Vitor Roque, el nuevo Neymar, no tiene ningún Jordi Cases que le pueda acosar

Llega de la mano de André Cury como Keirrison y Henrique y nadie de la ‘oposición’ llevará su fichaje a la Audiencia Nacional, aunque costará más que el fichaje de Rosell, robado a Florentino, Laporta no ha tenido que pujar por él contra ningún club

Joan Laporta

Algunas fuentes señalan que el coste aproximado de Vitor Roque, el joven goleador brasileño que se ha traído Joan Laporta para intentar encubrir las perceptibles señales de decadencia de Robert Lewandowski, será de unos 70 millones de euros entre el fijo (30 millones), las variables (31 millones) menos variables de la historia, pues también ha trascendido que se han disimulado para driblar las limitaciones salariales del Barça de Laporta, y el coste de unas comisiones que, más tarde o más temprano, verán la luz.

Las condiciones de su contratación han generado controversia y sospechas que, en circunstancias normales, o sea si se tratara de una operación realizada por cualquier otra  directiva, provocaría que un socio cualquiera como hizo Jordi Cases en su día, además de exigir explicaciones al detalle y acusar a la junta de opacidad y mala praxis, presentara ante la Audiencia Nacional una querella por administración desleal, corrupción entre particulares, estafa y un largo etcétera de cargos con la exclusiva finalidad de defender el prestigio y la imagen de un club histórico como el Barça. Jordi Cases firmó en su día su famosa querella movido por su irreprimible afán de proteger la institución de un fichaje como el de Neymar, considerado indiscutiblemente en aquel momento el segundo mejor jugador del mundo detrás de Messi, al que ya se había enfrentado en la final del Mundial de Clubs con la camiseta del Santos, o sea después de haber conquistado la Copa Libertadores proclamándose campeón de Sudamérica.

Esta situación no se reproducirá, sin embargo, con un futbolista como Roque, aunque devengue un coste superior, los contratos hagan sospechar un festival de cambalaches y el futbolista no haya pasado de destacar en su club, el Athletico Paranaense, sin que su explosión le haya conducido a la Selección de su país a pesar de la crisis de juego y de goles que atraviesa. Vitor Roque, a diferencia de Neymar, por quien el Real Madrid, Florentino Pérez en persona, ofreció el triple al jugador y al padre hasta el último momento, ha sido comprado, igual que el resto de los fichajes de Laporta, sin competencia en el mercado por más que desde el propio club se haya filtrado que otros clubs también participaban en la puja por el jugador.

Laporta, de hecho, no podía ni plantearse su fichaje por tener excedido el margen salarial de LaLiga, que le ha permitido adelantar su llegada gracias a un truco consistente en un contrato provisional hasta junio por el 80% de la ficha de Gavi, lesionado de larga duración. Su inscripción hubo de retrasarse inicialmente a junio de 2024 precisamente porque no había hueco para su ficha y la parte proporcional de su traspaso, de momento sobre los 30 millones de euros de salida, con un contrato de siete años hasta la temporada 2030-31 y una cláusula de 500 millones.

En su fichaje ha resultado clave la figura del representante de Roque, André Cury, vinculado como empleado al FC Barcelona en Brasil durante muchos años y factor clave en fichajes como el de Neymar, pero también en otros ruinosos (el último Matheus Fernandes, que apenas jugó y acabó demandando al club por despido improcedente). Por ese motivo, porque con Rosell y Bartomeu, su situación era transparente, cobrando un fijo anual por sus actividades y operaciones, Laporta lo echó a patadas, reiterando que durante su mandato no habría comisiones y que si las había se explicarían y detallarían. Por el despido cobró 6,6 millones.

Razón de más, a la vista de su modus operandi desde volvió al palco del Camp Nou, para temer por las sombras de ese regreso por la puerta grande de André Cury, otro de esos magos capaces de colocar jugadores de bajo perfil inverosímilmente en los equipos de altura y de prestigio. Cury controlaba Traffic, agencia principal de jugadores en toda Sudamérica, cuando Laporta tuvo aquella ocurrencia de fichar a Keirrison y Henrique por 22 millones de euros en el tramo final de su anterior presidencia, cerrada con pérdidas de 84 millones el último ejercicio.

Como una de esas viejas bandas de rock que vuelven, Laporta y Cury han encontrado el estímulo perfecto en torno a la figura de Vitor Roque para reconciliar sus diferencias y volver a trabajar en armonía y compenetrados como nunca. Tanto que, pese a la baja de Gavi, un centrocampista de perfil único, con tanto talento como energía y capacidad de lucha, la secretaría técnica ha apostado por reforzar al equipo con un hombre-gol y no con un futbolista de mayor capacidad física y de contención.

