Ferraz

Primero se llamaba calle San Marcial (1856), pero pronto adquiriría el nombre del entonces alcalde de Madrid, Valentín Ferraz, un militar y político aragonés que ocupó importantes cargos en la España isabelina, incluida la presidencia del gobierno. Uno de sus méritos como alcalde de la capital –solo duró año y medio en el cargo– fue ordenar la expansión de la ciudad; precisamente por eso se le homenajeó con el nombre de una de las calles que en esa época encarnó el desarrollo de Madrid. Para muchos madrileños es, sin embargo, un completo desconocido. En el fondo, Ferraz es la calle del PSOE. En el número 70 de esta vía madrileña, donde murió el fundador del partido, Pablo Iglesias, desde 1987 se encuentra la sede de los socialistas. Una sede sitiada estos días por la ultraderecha de Vox, con el valimiento del PP.

Ferraz también fue ministro de Guerra en cuatro ocasiones -en aquellos tiempos no se gastaban eufemismos…-. Años después, Ferraz está en pie de guerra. La prebenda que el PSOE pagará al independentismo catalán para investir a Pedro Sánchez presidente del gobierno, la amnistía, ha sido el detonante del asedio. Ya llevamos unas cuantas noches de altercados ultraderechistas. Dicen que esto, ese exceso de testosterona, juega a favor de los sitiados, les está ayudando a cohesionarse, o es eso, la amnistía, o es el gobierno de esos personajes que parecen escapados de un cuadro de Goya (Vox/PP). Desconozco si este grupo de energúmenos que entonan el Cara al sol y enarbolan la bandera del pollo ayudan o no a cohesionar al PSOE, lo que sí sé es que dan miedo.

Mientras tanto, en la madrugada del jueves, desde Bruselas se podía ver la fumata blanca del acuerdo entre Junts y PSOE para la investidura de Sánchez. Hacía días que los flecos entorpecían el pacto. Se sabía que a Carles Puigdemont no le gustó la performance del acuerdo entre el PSOE y ERC. Esto, y la complejidad de incluir casos de lawfare sin debilitar el articulado de una ley que será observada con lupa por los tribunales, encallaban el singular acuerdo. De hecho, parece que a los negociadores de un lado y el otro les preocupa más el hooliganismo de los jueces, que en el caso del CGPJ ya se ha puesto la venda antes de la herida, mostrándose contrarios a una ley que desconocen, que los perturbados alborotadores de la calle Ferraz. Pero, finalmente hay acuerdo y Sánchez puede ser investido.

Ahora llega la tormenta después de la tormenta. La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, deslenguada y precoz en la provocación, abrió fuego diciendo que Sánchez quiere colar una dictadura por la puerta trasera, que intenta controlar los tres poderes del Estado y que pondrá en la calle a delincuentes después de borrar delitos del Código Penal. Tres preceptos que, bien mirados, responden punto por punto al recetario popular clásico. A rebufo, Alberto Núñez Feijóo lo comparaba con el golpe de Estado del 23-F, otro clásico. Y desde fuego ‘amigo’, el republicano Joan Tardà, que siempre tiene una bala en la recámara, disparaba ironía: “Junts, vosotros sí que sabéis y no como los ‘botiflers’ de ERC”. Y Sánchez sonríe, comiendo palomitas, lo ha vuelto a hacer. Y Ferraz no cesa…

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