«El eco-blanqueo se ha institucionalizado en Cataluña»

Entrevista a Santiago Vilanova

Santiago Vilanova con su perra Zuri fotografiado en el Parque de la Ciutadella (Foto Pilar Sentís)

Periodista y escritor. Activista en defensa del territorio, y una economía ecológica. Co-fundador del Col·lectiu de Periodistes Ecologistes y del partido Els Verds-Moviment Ecologista de Catalunya. Ex-diputado en el Parlament de Catalunya. Articulista en diferentes medios de comunicación. Ha publicado varios sobre el riesgo nuclear y el pensamiento ecologista. El último “L’emergència climàtica a Catalunya. Revolució o col·lapse”. Encabeza la lista de los verdes al Ayuntamiento de Barcelona.

¿La alarmante sequía, y el dramático último informe de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, se corresponden con un incremento de la sensibilidad y la toma de conciencia ecologista de la ciudadanía?

La toma de conciencia de la ciudadanía no resolverá el problema de fondo. Esta sequía revela la negligente previsión que han tenido las administraciones con una política errónea de pantanos. Este es el caso de Rialb, destruyendo el caudal ecológico del Ter y dejando el dominio del agua convertida en un recurso comercial a multinacionales, que se benefician con el despilfarro del recurso. Si no llueve veremos como se aplican medidas autoritarias y no concertadas, como sucedió con el confinamiento a raíz de la pandemia. 

En su último ensayo, se refiere a la necesidad de reorganizar las estructuras de gobierno, si se quiere llevar a cabo una gestión eficaz frente  al cambio climático ¿Esta propuesta también vale para el ayuntamiento de Barcelona?

Efectivamente. Y en ello basaremos nuestra campaña. Las seis tenencias de Alcaldía entran en continuos conflictos de intereses y de objetivos sobre modelos de ciudad. Unos dicen defender la sostenibilidad y otros se entregan a los lobbies energéticos y digitales que reclaman más crecimiento y consumo. El programa de la regiduría de Turismo va en dirección opuesta a la del Àrea d´Ecologia. La de Salut, Envelliment i Cures no contempla la visión de una sola salud que aglutine la humana, animal y ambiental. En fin…El ecoblanqueo (ecowashing) se ha institucionalizado en Barcelona, mientras seguimos siendo una de las ciudades más congestionadas y contaminadas de Europa. El Green Deal de Barcelona es un oxímoron. El gobierno de Colau con el PSC ha facilitado un pacto entre el neocapitalismo verde, incentivado por las energéticas y el digital.

¿Son las “superilles” una solución a los problemas del tráfico, versus contaminación atmosférica?

Son un maquillaje con fines electoralistas. Mejorarán unas zonas y perjudicarán con más congestión otras, pero sus habitantes seguirán sufriendo la polución. La contaminación de Barcelona es el máximo ejemplo de la ineficacia de todos los gobiernos locales que hemos tenido durante la transición. Se producen 700 muertes prematuras cada año por culpa de esta polución. Sería motivo para interponer una querella por delito ecológico, como la que Alternativa Verda interpuso y ganó contra FECSA por la contaminación de la térmica de Cercs. Sin concertación y diálogo no se pueden imponer medidas restrictivas como las Zonas de Bajas Emisiones. Si queremos reducir como mínimo al 30% el uso del coche, y queremos evitar un peaje de entrada a la ciudad, hay que impulsar el transporte de mercancías por tren, aprobar tarifas reducidas para un transporte público de calidad, ayudar al vehículo eléctrico, más zonas verdes… En definitiva, un Plan Integral Metropolitano para una movilidad no contaminante.

¿Los lobbies, de distinto pelaje y condición campan a sus anchas, en la ciudad?

Este ha sido el problema de Barcelona desde el inicio de la sociedad industrial y después de los Juegos Olímpicos. Con la entrada de la sociedad posindustrial y turística la ciudad sigue dominada por las grandes inmobiliarias, fondos buitre, energéticas… Los periodistas de investigación, que conocemos este pantanoso terreno, creemos que no se ha definido la “huella ecológica”, recursos consumidos por habitante, y “la capacidad de carga”, límites de población, de Barcelona antes de planificar el futuro. Con el impacto del turismo de masas y el estallido migratorio caminamos a ciegas. Por ejemplo, cada barcelonés utiliza cuatro hectáreas de terreno para su consumo de alimentos, mercancías y productos energéticos para la vivienda y para las infraestructuras construidas que tiene la ciudad. La “capacidad de carga” de Cataluña es equivalente a un país de 20 millones de habitantes. 