Sobre Vitor Roque, en cualquier caso, su coste superará el de Neymar que, reconocido por los jueces, por Hacienda y por varias sentencias fue, después de todo, de 57 millones, incluidos los contratos complementarios con la sociedad familiar y con el Santos brasileño. Gracias a Jordi Cases, eso sí, el club tuvo que abonar una multa de 3,5 millones por no haber liquidado en el momento de su fichaje una buena parte de ese gasto como salario, y eso a pesar de que cuando se firmaron Neymar jugaba en Brasil y no en el Barça y de que Hacienda nunca observó incidencia alguna en la liquidación de su contrato con el Barça hasta mucho después de su aterrizaje en el Camp Nou, sólo cuando la propia Audiencia Nacional, al borde de la prevaricación, hubo de quitarse el caso de encima, por incompetente, inventando una acusación de delito fiscal en base a la cuantía de ese extraño salario no declarado y cobrado antes de jugar con la camiseta del Barça. Siguiendo órdenes de la Fiscalía y de la Abogacía del Estado, la Audiencia Provincial de Barcelona, donde acabó el pleito, decidió abrir juicio oral obligando al club a dejar en depósito más de 90 millones de euros por las multas solicitadas por la acusación.

Por eso, ante la posibilidad de mantener una provisión de ese calibre durante años de pleito, la junta de Bartomeu optó por aceptar una condena penal, que por cierto ya no figura como tal en los antecedentes penales del club, completamente limpios, y pagar esos 3,5 millones de más que nunca debieron costarle al Barça el fichaje de Neymar de no haber mediado la querella imprudente, temeraria y conspiratoria de Jordi Cases. El socio Cases, que además intentó animar al sindicato de extrema derecha Manos Limpias a sumarse como acusación particular, se echó atrás a los pocos meses en una carta del 21 de octubre de 2014 justificándose así: “Estoy en condiciones de afirmar que no observamos conductas constitutivas de delito en el ámbito societario, contable ni apropiación indebida, ni cuestiono los contratos de agencia y servicios suscritos”, por lo que “he dado instrucciones a mi dirección letrada para que desista de la acción penal ejercida y la civil que le es inherente”. Para entonces, la Fiscalía y la Abogacía del Estado ya habían tomado el mando del caso.

Varios años después, el segundo caso Neymar abierto en la Audiencia Nacional, tras el fallido primer intento, también resultó exculpatorio, dejando eso sí aquel mantra inexacto, falso e irrefutable según el cual Rosell y Bartomeu convenieron con los jueces sus cargos en contra por una condena al FC Barcelona. En realidad, y no por falta de ganas por parte de la Audiencia y pese a la petición expresa de Jordi Cases, ninguno de los dos expresidentes pudo ser formalmente imputado debido a la demostrada ausencia de indicios delictivos.

Aquel episodio, en realidad, sólo fue el principio de una terrible campaña contra el fichaje de Neymar, para muchos la devolución al Real Madrid del casi Di Stefano, teledirigido desde el entorno de Laporta en la oposición con la poderosa cobertura desde el palco del Bernabéu y de las cloacas judiciales más rancias y centralistas. La consigna desde los cuarteles del actual presidente, que además fue superado en las elecciones de 2015 por Bartomeu gracias al Triplete de Messi, Neymar y Suárez, era evitar que con aquel Tridente y la posibilidad de que Neymar recogiera el relevo de Messi en el liderato del fútbol mundial ni Bartomeu ni nadie de la cuerda de Rosell pudiera consolidarse en el palco del Camp Nou.

Hoy, al margen de recordar que finalmente el traspaso de Neymar, dejo 165 millones de euros de beneficio siendo la mejor operación de compra y venta de la historia del club, sólo hay que desearle a Roque que no deba sufrir otro Jordi Cases ni la persecución de un entorno mediático como la dirigida contra Neymar por tierra, mar y aire, al que siempre se juzgó y acechó por su vida al margen del fútbol y no por su rendimiento.

Aun así, traerlo tan joven con solo 18 años, en una coyuntura como la actual como posible recambio de Lewandowski o para presionar al polaco como argumentan algunos, no parece la mejor idea ni una solución segura al déficit de puntería de la delantera. ¿Qué puede pasar si Roque sienta ahora a Lewandowski, el jugador mejor pagado de la plantilla y un contrato creciente o si, por el contrario, no acaba jugando corto de adaptación o con demasiada presión? Xavi tiene las respuestas y las clave, pero Vitor Roque debería ser una solución y un refuerzo, no un problema más a estas alturas.

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