La doble moral del empresario Piqué que retrata su perfil de ‘pesetero’

Desde Kosmos, ha demandado a la Federación de Tenis por ser sensible al impacto de la Covid en la Davis mientras que, como jugador, aprovechó la pandemia para hacerse más millonario a costa del Barça

Gerard Piqué

Gerard Piqué ya ha demostrado que con el Barça los negocios siempre salen redondos. Ha sido comprensible y completamente merecido que, a lo largo de su extraordinaria carrera, la negociación de sus condiciones, ficha, primas y bonus, nunca haya sido un problema, sea cual sea el presidente con el que le ha tocado negociar, Joan Laporta en dos etapas, Sandro Rosell o Josep Maria Bartomeu. Y si lo ha habido, al final siempre se ha resuelto a su favor, pues esa es la fortaleza y poder exclusivo de los futbolistas como él, carismáticos e idolatrados por la afición. Con matices muy superficiales, puede asegurarse categóricamente que Piqué se ha hecho irreprochablemente millonario gracias al esfuerzo económico del club de su vida, el FC Barcelona, del cual es socio desde el día que nació y al que ha podido ofrecer la etapa de mayor gloria, títulos y proyección mundial de la historia del club y del fútbol gracias a su talento único para interpretar el juego desplegado por el Barça de Messi, bajo la batuta de Guardiola, donde el cierre de la defensa y la salida del balón eran una de las claves de su insuperable éxito y regularidad.

Otra cosa muy distinta es el mundo de los negocios, más pragmático y cero emocional, donde ser más o menos popular, ganador o famoso no cuenta para nada, y donde Piqué acaba de demandar a la Federación Internacional de Tenis (ITF) por un importe de 50 millones como indemnización por la ruptura unilateral del contrato con Kosmos, la sociedad impulsada junto Hiroshi Mikitani, dueño del gigante tecnológico Rakuten, creada en 2018 para invertir en proyectos vinculados al deporte y el entretenimiento, el principal de ellos enfocado a revolucionar el calendario, el formato y la rentabilidad de la Copa Davis.

La compañía de Gerard ha emprendido esta exigencia bajo el argumento de un incumplimiento del acuerdo, ahora unilateralmente rescindido, firmado en su momento para 25 años de promoción, organización, desarrollo y explotación de la Davis. Tres años después, sin embargo, Kosmos no ha podido hacer frente a sus compromisos, un pago de 40 millones pendiente como parte de la concesión, motivo por el cual la Federación aplicó la cláusula de rescisión y el reclamo automático de la indemnización correspondiente. Ambas partes han cruzado sus demandas y serán los tribunales competentes quienes juzguen y acaben dando la razón a una u otra.

Lo interesante es la justificación y base de la petición de Piqué en nombre de Kosmos, verbalmente expresada a través del diario Marca, en su momento patrocinador de la aventura Davis de Piqué: “La cantidad que exige la ITF está fuera de mercado durante la pandemia del Covid-19”. Su argumento de refuerzo es que durante los tres años de gestión de la Copa Davis la competición “multiplicó por cuatro los ingresos, incrementó los patrocinadores y se le dio la vuelta a nivel deportivo, económico y de audiencias”, con una inversión por su parte de 100 millones en cuatro años y la expectativa de seguir haciéndolo.

Piqué se queja de que “le dimos la vuelta a la competición y nos encontramos con el Covid, que era algo imposible de prever, y entonces la ITF decidió no querer renegociar esos términos; de un día para otro se termina el acuerdo y nos hemos tenido que adaptar como empresa”.

La lectura sorprende pues Gerard Piqué fue, como el resto de los futbolistas del vestuario azulgrana, insensible a la petición de la junta directiva de Josep María Bartomeu de aceptar una rebaja del 20% de la ficha mientras el Camp Nou, la Megastore del Camp Nou y el resto de las tiendas de BLM y el Museu, incluido el Tour del Camp Nou, permanecieran cerrados debido a las obligaciones sanitarias de la COVID.

Piqué fue, como algunos de sus compañeros, de los pocos que, hábilmente, aprovechó la oportunidad para aceptar un diferimiento de los pagos a base de pasar a largo lo que debía cobrar de ficha a corto, eso sí con una ampliación de contrato en tiempo, en salario y en bonus. El resto, liderado por Messsi y Suárez, se opuso a esa rebaja frontalmente y sólo acabó aceptando un aplazamiento con ciertos arreglos a base de negociar con la Comissió Gestora después que el voto de censura echara a Bartomeu. En ningún caso nadie del primer equipo aceptó un solo euro inferior a su contrato.