¿Tiene sentido apelar a la soberanía energética, alimentaria… en una ciudad como Barcelona?

La revolución del coche eléctrico, del hidrógeno verde y de las TIC no ha tenido en cuenta que esto provocará triplicar el consumo eléctrico. Actualmente Barcelona depende en un 80% de la producción generada por los tres reactores de Ascó y Vandellòs. No podremos desnuclearizarnos si no generamos esta electricidad con las energías del sol. Corremos el riesgo de alargar las nucleares hasta el 2050, y que el hidroducto entre Barcelona y Marsella tenga que funcionar como hidrógeno rosa proveniente de las nucleares. Hay que acelerar la extensión de la energía solar térmica y fotovoltaica en todos los barrios de la ciudad, con ayudas a las comunidades de vecinos. Incluyendo esta modernización energética en zonas degradadas, como el Raval. También proponemos relanzar el comercio de proximidad y las ayudas a la alimentación biológica. Todo ello, debe desarrollarse con la participación de comisiones de ciudadanos de cada barrio. 

Incluís en vuestro programa, como cuestión prioritaria, clausurar la incineradora del Besós…

La situación de la Incineradora es un grave problema de contaminación que hemos de resolver con urgencia. Su chimenea vierte cerca de 330.000 toneladas de dióxido de carbono al año, equivalente al 10% de todos los vehículos de Catalunya. La empresa que la gestiona, Tersa, no logra mantener permanentemente temperaturas de 850 grados para quemar con seguridad y eficiencia los residuos con lo que se emiten metales pesados y compuestos orgánicos cancerígenos como dioxinas y furanos. La metrópolis de Barcelona produjo 1.522.456 toneladas de residuos el 2022. Si entramos en el Ayuntamiento, pediremos una auditoría ambiental y energética de cada distrito y en especial de la zona afectada por la incineradora. Su existencia demuestra el fracaso de la política de reciclaje que no llega al 40%. El vertedero de Garraf está sobresaturado y con el incremento de la población y del turismo vamos a tener un problema de difícil solución. Somos partidarios de cerrar la incineradora a corto plazo mientras caminamos hacia un 100% de reciclaje de los residuos

¿La dimensión de Barcelona y su área metropolitana respecto al resto de Cataluña, no reclaman un replanteamiento de su rol y competencias?

Nuestra opinión es que debemos incluir la ecología en la ordenación del territorio recuperando las características geográficas, paisajísticas, culturales y energéticas de cada comarca. Se trata de introducir el concepto de biocomarca y a la vez proceder a una auténtica descentralización del poder político y administrativo. Hemos de seguir la estela dejada por los grandes geógrafos y ecólogos como Pau Vila y Ramon Margalef. “Seguim trinxant el territori”, solía decir Margalef. Esta concepción de organizar el territorio dificulta la transición energética y la descarbonización de la economía. Este sistema favorece a las energéticas y a las grandes empresas de obra pública. Nosotros somos partidarios de un Pacto Metropolitano para la Transición Energética y Ecológica que agrupe a los principales motores económicos, puerto, aeropuerto y los ayuntamientos, organizaciones empresariales, agricultores, entidades ecologistas, científicos, sindicatos… El ayuntamiento de Barcelona debería liderar esta propuesta.

¿Qué hacer con el turismo en Barcelona?

Tal como está es inviable. Atenta contra la calidad de vida y los derechos adquiridos por los barceloneses, que han dado identidad a sus barrios. Ciutat Vella sufre una congestión insostenible. Se ha uniformizado el comercio y el consumo. La mayoría de barrios, especialmente el Raval, donde vivo desde hace 35 años, han desaparecido poco a poco los comercios de toda la vida. Hay que incrementar la tasa turística y utilizarla para invertir en los barrios más afectados por la avalancha turística, no para seguir invirtiendo en publicidad para que vengan más turistas. Nos preocupa mucho la imagen del corazón de la ciudad, insegura… Proponemos una vice-alcaldía de Ciutat Vella, con un presupuesto triplicado, para recuperar la dignidad de la zona, donde están los principales edificios y centros culturales. Queremos un turismo cultural y sensible con la ecología. Todo ello, sin olvidar la conflictiva convivencia, y riesgo, en el puerto entre grandes cruceros turísticos y el tránsito de macro-metaneros. 

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