¡No es la amnistía, es la política!

“Se habla de una democracia hechizada que ha sustituido la acción por el relato, la deliberación por la distracción y el arte de gobernar por el arte de la puesta en escena” (Fernando Vallespín)

Las manifestaciones convocadas por el PP contra la amnistía han servido para sacar fuera el profundo malestar que había en la sociedad española, principalmente con la política catalana, aunque la inquietud y el desasosiego con que se vive el presente político no se puede obviar, de ninguna de las maneras. La gente está asustada por las guerras, por la economía, por la emigración, por el futuro que nos viene. Al igual que por esa política acalorada, cuando no hostil, que termina en separación y confrontación y que ni con los amigos se puede hablar por miedo a terminar peleados.

Susana Alonso

Y detrás de todo ello, hay que señalar, una comunicación política-mediática, con toda su maquinaria propagandística, que tensiona y azuza hasta el infinito y nos pinta un escenario catastrófico. Un marco ideal para los personajes más estrafalarios, excéntricos y singulares que pueblan la política y los medios españoles e internacionales. Con estas circunstancias, habrá que echar mano, sin más remedio, del refranero, cuando dice que no hay mal que por bien no venga o de que una crisis es una oportunidad de mejora.

Desde esa perspectiva pragmática y casi geopolítica, se podría decir, las manifestaciones de estos días pueden tener una función terapéutica y nos sirven para visibilizar los miedos y temores. La victoria electoral del político argentino Javier Milei es un ejemplo más de la política que viene y que ya está entre nosotros. Todo esto debería ser un incentivo para llevar a cabo en nuestro país, no solo un cambio en formas políticas, sino también en las reformas que se necesitan y el tema territorial es uno de ellos, y quizás la mayor causa de inestabilidad de nuestro sistema institucional.

Puede ser que estemos ya en ese punto de madurez política, que no teníamos años atrás, y las señales de ello cada vez son más numerosas.  En este sentido, me impresionó gratamente poder escuchar días pasados en Bilbao, un debate organizado por el Colectivo machadiano Juan de Mairena, en el cual las diferentes posiciones de los ponentes se vivieron de forma muy respetuosa. La coexistencia de la pluralidad, sin antagonismos hostiles, es clave para la convivencia. Una nueva manera de contar la política, con mayor franqueza y sinceridad, cargada de empatía y de concordia es posible me dije, aunque pueda sonar a utópico.

Sabemos que estamos en un mundo complejo donde no es fácil ni dialogar, ni pactar. Y la realidad pura y dura es que tenemos una derecha belicosa a más no poder y una izquierda instalada en la superioridad moral y ninguna de las dos es capaz de cambiar esta situación.  El resultado es un relato político más cercano a los hooligans, e impotente para  salir de esa relación binaria de conmigo o contra mí, de amigos y enemigos, que se dio en otras épocas de infausto recuerdo.

Lo que sí está claro, mayoritariamente, es que esta confrontación estéril en la que estamos instalados no lleva a ningún lado y solo crea intranquilidad y pesadumbre. Se hace, por tanto, más necesario que nunca, cambiar la agenda política que hemos tenido estos últimos años. Una agenda política, hay que subrayarlo, dominada y hegemonizada por el movimiento independentista catalán, ya venido a menos. Basta con leer su discurso repetitivo y obsesivo para darse cuenta de su falta de recorrido. Por lo tanto, o cambiamos el relato, como se dice ahora, unos y otros, o los peligros para la convivencia seguirán.

España necesita un reset, como dicen algunos, una nueva cultura política, una nueva ciudadanía, para afrontar con garantías los retos del futuro. Y para hacerlo posible, como se hizo en la Transición, no estaría mal poder incorporar a los pactos a todos, derecha, izquierda y nacionalismos varios, si queremos verdaderamente un país reconciliado.

Para terminar, este país requiere de bastante pedagogía democrática, más explicaciones y persuasión, entre todos, partidos, personas, amigos, rivales. Es la hora, como han publicado cinco ex presidentes del socialismo catalán, de las soluciones y las propuestas políticas. Ya pasó el tiempo de los desahogos. Y al igual, un discurso ilusionante, optimista, esperanzador, no estaría mal.

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