Sí que sufrieron, eso sí, la rebaja del 12% de sus fichas aplicada anteriormente por Bartomeu en marzo de 2020 cuando estalló la pandemia y se cayeron estrepitosamente los ingresos del match day, capitales en el equilibrio presupuestario.

A ese pellizco en los salarios, casualidad o no, el equipo reaccionó con una caída libre en la Liga, una derrota contundente en la Liga de Campeones por 8-2 ante el Bayern Múnich y el burofax de Messi planteando su salida del Barça apelando a la presunta promesa del presidente de dejarlo marchar un año ante de expirar su último contrato.

La versión de la directiva, que le obligó a cumplirlo, sostenía que Leo no había cumplido con su parte del trato, que era renunciar expresamente a firmar por ningún club europeo. En las condiciones que planteaba su salida en aquel momento, Leo podía fichar por el Real Madrid, el City o el Bayern Múnich sin traspaso. La sensación fue que tanto el entorno del vestuario controlado por las fuerzas opositoras, o sea laportistas, como los poderes soberanistas se confabularon para generar una atmósfera irrespirable de presión contra la junta de Bartomeu que acabó tomando forma en un voto de censura a ejecutado a finales de octubre.

Piqué no ocultó su postura abiertamente crítica con la gestión de la junta de Bartomeu no obstante haber traído al entrenador que pidió el vestuario, Quique Setien, y los jugadores también sugeridos por los capitanes como Coutinho, Dembélé o Griezmann. Lo cierto es que el vestuario nunca digirió la rebaja impuesta por Bartomeu y desde luego se dejó arrastrar, utilizar y manipular por quienes les prometieron que con otro presidente no sólo no habría recortes sino una nueva abundancia. Piqué fue uno más de estos folloneros que, además de poner a los socios en contra de Bartomeu, aprovecharon la Covid para sacar tajada a título personal.

En cambio, con la otra gorra puesta, la de empresario, Gerard no ha dudado en recurrir a la baza de la pandemia para acusar a la ITF de esa misma falta de incomprensión ante un hecho que, es evidente, perjudicó los intereses de los organizadores de la Copa Davis.

La aparente bipolaridad del personaje no está causada, sin embargo, por ningún brote psicótico sino por su egoísmo y por esa ambición económica, desbordante e insaciable, de pesetero, propia de cualquier futbolista, en este caso agravada por el desastre económico que ha supuesto para Kosmos sufrir el imprevisible y demoledor impacto de la Covid. Las pérdidas son incalculables.

Además, a Piqué se le fueron torciendo las cosas a partir de que, por hacerse el simpático a ojos de Laporta cuando volvió a la presidencia, le sugirió que se ‘cargara’ a Messi “porque así se arreglan los problemas económicos del Barça”. El consejo y el vaticinio no pudieron ser más catastróficos y de nada le sirvió aceptar otro diferimiento, esta vez acordado con Laporta, para dejar espacio salarial a los fichajes del verano del 2021. Cuando se reprodujo esta misma situación el verano siguiente, el del 2022, y Piqué se negó a prestarse otra vez al mismo juego, la reacción de Laporta fue ordenarle a Xavi su suplencia indefinida, una represalia que, como se sabe, le privó de jugar el porcentaje de partidos de la 2022-23 que, además de asegurarle unas atractivas variables, lo premiaba con una temporada más de contrato y un bonus de fidelidad de más de 10 millones por acabar su carrera en el Barça.

Además, el aparato laportista se cuidó de hacerlo culpable de la derrota ante el Inter en el Camp Nou que eliminó otra vez al Barça de la Champions y de señalarlo como un pesetero y un mal barcelonista. Esa fue la amarga recompensa de su presidente por los servicios prestados. Piqué, visto que tenía las de perder, prefirió irse por la puerta grande en un partido con el estadio lleno y la promesa de ‘volver’, anuncio que todo el mundo interpretó correctamente como el de su intención de ser algún día presidente del Barça. Una especie de desafío al propio Laporta.

Ni Laporta ni Piqué parecen, por las pocas habilidades demostradas para administrar el dinero, propio o del club, dos genios de las finanzas.

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