El presidente Quim Torra también participó en la reunión del Tsunami

La ocupación de las instalaciones del aeropuerto del Prat fue planificada con antelación, y los activistas que participaron provocaron graves daños y perjuicios en AENA y Vueling, evaluados en 1,5 millones de euros

El expresidente de la Generalitat Quim Torra
El expresidente de la Generalitat Quim Torra.

La organización Tsunami Democràtic contó con la ayuda de las autoridades catalanas para sus principales acciones de protesta el otoño del 2019. Así se refleja en los documentos judiciales que constan en el sumario que instruye el juez Manuel García-Castellón. Fue especialmente valioso el apoyo prestado para intentar bloquear Cataluña cortando la AP-7 del 11 al 13 de noviembre del 2019, días en los cuales se llegó a montar un escenario en plena autopista, ante la mirada sonriente de los políticos independentistas.

“La sintonía estratégica que desde los resortes del poder institucional en aquel momento asentado en Cataluña se estaba produciendo con las acciones de Tsunami Democràtic no solo se evidenciaba en la publicidad que desde las cuentas institucionales de los líderes se hacía de las acciones de la organización, sino que se aprecia con total nitidez en un hecho que tuvo lugar, precisamente, el 12 de noviembre del 2019”, dice el juez García-Castellón.

Aquel día, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, visitó el escenario instalado en la autopista. “La más alta representación del Estado en el territorio justificó la acción, afirmando que no habría cargas de los Mossos contra los manifestantes, a pesar del perjuicio económico que se estaba causando, la afectación a los derechos fundamentales de los usuarios de esta vía, que vieron recortado su derecho a la libertad deambulatoria, y el riesgo potencial para la vida de las personas que esta acción supuso”.

Torra se había hecho famoso por su arenga a los pelotones de radicales de Girona, a los cuales el 1 de octubre del 2018, casi un año antes de que naciera Tsunami, había pedido “apreteu, apreteu”, solidarizándose con ellos en sus protestas contra el Govern que él mismo presidía. Quim Torra celebraba así el primer cumpleaños del referéndum ilegal.

Los documentos judiciales destacan que Torra, a finales de agosto del 2019, se había desplazado a Ginebra para asistir a un encuentro de la cúpula del independentismo con el objetivo de ultimar los flecos de la constitución y la estrategia de Tsunami. Allá había representantes de los principales partidos independentistas, así como de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y de Òmnium Cultural. Entre otros, asistieron Carles Puigdemont, Quim Torra, Marta Rovira i Arnaldo Otegi. Pero después de examinar los movimientos posteriores de Torra, el juez deja en el aire su papel: afirma que después de su asistencia “a la reunión de Ginebra, en la cual se gestó la organización Tsunami Democrático, con el avance de la investigación, se tendría que valorar su citación para declarar sobre su participación en esta”.

Tsunami fue la inductora y organizadora de pocas acciones, pero muy sonadas: el bloqueo de los aeropuertos del Prat y de Barajas el 14 de octubre del 2019, la huelga general del 18 de octubre, la manifestación del 26 de octubre, el intento de afectación de las elecciones generales celebradas el 10 de noviembre con el boicot a la jornada de reflexión, el corte de la autopista AP-7 en la Jonquera del 11 al 13 de noviembre y el intento de boicot al partido entre Barça y Real Madrid el 18 de diciembre de aquel año.

La revolución de las ‘sonrisas’

El relato que hacen los informes policiales de la “batalla” en el aeropuerto del Prat es impactante. Nada que ver con la canción de cuna que el independentismo había vendido como “la revolución de las sonrisas”. Aquello era ya “la revolución de las muecas”. Unas 8.000 personas bloquearon los accesos de las instalaciones, pero la acción fue tan premeditada que, antes de que se hiciera el llamamiento a dirigirse al aeropuerto, Tsunami ya había introducido dentro del recinto 250 personas para boicotear desde dentro de las instalaciones. Eran una cosa así como el caballo de Troya del independentismo al Prat. Estas personas “fueron llegando a lo largo de la mañana, cuestión que evidenciaría que se trataba de una acción planificada por adelantado”. Después de bloquear los accesos a la torre de control, los concentrados fueron llegando en masa hasta situarse a un metro de la línea policial. “Los manifestantes eran jóvenes que escondían su rostro con tapacubos, pañuelos y pasamontañas, con ropa de vestir que dificultaba su reconocimiento”.

