hasta el tronco. En función de la intensidad de la sequía, también estamos viendo que se está secando más o menos la parte aérea del árbol. Si ahora vinieran lluvias, algunos podrían rebrotar, pero los pinos no son rebrotadores, y una vez marcan que están secos ya se pueden dar por muertos”. Para Joan Vilamú, “una buena parte de ejemplares de pino piñonero nos está desapareciendo del parque”.

Ante este escenario, el jefe del Servicio de Medio natural y Territorio del Parque de Collserola deja claro que vivimos “una adaptación de la biodiversidad del parque, que provocará un cambio de especies”. Según afirma, “algunas desaparecerán o disminuirán su población, mientras que otras irán cogiendo estos espacios. Lo que eran bosques de árboles se pueden acabar convirtiendo en hábitats arbóreos con matorrales y prados secos. Tenderemos a formaciones vegetales más bajas, y esto es un cambio del paisaje”.

La situación constante de cambio en el bosque es habitual, pero hay periodos de más aceleración. Cómo relatan desde el parque, “hace 35 o 40 años, buena parte de la superficie era un pinar de pino blanco, un continuo con un sotobosque desarrollado con encinares, robles, arbustos y algunas otras especies de árboles acompañantes. Con las abanicadas y nevadas del 2010 ya cayeron muchos pinos de estos, y el ciclo natural de pasar de pinares a encinares pasó de golpe. El pinar, cuando se pierden los árboles adultos, es muy difícil de volver a recuperar, porque los pinos se reproducen por semilla, pero las encinas y los robles lo hacen tanto por semilla como por rebrote. Por lo tanto, cuando caen los pinos grandes, les cuesta más de salir. Con los incendios del 1994 o las abanicadas del 2010 ya se produjo una transformación del paisaje a pequeña y media escala”. Ahora se vuelve a vivir un periodo de cambio importante.

Fruto del momento de cambio, aparecen ciertos riesgos que hay que tener en cuenta. Uno de ellos es el riesgo de incendio.

Joan Vilamú detalla que ahora en el parque “hay una pandilla de árboles moribundos, secos o que acaban de morir”. En este momento, a causa de la situación de estos árboles, “hay un riesgo más elevado de velocidad de propagación del incendio”. Otro riesgo a valorar son las plagas, favorecidas por hábitats más degradados, y también la entrada de especies vegetales invasoras, según comenta el experto.

La vulnerabilidad más grande de todas las especies, a causa de la sequía crónica, también afecta la floración. A pesar de que se ha avanzado a causa de las altas temperaturas, “con la sequía, hay menos floración en general”. De hecho, los apicultores ya han alertado que la producción de miel ha bajado, hasta una cuarta parte, porque “no había flores, no había polen y las abejas no tenían. No hay tanta producción de néctar y esto afecta la producción de miel”.

Cuando la lluvia registrada en el parque se ha reducido más de la mitad, pasando de una media de 600 litros anuales a 300 desde el 2021, no solo crece la precariedad de la masa boscosa, sino que las fuentes de agua, famosas en el parque gracias a la gran presencia de roca pizarra que permitía retener mucho el agua, casi se han perdido. Según Vilamú, Collserola se conocía mucho por las fuentes, siempre se ha hablado de unas 250 fuentes o incluso más, y “ahora nos hemos encontrado que en los últimos dos años, se han secado buena parte de las fuentes que todavía manaban”.

Para el catedrático y experto en bosques Paco Lloret “hay que acompañar los bosques en su transformación, porque somos responsables de lo que se ha hecho. Revertir o parar el cambio climático es el primer paso”. Hay que mantener la multifuncionalidad del bosque a largo plazo, porque protegen los suelos; alojan la biodiversidad; nos proveen de productos y ayudan a regular el clima, entre otras cosas.

Puedes leer el artículo entero al número 1566 de la edición en papel de EL TRIANGLE.

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