Ya hace dos décadas que la tecnología ha generado fuertes cambios en el sistema educativo, y hemos visto en los últimos años como las clases se llenaban de ordenadores portátiles, de campus virtuales o de pizarras digitales. Ahora bien, la aplicación de la inteligencia artificial generativa acontece una auténtica revolución desde la educación primaria, pasando por la secundaria hasta llegar a la formación universitaria y empresarial. En declaraciones a EL TRIANGLE, Desirée Rosa Gómez, especialista en innovación en el Observatorio de Tendencias Educativas e innovación en la eLinC de la UOC, afirma que estamos ante un auténtico “tsunami”, que genera oportunidades en el campo del profesorado, el alumnado y de los procesos de gestión educativa.
Numerosas instituciones están estudiando como implementar los sistemas de inteligencia artificial (IA) en la educación. Tanto la Unesco como la Comisión Europea o el Parlamento de la UE han desarrollado documentos sobre marcos estratégicos, recomendaciones o políticas a desarrollar, y todos estos organismos ven la implementación y el desarrollo de esta tecnología digital como un reto complejo, e incluso el Parlamento Europeo define la IA como “tecnología de alto riesgo”. Por este motivo, consideran que tiene que estar sujeta a requisitos más estrictos sobre seguridad, transparencia, equidad y responsabilidad. Cuando todavía existe una amplia brecha digital en nuestra sociedad y se debate sobre el uso del móvil en las aulas, entra con fuerza una nueva tecnología que tendría que ayudar a integrar estudiantes con más dificultades de aprendizaje y no a incrementar todavía más la brecha existente.
De hecho, una de las potencialidades de la IA para el alumnado es la capacidad de generar contenidos personalizados adaptados a cada alumno y a disponer de asistencia personalizada en todo momento. Algunas de las herramientas que se desarrollarán con fuerza son sistemas de tutoría inteligentes en función de las dificultades del alumno o apoyo a las tutorías fuera del aula. La presencia de avatares en las clases o bien generaciones de robots son opciones viables con esta tecnología.
Según Desirée Rosa Gómez, la IA permitirá ayudar a “reforzar conceptos, formular dudas, trabajar el uso de los idiomas o disponer de programas que ayuden a crear imágenes y recursos para mejorar la presentación de un trabajo”. Siempre, pero, bajo la supervisión y la ayuda del profesorado y el entorno familiar. Para la experta en la UOC, “la clase ideal sería aquella en que se combinaran las bondades de la tecnología inteligente con el aspecto humano”. Los puntos fuertes del profesorado son el fomento del pensamiento crítico, promover las habilidades socioemocionales, generar análisis críticos de los datos y, en definitiva, situar el alumnado como eje principal de la experiencia del aprendizaje con todas las herramientas disponibles.
Con relación al profesorado, la IA tiene que ser un apoyo, pero nunca un sustituto. Cómo manifiesta la UNESCO, “la IA se tiene que utilizar para aumentar y amplificar las capacidades humanas, no para reemplazarlas”. Por este motivo, las tareas a desarrollar con IA a favor del trabajo del profesorado tienen que ser programas que “permitan al docente disponer de más tiempo para hacer tareas cognitivas de nivel más alto”, y reducir la carga de trabajo y robotizar las tareas más rutinarias, según Desirée Rosa Gómez. Estamos hablando de herramientas que permitan sistematizar la redacción y el envío de correos con respuestas determinadas; automatizar preguntas frecuentes; adaptar textos muy densos al nivel educativo del alumnado, o bien transcribir audios a documentos escritos para facilitar el trabajo. Según la especialista consultada, “esto le permitiría tener más tiempo para dedicarse a la personalización de los estudiantes y otros tipos de dudas más trascendentes en la hora de evaluar”.
A pesar de que la IA avanza con mucha rapidez y el programa ChatGPT ha levantado todas las alarmas, Gómez alerta que “estamos en una fase temprana y de implantación a nuestro sistema educativo”. Así como en la primaria se hará un uso más experimental y servirá para tener contacto con las TIC y coger habilidades en el campo digital, la gran preocupación se sitúa en la educación superior. “Hay miedos sobre la privacidad, la seguridad y también el copyright. La preocupación principal dentro del mundo educativo superior es la democratización del plagio, puesto que la IA lo pone al alcance de todos los estudiantes”, afirma. Esto obligará el sistema educativo universitario “a reforzar toda la parte de la evaluación, teniendo más en cuenta las habilidades y el aprendizaje continuo y no tanto la evaluación sumativa para poner la nota”.
Para conseguir esta transformación, son necesarios planes de alfabetización de inteligencia artificial tanto para los docentes como para la sociedad. El tsunami de la IA se extiende a múltiples usos de la vida diaria, como los teléfonos móviles, los vehículos o la domótica del hogar. El reciclaje y el aprendizaje son importantes para entrar en contacto con la IA”, y el profesorado se tiene que adaptar deprisa, “porque sus estudiantes ya lo están utilizando”, asegura. Las instituciones también se tienen que poner a trabajar, y harán falta ayudas públicas para formar la población. “Todo el mundo tendrá que hacer reciclaje, y hay que estar al día de todas estas herramientas”, concluye.
*Puedes leer el artículo entero en el número 1561 de la edición en papel de El Triangle.