Una vez cerca de los agentes, empezaron a lanzar piedras, botellas de vidrio y “diferente pirotecnia”. Se ocuparon la planta 0, 1 y 2. Desde las plantas superiores, “se lanzaban objetos de gran peligrosidad, como por ejemplo extintores, pilones de hierro, botellas de vidrio o botellas de cinco litros llenas de agua”. Los manifestantes vaciaron más de 20 extintores para dificultar la visión de los policías, utilizaron las mangas de los bomberos contra ellos y se proveyeron de piedras de medida grande “provenientes de arrancar el mármol y el granito del suelo”, hierros de 2 metros “provenientes de las vallas del edificio”, vidrios de las estructuras de las instalaciones y “pirotecnia de gran potencia”.

Cuantiosos daños materiales

“Los agentes recibieron lanzamientos desde las alturas de todo tipo de objetos, como por ejemplo carros de maletas o extintores vacíos”, dicen los informes. Algunos lanzaban adoquines, ceniceros, maderas, piedras e incluso utilizaron gas pimienta contra los policías.

Se construyeron barricadas y se hicieron acciones de ataque a los agentes, de tal manera que “la coordinación entre los diferentes grupos de personas encapuchadas era clara y evidente, con una distribución de trabajos para enfrentarse a los agentes de la autoridad, cosa que demuestra que no era un movimiento espontáneo”. A varios de los agentes intentaron echarlos escaleras abajo. “Atrapadlos, tenemos que cazar y pelar a estos hijos de la gran puta”, se animaban los manifestantes.

Estos disturbios causaron cuantiosos daños materiales. La compañía más afectada fue Vueling, que cifró los perjuicios económicos de aquel día en 978.000 euros. La División Aeroportuaria de AENA cuantificó los daños en las infraestructuras en 1.227.595 euros. El 1 de agosto pasado, en respuesta a un requerimiento del juez, el Ministerio de Transportes envió al juzgado un informe de AENA en el cual rectificaba estos números y establecía daños materiales de 389.244,46 euros, y 435.761,24 euros en concepto de lucro cesante.

Por el corte de la AP-7 en la Jonquera el mes de noviembre del 2019, Acesa estimó daños materiales a las instalaciones en 130.354,05 euros, así como un lucro cesante de 435.761,24 euros. En total, 566.115,29 euros. Días antes del corte de la autopista, uno de los jefes de Tsunami, Josep Campmajó, visitó la zona y fotografió el punto exacto en el cual después se levantaría el escenario que cortaría los carriles, así como las zonas de avituallamiento. Campmajó alquiló un BMW X1 a la compañía Six Rent-a- Caro, con el cual lideró el convoy que cortó la autopista.

Los incidentes en los alrededores del Camp Nou con motivo del clásico entre el Barça y el Real Madrid del 18 de diciembre del 2019, por su parte, también produjeron destrozos, que fueron cuantificadas por la Administración: hubo daños por valor de 85.304,22 euros, según el Ayuntamiento de Barcelona. Por su parte, Ferrovial estimó los daños del mobiliario urbano en 79.777,66 euros, a los cuales se tendrían que sumar 3.510,84 euros en contenedores quemados y 2.014,72 euros más por los servicios de limpieza. La instrucción judicial deja la puerta abierta para que los perjudicados puedan reclamar estos daños.

Puedes leer el artículo entero al número 1558 de la edición en papel de EL TRIANGLE.

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