La trama rusa del ‘procés’ no existió, pero haberla la hubo

Llevamos muchos años con gran parte del periodismo catalán ocultando la realidad en lo que respecta al mundo independentista. Es un mundo que a menudo va desnudo pero los medios de comunicación públicos y privados unidos por la causa nos lo venden siempre como bien vestido y envuelto de preciosas y brillantes banderas esteladas.

Da igual cuál sea la realidad, estos medios convencidos o comprados con subvenciones y ayudas estructurales la distorsionan para hacer ver lo que no es o esconder lo que les molesta.

El último ejemplo de esta tomadura de pelo a la ciudadanía y de vulneración absoluta del Código deontológico de la profesión lo tenemos en la trama rusa del procés. Ocurre como con los ciudadanos estadounidenses que creen que Joe Biden hizo trampa en el recuento de votos para conseguir la presidencia del país o que los humanos convivieron con los dinosaurios. La trama rusa del procés no existió, es un invento de la policía patriótica, las cloacas del Estado o algunos periodistas y medios anticatalanes. Y muchos catalanes se lo creen y lo van repitiendo por las redes sociales.

Carles Puigdemont se reunió un par de veces con emisarios rusos en el Palau de la Generalitat horas antes de proclamar la independencia de Catalunya. Envió a su consejera de Presidencia, Elsa Artadi, a reunirse con algunos de estos emisarios en la cafetería del Hotel Colon, junto al Palau. Víctor Terradellas, como responsable de Política internacional del partido de Puigdemont, se relacionaba con unos personajes venidos de Rusia que le ofrecían miles de millones de euros y soldados si era necesario para echar una mano al independentismo. Siete espías rusos se pasearon por Cataluña durante los años más tensos del procés. Se han publicado sus nombres y los vuelos de entrada y salida en Cataluña. Un periodista de Komsomolskaya Pravda, Edvard Chesnokov, publicó desde Moscú más de veinte artículos de apoyo a la causa independentista en El Punt Avui -diario que todavía hoy luce un lazo amarillo en su portada- y dejó de hacerlo dos días antes de la invasión rusa de Ucrania. Josep Lluís Alay, el jefe de la Oficina de Puigdemont se fue a Moscú en busca de apoyos para la causa independentista y se retrató en el local de Komsomolskaya Pravda bajo una gran fotografía de Vladimir Putin.

El diario ARA batió el récord de la hipocresía periodística al titular un editorial «La farsa de la trama rusa del proceso llega a Europa» y terminarlo diciendo que si alguien había participado en esta trama se había equivocado.

Ya ven: la trama rusa fue una farsa. No existió. Pero haberla la hubo. Como las meigas.

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