Víctor Font ya no se ve tan presidenciable sin Xavi en el horizonte

El excandidato intenta desmarcarse ahora del proyecto de Laporta con el técnico que fue su única carta electoral en 2021 y deja la puerta abierta a ir en otra candidatura como ‘vice’ cuando lleguen las próximas elecciones

Víctor Font

Las circunstancias futbolísticas actuales no solo acumulan problemas en los planes y la inviolabilidad del presidente del Barça, Joan Laporta, obligado a mirar bien por dónde pisa en cada paso que da en estas horas complicadas, las más difíciles vividas en el contexto de esa fusión un poco antinatural de la presidencia con un entrenador como Xavi Hernández que pierde respeto, admiradores y credibilidad cada vez que abre la boca, incluso cuando gana los partidos. La especie decadencia en la que parece haber entrado uno de los mejores jugadores de la historia del FC Barcelona responde al movimiento que se ha dado en su entorno en dos direcciones distintas: por un lado, la hipócrita actuación de la junta y del presidente, que aparentan confianza ciega en él, y, por otro, el giro de la prensa y del aparato mediático que hasta ahora le había sostenido incluso en las peores circunstancias, como lo fue la cuádruple eliminación europea en los dos intentos anteriores. La degradación de la figura de Xavi, que si al final tiene que ser cesado supondrá otro gran error en la gestión de Laporta, también afecta directamente a Víctor Font, su principal patrocinador antes, durante y después de la campaña electoral.

El candidato de Granollers lo convirtió en el eje argumental de su proyecto promocionándolo para cualquier cargo que quisiera, como entrenador o director de fútbol, de fichajes y de la secretaría técnica del club. Era el hombre-total, la pieza clave del futuro, el único sabio capaz de guiar al nuevo fútbol azulgrana e iluminar el camino de regreso a la prosperidad y a títulos de la época reciente en la que el propio Xavi como jugador formaba parte del mejor equipo de la historia. Es verdad que Xavi, viendo que Laporta iba a ganar las elecciones, protagonizó una renuncia tránsfuga a Víctor Font a favor del candidato que ya había adquirido el cartel de favorito por si en el futuro se daban, como así fue, las circunstancias favorables para su regreso al Camp Nou como entrenador y portador de las esencias del estilo y del ADN del Barça.

La traición a Víctor Font fue un gesto indigno y reprobable desde el punto de vista ético en esa recta final de las elecciones. Igual que resultó decepcionante comprobar, tras ganar las elecciones, que Laporta no sabía qué hacer con Ronald Koeman, a quien ratificó al final apelando a su sentido íntegro de servicio al club para que no le montase un escándalo mediático en el momento de echar a Leo Messi y a Antoine Griezmann. Lo más decepcionante, sin embargo, fue cuando, meses más tarde, se vio en la necesidad de sustituir a Koeman y certificar que, en efecto, no sabía a quién recurrir, ensimismado en su deseo imposible de traer a un entrenador alemán y aceptando la presión de las propias fuerzas laportistas para desdecirse de su apreciación previa sobre Xavi en el sentido que estaba aún verde para sentarse en el banquillo del Camp Nou.

Dos años y dieciséis fichajes más tarde -diecisiete si se cuenta ya a Vitor Roque- puede que esos temores de Laporta se hayan materializado cuando a Xavi se le ha exigido ganar partidos y campeonatos con una línea de juego y de resultados con personalidad propia y sin el resultadismo del año pasado (1-0 y 0-1) con cuatro centrocampistas y una presión alta que ya ha pasado a la historia. De confirmarse la regresión y la débil reacción de Xavi, que no augura nada bueno, además de oscurecer la gestión de Laporta también dejaría colateralmente en fuera de juego a Víctor Font, pues con su fichaje Laporta pensó que neutralizaría cualquier asomo de oposición por parte del candidato que le disputó la presidencia en las elecciones.

Esta misma semana, Víctor Font le ha puesto de nota un ‘7’ a Xavi y, en unas declaraciones ciertamente un poco extrañas, ha dejado la puerta abierta a no presentarse de nuevo como cabeza de filas y colaborar en otro proyecto como vicepresidente si se dan las condiciones. Una reacción rápida para deshacerse de esa obsesión suya por asociar su futuro y el del Barça al de Xavi, a la vista del mal momento del equipo y de la baja popularidad de su entrenador. Ahora, sería Víctor Font el que se estaría alejando de Xavi.

Font también ha interpretado el cambio de decorado de esta semana, pues la catarata de críticas al entrenador tras la caída sonada ante el Girona y su recrudecimiento después de los hechos de Amberes -inexplicables por parte de todos, presidente, Deco, Xavi y de la comunicación interna del club, sobre todo por torpes y compulsivos- no guarda proporción con la tibieza y la complacencia administrada por parte de la opinión periodística y digital en los dos años que lleva Xavi en el banquillo. Esa salvaguarda y protección mediática completa, en todos y cada uno de los estamentos del club, fue lo que al final acabó de convencer a Laporta para elegir a Xavi, indiscutiblemente el candidato de Víctor Font, a la hora de cortarle la cabeza a Koeman, a quien el tiempo y el propio Xavi le han dado la razón cuando esgrimía las limitaciones del equipo de la temporada 2021-2022 con el no menos famoso “es lo que hay”.

Xavi admitió que aquel equipo heredado por él mismo “no era competitivo” para justificar no haber ganado nada aquel curso, pese a los cuatro fichajes servidos por Laporta en el mercado de invierno. Koeman había perdido a Messi y Griezmann en agosto, bajas suplidas por Luuk de Jong, además de las bajas por lesión de largo alcance de Ansu Fati, Pedri y Ousmane Dembélé, echando mano de jugadores de la casa como única alternativa. Luego llegaron siete fichajes de golpe para competir en la Liga y el pasado verano la guinda de cinco refuerzos más, aparentemente incuestionables.

Xavi ha tenido todo lo que, en principio, ha querido y necesitado, si bien ha trascendido que jugadores como Erling Haaland, Martín Zubimendi, Bernardo Silva y otros que sonaron como posibles refuerzos de su lista nunca han estado a tiro de verdad incomprensiblemente, pese a los 1.000 millones limpios en palancas ingresados en poco más de un año. Para Víctor Font “económicamente estamos peor que hace tres años”, dijo el verano pasado, aprobando la gestión deportiva de Laporta sobre todo porque Xavi había cogido las riendas. Hoy parece que está a punto de bajarse de ese tren.

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