La lucha contra la sequía

¿Qué ha hecho la Generalitat para luchar contra la sequía? Nada. O casi nada. Pese a que la sequía de 2005-2008 puso el país al límite y que es un fenómeno recurrente en el área mediterránea, por tanto anunciado y seguro empeorado por el cambio climático, ninguna obra hidráulica importante se ha hecho en estos últimos 15 años para luchar contra la sequía.

Seguramente nuestro gobierno ha estado preocupado por cosas supuestamente más importantes, creando todo tipo de estructuras y leyes para devenir un estado, pero ha olvidado algo tan básico como que los ciudadanos esperan que brote agua cuando abren el grifo en su casa. Quizás algunas raíces carlistas les hicieron confiar en lo de que “Dios aprieta, pero no ahoga” o que la ruleta de la posición caprichosa de los anticiclones ayudase a situar las borrascas de modo que riegue generosamente nuestro país. Pero ni la fe ni la meteorología han ayudado: en estos momentos las reservas de agua de los embalses de las cuencas internas de Catalunya están por debajo del 19% de su capacidad máxima.

Susana Alonso

Ahora se anuncia la entrada en funcionamiento de la desaladora de la Tordera, la creación de una nueva planta de fabricación de agua dulce con agua de mar situada entre Barcelona y Tarragona, el reciclaje del agua depurada… pero son infraestructuras que requieren unos años para estar a punto y que con toda seguridad llegarán tarde para el problema que ahora mismo tenemos cuando está a punto de entrar en situación de emergencia toda el Área Metropolitana. Es difícil pedir un mayor sacrificio a los ciudadanos que ya en la última sequía redujeron significativamente el consumo de agua per cápita. Pero de momento hemos visto limitar el riesgo al campesinado, aplicar restricciones a algunos municipios, prohibición del uso del agua en jardinería y piscinas particulares y ahora se amenaza con reducir la presión en todas las tuberías de la conurbación de Barcelona. Es decir, el viejo modelo: frente a la incompetencia de la Administración, sufrimiento para los ciudadanos.

Y de nuevo hablan de traer agua en barco a Barcelona, solución extrema pero cara y muy poco sostenible. Y confiar en que la solución sean en gran parte las desaladoras, no lo veo claro: son instalaciones que consumen grandes cantidades de energía (aunque algún día llegara a ser verde, que por ahora no lo es, hasta el punto de que la desaladora del Llobregat se sitúa dentro del grupo de los cinco principales consumidores de energía en toda Cataluña) y el agua que producen es mucho más cara. Es, por tanto, una cuestión económica a la par que ecológica. Hay quien dice que el precio del agua de boca debe ser diferente en función de cuál sea la fuente. Todo apunta a que los ciudadanos acabaremos pagando mucho más a corto plazo, vía directa o mediante impuestos.

Mientras las cuencas internas de Cataluña disponen ahora mismo de 129 hectómetros cúbicos de agua, los grandes embalses de la parte catalana de la cuenca del Ebro, almacenan 1.120 hectómetros cúbicos. Parecería lógico hacer una conexión entre la cuenca del Ebro y las cuencas internas y llevar agua de donde hay a donde hace falta (como ya se ha hecho hace años desde el Ter a Barcelona). Pero la palabra trasvase está estrictamente prohibida por parte de determinados posicionamientos ecologistas y también científicos; por lo visto mover agua en barco está bien pero hacerlo por tuberías está mal.

No quisiera yo defender en solitario una posibilidad mal vista. Es más, entiendo los riesgos para el delta del Ebro de detraer más caudales del río (aunque su regresión viene provocada por otras causas) pero cabe recordar que a la faraónica obra del canal Segarra-Garrigues le sobra agua, en parte porque los agricultores no la quieren y también por la reducción del espacio de regadío inicialmente previsto, para protección de la fauna esteparia. Se supone que si los estudios realizados demostraban que el caudal inicial a detraer era compatible con la conservación del ecosistema global, nada se tambalearía para hacer que lo que sobra se dedique a agua de boca. Además, es una conexión barata y rápida de construir.

Mientras, seguiremos haciendo filigranas, caras y poco eficaces, por culpa de la inacción del gobierno durante muchos años pero también por el miedo de los políticos a abordar soluciones (un trasvase entre cuencas de Cataluña) debido a la probable respuesta de algunos colectivos.

Yo no digo que se haga; sólo pido que se estudie.

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